Tenía 6 años. Era un niño pequeño, como cualquier otro, cuando comenzaría el camino que ha estado recorriendo hasta hoy, cuando tiene 23. Era un niño de 6 años y creía que reuniendo dinero para construir un pozo en África podría salvar a miles de niños.
Construiría ese pozo y se arreglaría el problema. Esa ingenuidad, esa inocencia, fue lo que precisamente más ayudó a Ryan Hreljac a hacer lo que ha hecho: con más de 800 pozos, ha mejorado las vidas de cientos de miles de personas en África. Ahora dirige la Ryans Well Foundation, un proyecto que se dedica a construir pozos de agua limpia para que miles de niños en África no tengan que hacer kilómetros antes de ir a clase para poder tener agua limpia durante el día. Un proyecto que comenzó con un fracasado proyecto escolar, propuesta de su profesora.
Fracasado porque no consiguió los 75 dólares que se habían puesto como objetivo. Pero la idea se le había metido de tal manera en la cabeza a Ryan que decidió seguir recaudando fondos, primero haciendo tareas en casa, en casa de los vecinos, convenciendo a amigos, dando charlas, hasta llegar a la cifra. Una cifra que resultó, de nuevo, insuficiente: para construir un pozo lo que realmente se necesitan son 2.000 dólares.
De nuevo, ante la adversidad Ryan se creció. Durante un año, movilizó a una comunidad entera para recaudar fondos. Como él mismo dice: «comencé y no paré». Una frase sencilla que explica a la perfección cómo un niño de 6 años consiguió movilizar a un pueblo entero y logró mejorar miles de vidas. Continúa con su proyecto hoy en día, un proyecto que ha presentado en la conferencia en Madrid ‘Lo que de verdad importa‘ en el que ha intentado explicar cómo gracias al apoyo de sus padres, pero, sobre todo, su determinación, hasta un niño de 6 años puede cambiar el mundo.
