Sábado 12/10/2019.

ENTREVISTA CON LA MUJER DEL PRESO POLÍTICO AMEER MAKHOUL

Mundo

“En Israel es peor ser preso político que asesino”

  • Unos 1.400 presos se han puesto en huelga de hambre para mejorar sus condiciones de vida y evitar el aislamiento total que impide a algunos presos cualquier contacto con seres humanos durante años.
  • En la cárcel de Gilboa, Ameer comparte celda con otros siete reclusos. “Mientras uno cocina, otro hacen sus necesidades en el retrete”.
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  • El activista Ameer Makhoul cuando todavía disfrutaba de la libertad

Llevan una semana sin probar bocado y no están dispuestos a desistir. Unos 1.400 presos palestinos secundan ya la huelga masiva de hambre iniciada el martes pasado en las cárceles israelíes con motivo del día del prisionero palestino.

Reivindican que se garanticen los derechos humanos en los centros de detención, en especial poniendo fin a las situaciones de terrible aislamiento que padecen algunos de los detenidos, que llevan años sin establecer ningún tipo de contacto con un ser humano. Piden además que se reanuden las visitas de los familiares residentes en Gaza, a los que no se permite salir de la zona para ir a ver a sus seres queridos retenidas en suelo israelí.

Exigen que se acabe con la privación de tratamiento médico y la llamada “detención administrativa”, por la cual el gobierno israelí retiene sin cargos a unos 300 prisioneros.

Hay unos 4.700 prisioneros en cárceles israelíes, según los datos de Centro Palestino de Derechos Humanos (PCHR, en sus siglas en inglés), que opera desde Gaza. Todos ellos están considerados presos políticos.

De estos, unos 1.200 comenzaron la huelga de hambre el pasado 17 de abril y en una semana se han sumado otros 200. Además, se prevé que a principios de mayo se sumen a la iniciativa otros 2.000 prisioneros, según ha señalado a Teinteresa el director del PCHR, Raji Sourani. En algunas cárceles se han sumado ya a esta protesta con acciones parciales. Como en el caso de la cárcel de Gilboa, donde permanece retenido el activista proderechos humanos, Ameer Makhoul.

En esta cárcel a unos 80 km de la ciudad de Haifa, Ameer y otros compañeros reclusos, han decidido unirse a la huelga rechazando la comida dos veces por semana, según ha contado la mujer del prisionero, Janan Abdu, a Teinteresa.

Ameer, director de la plataforma de ONGs palestinas en Israel, lleva dos años en prisión, acusado de haber facilitado información al enemigo durante la guerra.

Aunque era una persona conocida entre la sociedad civil y a nivel internacional por su condición de asesor del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, Ameer fue detenido el 6 de mayo de 2010 de forma muy violenta, relata su esposa.

Las fuerzas israelíes irrumpieron en su casa con fuertes golpes y revolviéndolo todo a las 3 de la madrugada despertando a toda la familia. En ese entonces las hijas de Ameer tenían 12 y 17 años. Tanto ellas como su esposa fueron tratadas de forma violenta. La orden de arresto se había emitido dos semanas antes, pero la policía optó por hacerla efectiva a altas horas de la madrugada, lamenta Janan.

Se llevaron a Ameer detenido, le mantuvieron 72 horas despierto y le torturaron hasta que consiguieron que se autoinculpase. No pudo ver a un abogado hasta 12 días más tarde.

En el juicio contra Ameer, el activista decidió seguir admitiendo los cargos y pactar con el fiscal, aconsejado por su abogado.  “Estaba siendo acusado de ayudar al enemigo durante la guerra y esto podría suponerle una cadena perpetua”, señala Janan. Con el pacto el fiscal pediría al menos siete años de prisión. Ameer tuvo que recapacitar y pensando en sus hijas decidió por fin admitir, muy a su pesar, los falsos cargos de los que se le imputaban para evitar una condena mayor.

Mientras uno cocina, otro hace sus necesidades en el retrete


Al final, el tribunal le sentenció a nueve años de prisión, de los que ya ha cumplido dos. Vive en una celda junto a otros siete presos, de la que salen cuatro horas al día a un patio. Las otras 20 horas las pasan dentro de la celda, donde comen, se asean... “Mientras uno cocina, otro hace sus necesidades en el retrete”, explica Janan.

Aunque podría estar peor. La mujer de Ameer señala que hay detenidos a los que mantienen en completo aislamiento durante años. Se les niega la asistencia médica, y algunos mueren sin ser atendidos.

En Israel es peor ser preso político que asesino”, apunta Janan. “Los asesinos o ladrones tienen derecho a participar en talleres o pedir la libertad condicional por buena conducta”, pero los presos políticos no. Así mismo, mientras que los delincuentes tienen derecho a llamar a sus familias cada día y a ver a sus familiares con asiduidad, los presos políticos no disfrutan de estos privilegios. Solo Janan, sus hijas y los familiares de primer grado de Ameer tienen derecho a ir a visitarle durante 45 minutos cada dos semanas. Excepto ellos, nadie más puede ver o hablar con Ameer.

Solo 45 minutos cada dos semana, esos supone 18 horas al año, menos de un día completo” y sin contacto físico, a través de un cristal, relata Janan, que intenta transmitir el drama que vive teniendo a su marido entre rejas por un delito que no ha cometido.

La tragedia de estar encerrado injustamente no solo destroza la vida de los detenidos sino que cambia para siempre la existencia de sus familias. Janan cuenta que cuando su marido fue detenido su imagen no dejaba de divulgarse por los medios de comunicación. Ella y sus hijas perdieron toda su intimidad. Comenzaron a recibir cartas y llamadas telefónicas amenazándolas.  En otro caso uno pensaría en denunciarlo a la policía, pero el hecho es que “no confiamos en las fuerzas públicas ni en la justicia que han llevado a Ameer a estar en esta situación”.

Nos llamaban nazis”, lamenta Janan, que tuvo que dejar su empleo como trabajadora social en un centro de atención a niños que han sufrido abusos porque sus madres no querían que les tratase. “Perdí mi trabajo y mi salario. Ahora para mí es difícil encontrar un empleo, tengo muchas limitaciones, y tampoco estoy dispuesta a trabajar con ONGs israelíes”.

A pesar de todo el sufrimiento que han pasado y siguen pasando, Janan no ha perdido la esperanza de conseguir sacar a su marido cuanto antes. “Creo en Dios y en la comunidad internacional” y la gran cantidad de campañas de ONGs y agrupaciones que piden la liberación de Ameer, como la de Amnistía Internacional, le dan fuerza para continuar luchando: por Ameer y por los cientos de presos políticos palestinos que no tienen derecho a una defensa justa.


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