Viernes 30/03/2018.

CUENTOS CHINOS

Mundo

Xinjiang. El problema del separatismo y del terrorismo islámico en China

Xinjiang es una región autónoma de China que aunque estando localizada en su periferia se conforma como la provincia más grande de esta nación. Las peculiaridades de este territorio son notorias ya sea si hacemos una comparación a partir de un nivel étnico (con un predominio Uigur) o religioso (relevancia del Islam), como a través de otro plano más centrado en la cultura o su estadio de desarrollo económico. Además podríamos añadir que a diferencia de otras zonas geográficas su integración dentro de China ha sido más tardía y el influjo de ésta sobre Xinjiang se ha venido dando con intermitencia a lo largo de su pasado. Nos ubicamos, por consiguiente, ante un espacio con unos rasgos definitorios un tanto divergentes al resto de la República Popular China y que generan serios problemas de asimilación al Estado. Unos inconvenientes manifestados de una manera heterogénea, desde una resistencia más o menos pasiva a las directrices emanadas de Pekín, hasta una oposición directa e incluso violenta en la forma de eventuales revueltas y por medio de prácticas terroristas.

El Gobierno chino establece como un fin prioritario la salvaguardia de la integridad nacional ante cualquier amenaza y actúa con rotundidad en aquellas ocasiones en las que pudiera estar mínimamente vulnerada (Tíbet, Xinjiang, Taiwán…). Es por ello que los grupos separatistas y terroristas de Xinjiang han sido tratados con dureza extrema, clara decisión y contundencia ininterrumpida, suponiendo una preocupación indeleble para el régimen autoritario imperante en este país oriental. En muchas ocasiones tales disposiciones han vulnerado flagrantemente y de manera masiva los derechos humanos de la población en esta región, extendiéndose incluso hacia hechos que nada tienen que ver con la reivindicación política, quedando más ceñidos en el orbe cultural. No es de extrañar, en consecuencia, las acusaciones de ciertas organizaciones no gubernamentales de los excesos perpetrados en el área y sobre la dificultad para evaluar las condiciones o conseguir información en dicho espacio geográfico por parte de estas entidades humanitarias. Así, se han venido denunciando variados métodos de control social realizados sistemáticamente (como el reconocimiento ocular a través de nuevas tecnologías y el almacenamiento a gran escala de muestras de ADN) o aquellas normativas que atentan manifiestamente contra la diversidad cultural (prohibición de ciertos nombres para los recién nacidos, veto de algunas formas de vestir, etc.).

La coyuntura resultante tras los brutales ataques desencadenados el 11-S ha permitido al gobierno comunista chino establecer un cerco más grande y denso a todas las fuerzas separatistas por medio de su identificación con el terrorismo, intentando ligar la respuesta a sus actividades con la lucha contra este fenómeno global. Si bien es cierto que determinados grupos islámicos del lugar mantienen conexiones exteriores y quedan unidos de un modo unívoco con organizaciones internacionales terroristas como Al Qaeda- enviando individuos a luchar a escenarios bélicos como Afganistán o Siria- muchos otros nada relacionados con este tipo de colectivos también han sufrido una notoria represión propiciada gracias a este cambio de percepción política en el contexto mundial.

A pesar de todo, la administración china ha desarrollado paralelamente un programa de medidas que favorecen a la región con el ánimo de estabilizar, normalizar y hacer más llevadero su dominio. De este modo, se facilita una inversión continuada en infraestructuras, algunas de ellas ligadas a la tan publicitada Nueva Ruta de la Seda, mientras otras están orientadas hacia el objetivo más inmediato de aumentar el nivel de desarrollo local, la inauguración del primer metro en Urunchi- la capital- pudiere ser un ejemplo. Asimismo, los uigures están beneficiados de políticas preferenciales por el hecho de ser una minoría y con el propósito de integrarles en el sistema, aquellas aplicadas en el ámbito educativo podrían ser una referencia. Como corolario, descubrimos una planificación estrictamente diseñada para la asimilación paulatina de esta parte periférica dentro de la uniformidad china y dudamos que los planes centralistas sean dificultados seriamente a corto y medio plazo.

En definitiva, es previsible que en los próximos años continúe un clima de incertidumbre, la existencia de conflictos o tensiones raciales violentas y las actuaciones terroristas vinculadas a éstas. Además, Xinjiang no ha evolucionado de una manera equilibrada, por tanto nos es posible identificar disimiles niveles de desarrollo entre el norte y sur provincial. No obstante, hemos de subrayar que la emigración intensiva organizada en las últimas décadas y protagonizada por la principal etnia china (han) ha equilibrado notablemente el número entre ésta y la uigur. A día de hoy la amenaza terrorista procedente de esta remota región supone un gran esfuerzo en seguridad puesto que estamos tratando con un Estado autoritario y atentados como el pergeñado el 28 de octubre de 2013 en la plaza Tiananmen han causado una impresión de difícil olvido a un poder central que regularmente muestra altas dosis de paranoia.


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