La huelga de taxistas contra Uber ha provocado un efecto boomerang, o »efecto Straisand»: un intento de censura fracasa y en vez de pasar desapercibida, un información es ampliamente divulgada y recibe más publicidad que si no se hubiera intentado censurar.
Y es lo que les ha ocurrido a los taxistas de media Europa con la aplicación Uber. Este miércoles, miles de taxistas se echaron a las calles en protesta contra las plataformas de transporte compartido, que desde su aparición han provocado una importante caída del negocio del colectivo. Son aplicaciones como Uber o BlaBlacar, que conecta a coches con chófer y potenciales pasajeros a través del móvil.
Los taxistas lo tienen claro: Uber Pop es una práctica ilegal. Desde las asociaciones pedían que los conductores que realizan estos viajes tengan una licencia de transporte de viajeros siempre y cuando haya un beneficio económico.
Pero con su protesta les ha salido el tiro por la culata. Las descargas de esta aplicación, relativamente desconocida hasta hace poco, se han multiplicado por diez, según informan desde la empresa.
En otros países se han incrementado las descargas hasta un 850%, como en el caso de en Reino Unido, según informa The Indepedent. En »Le Figaro» calculan que en la ciudad de París se multiplicó por 9 la actividad en la aplicación.
Hasta la huelga, era una aplicación sin gran aceptación, pero desde la compañía ya han declarado que se ha disparado su distribución.
Jo Bertram, director general de la aplicación en Irlanda y Reino Unido asegura que «los londinenses están votando con sus dedos, dandole click a la app en apoyo a servicios nuevos e innovadores. Hemos visto el día con más registros en Londres desde que lo lanzamos hace dos años», recogía el medio británico.
En España, ya es la tercera aplicación más descargada en la categoría transporte en Android y, en Itunes, es la quinta en la categoría »Viajes».
Uber emitió un comunicado en el que afirma que «no es el enemigo de los taxistas», sino simplemente «una aplicación de móvil que pone en contacto a usuarios que buscan fórmulas de consumo colaborativo y una manera más económica de desplazarse».
La empresa que nació en San Francisco en 2009, en plena crisis, como una alternativa más de transporte urbano ha terminado por sacudir los pilares de un sistema cuyas reglas dejan fuera de juego a sus coches.
Provoca polémica allá a donde va. Pero el tiempo, hasta la fecha, parece estar de su lado. En San Francisco, el gremio de taxistas les demandó en noviembre de 2012. Según datos publicados por Fortune, en enero de 2014 un tercio de los taxistas ya habían empezado a trabajar con Uber.
El »efecto Streisand»
El término debe su nombre a Barbra Streisand, cuando esta denunció al fotógrafo Kenneth Adelman y la página de fotografías pictopia.com y exigió la retirada de una foto aérea de su casa de una publicidad que contenía imágenes de la costa de California. Con su intento de censura, la actriz consiguió que una información en un primer momento de poca importancia acabase obteniendo una gran repercusión en los medios.