Emilio Múñoz Guadix, autor confeso de la muerte de la joven Anabel Segura, y uno de los asesinos más ruines de la reciente crónica negra de España, saldrá de la prisión de Herrera de La Mancha (Ciudad Real) este miércoles.
La Audiencia de Toledo solicitó recientemente el expediente penitenciario del condenado por el caso Anabel Segura para analizar si correspondía o no su excarcelación en aplicación de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que ha declarado nula la denominada Doctrina Parot. Finalmente así ha sido.
Anabel Segura Foles, de 22 años, fue secuestrada el 12 de abril de 1993 mientras hacía footing por la urbanización de La Moraleja de Madrid, y asesinada el mismo día, pese a que el crimen fue hecho pasar por secuestro durante dos años.
Los principales condenados por este crimen fueron Emilio Muñoz, repartidor en paro, y Cándido Ortiz, fontanero, que fueron condenados a 43 años de prisión, aunque el segundo murió hace unos años mientras cumplía condena.
Ahora, Emilio Muñoz, al que se le aplicó la doctrina Parot para prolongar su estancia en la cárcel, verá la luz del sol después de haber destrozado a una familia y haber revuelto la conciencia de todo un país, al mostrar los límites que puede alcanzar la naturaleza miserable de quienes un día fueron humanos.
Dos años de falso secuestro
El caso de Anabel Segura fue juzgado por la Audiencia Provincial de Toledo en 1998 tras hallarse, dos años después de su desaparición, el cadáver de la joven madrileña entre los escombros de una antigua fábrica de cerámica de Numancia de la Sagra (Toledo).
La muerte de Anabel Segura nunca se olvida ni se ve «correspondida por la justicia, aunque se haga justicia», declaraba a Efe el abogado y expolítico Rafael Escuredo, que fue portavoz de la familia de la joven, al cumplirse el 20 aniversario de la tragedia
Escuredo aún recuerda cada detalle de aquel 12 de abril de 1993 y todo lo que vino después: uno de los crímenes más deplorables de la historia española de finales del siglo XX
«A las siete y pico de la mañana de hace veinte años sonó el teléfono de mi casa; era Pepe Segura, el padre de Anabel. Yo creí que era por un asunto de trabajo y me dijo entrecortadamente: ‘Se han llevado a mi hija; han secuestrado a mi hija'», recuerda el conocido abogado.
A partir de entonces se desencadenó el que en su momento fue considerado el secuestro civil más largo de la historia, aunque la realidad descubierta dos años y medio después, cuando se encontró el cadáver, fue otra: Anabel fue asesinada a las pocas horas de ser secuestrada cuando hacía «footing» cerca de su casa, en la urbanización madrileña de La Moraleja.
El 28 de septiembre de 1995, la policía detuvo en Madrid y en la localidades toledanas de Escalona y Pantoja a los sospechosos del crimen, que se derrumbaron y confesaron que la joven fue asesinada horas después el secuestro, que fue fortuito y de carácter sexual, aunque luego decidieron pedir un rescate al enterarse de que pertenecía a una familia acomodada.
Los asesinos desvelaron el lugar de la tumba de Anabel: un fábrica abandonada de Numancia de la Sagra, en Toledo. Los dos autores materiales fueron condenados en primera instancia a 39 años de cárcel, que el Supremo elevó a 43 años.