El huracán Iota azotó Nicaragua anoche. Más de 2 millones de personas se encuentran en el camino del huracán, que se convirtió en una abrumadora tormenta de categoría 5 con vientos de 260 km/h.
«Estamos sobre el terreno en Centroamérica respondiendo a este desastre. Los equipos de respuesta rápida están evaluando las necesidades. Tenemos materiales preparados para su distribución, incluidos alimentos, agua potable, colchones y mantas», explica Yvan Castro, subdirector de World Vision Guatemala.
Se han emitido alertas máximas en Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador. La tormenta, la más fuerte de la temporada de huracanes de 2020 en la cuenca del Caribe, causó estragos con fuertes lluvias, marejadas, deslizamientos de tierra y olas extremas en las zonas costeras. Más de 2 millones de personas, cuyas vidas ya han sido diezmadas por la COVID-19 y por la destrucción masiva de viviendas, infraestructuras, cultivos y medios de vida causados por el huracán Eta, hace 10 días, ahora luchan por sobrevivir al impacto de este huracán aún más fuerte.
«El número de desastres naturales como los huracanes Eta e Iota está aumentando. Este es el impacto que el cambio climático está teniendo en la vida de los más vulnerables del mundo. Una vez más, las personas menos responsables del cambio climático son las que más sufren», afirma José Nelson Chávez, asesor regional de emergencias de World Vision en América Latina y el Caribe.
A la organización le preocupa que Honduras tenga que enfrentarse a una devastación sin precedentes, especialmente en el norte del país, a medida que las fuertes lluvias caen sobre tierras ya saturadas. «Estamos reajustando nuestra ayuda humanitaria. Nuestra población no soportará, física, ni emocionalmente, más destrucción», afirma Jorge Galeano, director nacional.
Hacemos un llamamiento a los gobiernos, donantes, empresas y agencias de ayuda internacional para que brinden ayuda financiera para responder a esta emergencia. Los niños corren el riesgo de pasar hambre mientras las familias se enfrentan a la inseguridad alimentaria, el desempleo masivo y la pérdida de medios de vida. Debemos priorizar sus necesidades mientras respondemos a la destrucción causada por estos devastadores huracanes», concluye.
