Jueves 14/02/2019.

Mundo

Adiós al tirano, adiós al Franco cubano

  • Fidel Castro durante su intervención en la ONU en 1979 EFE

Isabel, “Isa”, es capaz de poner café en la máquina mientras calienta la leche y prepara una tostada, todo al mismo tiempo. No hay nadie más rápido en ninguno de los bares del barrio, ni más sonriente. Con algo de apuro (no conocía sus ideas políticas) le he preguntado si hoy lloramos o celebramos. “¡Celebramos!”, dice sin dudar, “¿por qué si no por su culpa iba a estar yo aquí trabajando como una negra para vivir como una blanca?” Cada uno de los clientes que se iban marchando le decían algo. “¡Felicidades, Isa!” o “Yo me he alegrado mucho también”. Uno le ha preguntado: “¿Volverás?”.  Ella no ha respondido.

Con la muerte de Fidel, el mundo tiene un tirano menos. Uno que compartía hall con los reyes saudíes, Bashar Al-Assad, los sucesivos dictadores norcoreanos o los de la Junta birmana. Un Franco cubano. Un hombre contumaz, medio siglo en el lado equivocado de la historia. Un aliado ideológico de algunos de los mayores criminales de la historia, desde el chino Mao Zedong al ruso  Joseph Stalin, pasando por camboyano Pol Pot.

Con la muerte de Castro se ha ido también el siglo XX. Era probablemente uno de los últimos iconos de la Guerra Fría que tuvo al mundo siempre a un paso de la aniquilación nuclear.  Un personaje que liberó a la isla cubana de las manos del dictador electo Fulgencio Batista para luego quedársela. Un símbolo para los oprimidos del mundo que oprimió con dureza a los suyos.

La fuga de Dariel

Mi querido amigo Dariel “desertó” de Cuba nada más llegar a Nueva York para recoger el premio a mejor actor del Tribeca Film Festival por la película Una Noche. Emulaba así a la perfección el propio argumento del filme, en el que unos jóvenes se preparan para abandonar la isla en una precaria barca, persiguiendo su libertad.

Los cubanos en el exilio han sido la mirilla por la que he podido ver el día a día de la vida bajo los Castro. La represión. Los presos que piden algodones a sus familiares para taponarse nariz y oídos “por las cucarachas que se te suben a la cara” de noche en la celda. La opresiva vigilancia vecinal. Los panaderos sisando los restos de aceite que sobró de hacer una hogaza para juntarlos con otros restos, venderlo y llevar algo de puerco a casa. La realidad de la Sanidad cubana, de la prostitución exacerbada por la falta de casi todo lo que no sea arroz con frijoles. Pensando en ellos me emocioné cuando se anunció el deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, y gracias a ellos he comprendido lo que siente un cubano cuando contempla a la nueva izquierda acomodada española felicitar al dictador por su cumpleaños, hasta la victoria, siempre. Pero, ¿qué victoria?

Comienza el debate

Hoy, sábado 26 de noviembre, unas horas después de la muerte de Fidel, con 90 años, y con la isla aún bajo el férreo control de un Castro, su hermano Raúl, comienza un debate que va a durar semanas.

Será duro, ideológico, elevado. Estará lleno de razonamientos geoestratégicos, de análisis profundos y de real politik. Las palabras claves serán: Comunismo, Maduro, embargo, Miami, exiliados, sanidad y educación para todos, figura histórica, Batista, CIA, Bahía Cochinos, o incluso Pinochet. La derecha atacará a Unidos Podemos. Unidos Podemos responderá resaltando los logros de la isla y su resistencia al capitalismo y a un imperio militar como ha sido el estadounidense.

Yo seguiré el debate y participaré en él. Mientras, en el fondo, por dentro, sonreiré pensando en Isa, en Dariel y en los otros 11 millones de cubanos.


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