Martes 06/06/2017.

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Mandela, la última gran figura del siglo XX

  • Junto al gran pacifista Mahatma Gandhi, el genio de Churchill y su voluntad de victoria, la vida de caridad y servicio de la madre Teresa de Calcuta y el sacrificio por la igualdad de Martin Luther King, Nelson Mandela ya forma parte de las grandes figuras del siglo XX.


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Nelson Rolihlahla Mandela nació en el seno de la familia real de Transkei, una región de 40.000 metros cuadrados y 3,5 millones de habitantes en el sureste de Sudáfrica.  Era el hijo mayor de un jefe tembu y a la muerte de su padre fue educado directamente por el jefe supremo de la tribu. Por posición y linaje, Mandela podría haber llevado una vida plácida como colaboracionista del Gobierno pero el conformismo, desde luego, no iba a ser el espíritu que inspirase su comportamiento. Renunciando a sus derechos dinásticos y huyendo también de una boda tribal que sus tíos le habían concertado, Mandela se instala en Johannesburgo, donde terminará el bachillerato y se graduará en derecho, involucrándose de lleno en el activismo político y la defensa de la mayoría negra. Junto a su amigo el también activista Oliver Tambo, Mandela crea un despacho de abogados que ofrece cobertura legal ‘low cost’ a cientos de negros de la ciudad. Por su porte regio, la seriedad y pasión que le imprime a su trabajo y su profunda sensibilidad con todo lo que le rodea, Mandela ejerce un liderazgo natural. Sus discursos tienen una gran influencia sobre las masas y el Gobierno empieza a fijarlo entre sus objetivos. 

En 1948 el Partido Nacional llega al poder en Sudáfrica y la segregación se convierte en ley. La represión del Gobierno sobre los activistas pro negros se recrudece y en respuesta, los activistas pasan de la desobediencia civil a la resistencia armada, que tiene como principal recurso el sabotaje. Mandela recibe adiestramiento de guerrillas y viaja por multitud de países para recabar apoyo económico. En Sudáfrica, su vida pasa por la clandestinidad. En pleno estado de excepción, el Gobierno sudafricano logra apresar a los líderes de la oposición, entre ellos a Mandela, que es condenado a cinco años de cárcel por la huelga general de 1961. Antes de que termine de cumplir condena es llevado de nuevo al banquillo donde se le culpa de sabotaje y de tratar de derrocar al Gobierno. La pena es de cadena perpetua.

Hasta aquí, la vida de Mandela fue la de un líder carismático que sacrificó su libertad por su pueblo, pero su verdadera grandeza, lo que le coloca a la altura de los grandes hombres del siglo XX vendría después, en el momento de su liberación. Porque en los 27 años que Nelson Mandela pasó en cautividad, la opinión internacional cambió su veredicto respecto a Sudáfrica. Mandela, que había sido tachado de terrorista, recuperó su estatus de activista y el vergonzoso régimen del apartheid agonizaba en los márgenes de la geopolítica, bloqueado económicamente por occidente gracias al activismo de otros políticos carismáticos, como el dirigente sueco Olof Palme.

Ese fue el contexto en el que Mandela salió de la cárcel el 11 de febrero de 1990 y pese a tener a toda la opinión internacional a su lado, de su boca no salió ni un atisbo de reproche. Asumió su largo cautiverio – casi un tercio de su vida – como un sacrificio necesario y vivió sólo para el futuro, donde el líder sólo vislumbraba paz y reconciliación. Mandela fue el interlocutor que derribó, junto al presidente Frederik De Klerk, el régimen segregacionista del apartheid, creando las condiciones para una transición democrática. En 1994, en las primeras elecciones en las que negros y blancos votaban en Sudáfrica, alcanzó la presidencia, proponiéndose avanzar en una política de reconciliación nacional. “El perdón – dirá Mandela – libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa”.

 Ni siquiera tuvo la ambición de aferrarse al poder y al terminar su mandato, abandonó el partido y la política. Otros, más jóvenes, recorrerían el camino por él trazado. Por su ansia de libertad, por su trabajo en pos de la libertad y la igualdad de negros y blancos y sobre todo, por encarnar el perdón y la reconciliación como ningún otro líder de su tiempo, Nelson Mandela, el eterno Mandiba – anciano honorable –, ya es uno de los grandes hombres del siglo XX. 

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