Miércoles 14/08/2019.

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Aumentan un 11'3% con respecto al año pasado

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El repunte de las rupturas matrimoniales, un indicio de recuperación económica

  • Las rupturas matrimoniales suben tras años en caída. Los expertos ven en ello un indicio de recuperación económica, "La gente ve cierta salida a la crisis y se traslada en este repunte", dice Eduardo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Familiar.
  • La crisis ha provocado casos de matrimonios separados que viven bajo el mismo techo.
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  • Los divorcios y separaciones han aumentado tras varios años de caídas

Que el número de separaciones y divorcios pueda considerarse indicador de la salida de la crisis hay que cogerlo con todas las cautelas, pero en cualquier caso, los expertos sí apuntan a que se pueda ir en esa dirección. La cifra registrada en el primer trimestre del año, 34.583 rupturas, un 11'3% respecto al mismo período del año anterior, es la más elevada desde 2010. 

En los últimos cuatro años, salvo un leve repunte en 2012,  las rupturas matrimoniales en términos anuales han ido en descenso. En 2011, un 2’3% menos con respecto al año anterior, en 2013, un 1’3% menos.

Aunque situándose aún lejos de los datos de hace diez años-35.625 en 2004- la cifra puede resultar, según analiza Eduardo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Familiar, sintomática de los indicios de recuperación económica.  “En los últimos años, lo que detectábamos era que la gente estaba posponiendo esa ruptura porque suponía muchos gastos, especialmente para uno de los cónyuges, para el que se hacía cargo de los niños y tenía que soportar los gastos con un solo sueldo”, afirma Hertfelder, “y eso hacía que la gente no diera el paso a esa ruptura. Pero lo que se está percibiendo ahora, es que la gente ve cierta salida de la crisis y por tanto, se da también ese repunte”.

“La crisis económica ha tenido un efecto bipolar”, dice Antonio Bolinches,  experto psicólogo y terapeuta de pareja y profesor de Educación Emocional de la Universidad de Barcelona, “por un lado, produjo mayores tensiones relacionales, y eso es un factor de separación. Pero por otro, las dificultades económicas también imposibilitaban las rupturas”.

Con el número de separaciones y divorcios, la crisis se dejaba ver también en el número de matrimonios. Tras caídas consecutivas desde 2004, apenas repuntaron un 3'19% en 2012, último año contabilizado por el INE. Así, por ejemplo, si en 1990, el número de matrimonios era de 220.533, en 2012, se había reducido hasta los 168.556. El número de matrimonios por cada 1.000 habitantes pasó de ser de 5’37 en el 2000 al 3’56 en 2012. Que la nupcialidad está en horas bajas lo confirma también el Instituto de la Mujer. Según su estadística publicada en marzo del año pasado, el número de personas casadas se ha reducido casi a la mitad en España en los últimos 35 años.

El Censo de Población y Viviendas, elaborado por el INE con datos de 2013 apuntaba a que ese año existían en nuestro país 10.306.400 parejas, de las cuales 8.894.423 están casadas. El resto, están registradas como parejas de hecho. Este registro contabilizaba también el mismo año un incremento del 5’2% con en el número de hogares unipersonales, con respecto a cifras de hace dos años. Así, por ejemplo, 4.412.000 personas viven solas en nuestro país.  

La crisis impacta también en cómo rompemos el matrimonio

Los abogados de familia afirman, no obstante, que más que en el número de rupturas, la crisis ha influido en cómo se llevan a cabo. En el despacho de Luis Zarraluqui, uno de los más prestigiosos en temas de familia, no perciben que la situación económica haya tenido un impacto determinante en las cifras, pero sí en que las parejas optan por llegar a un acuerdo para evitar que el procedimiento se vaya de precio.

“Es cierto que en el despacho siempre hemos tenido la percepción de que si las cosas son difíciles cuando las cosas van bien, imagínate cuando van mal”, dice Elena Zarraluqui, abogada experta en familia, “y hemos visto incluso economías muy deprimidas que hacen el esfuerzo, y la gente buscaba el dinero de donde fuese. Pero sí que la gente asume que tiene que llegar a un acuerdo. No se mete en un pleito que es más costoso, no sólo en tiempo y en energías, sino también en dinero”.  Según datos del Consejo General del Poder Judicial, las separaciones no consensuadas se redujeron un 6'9% el año pasado con respecto a 2012.

Con ello, la crisis, según los abogados, ha tenido una consecuencia palpable: un significativo incremento en la revisión de las medidas en procesos de separación y divorcios, como pueden ser las cuantías de las pensiones a los hijos,  “gente que trabajaba en multinacionales o en bancos, habían llegado a un acuerdo sobre los bonus que percibían en los años buenos, y de repente se quedan sin eso. O se le reduce el salario. Y entonces, sí que se produce un intento de modificar las condiciones”, dice Zarraluqui.

En ello coincide Gabriela Domingo, vicepresidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia, que considera que el "parón" en separaciones y divorcios en los momentos de crisis podría haberse debido, más que a una cuestión económica, a que la gente"ha tenido la cabeza en atender a otras cuestiones" como sus puestos de trabajo.  "Cuando se quedan más tranquilos, ven que hay cosas que no funcionan", afirma Domingo.

La "Guerra de los Rose": personas separadas que viven bajo el mismo techo

Lo de “cada uno por su lado” no siempre se cumple en caso de ruptura. La situación tiene algo de tragicomedia: parejas separadas, incluso divorciadas, que siguen habitando bajo el mismo techo. En estos casos, las estancias están divididas. Incluso los espacios comunes tienen horario de uso y disfrute.  
“Como en la película de la Guerra de los Rose”, corrobora Ángel de la Torre, presidente de la Asociación Mixta de Separados y Divorciados de Madrid. Varios miembros de su asociación, afirma, han optado por esta particular forma de “convivencia” por dificultades económicas: por no poder hacer frente a los costes del proceso legal o por la futura carga que supone para los cónyuges.

“Se han asignado zonas de la casa y así no tienen que acudir a un divorcio”, afirma De la Torre. ¿Y esto cómo se lleva?, le preguntamos, “pues con humor. Evidentemente, cuando tengan dinero, se separarán definitivamente, pero la carestía obliga a que la gente trate de aguantar un poco”.

La tendencia que apunta De la Torre la constatan también desde numerosos bufetes de abogados, que cuentan sorprendidos cómo algunos de sus clientes les han pedido formalizar los papeles de ruptura pero seguir conviviendo en el mismo domicilio. La razón está en hipotecas suscritas a cuarenta y cincuenta años vista y la improbabilidad de vender la vivienda en las actuales condiciones del mercado inmobiliario.

Los expertos, no obstante, advierten de que la situación, de por sí ya delicada, se puede tornar imposible, y que las primeras víctimas son los hijos de la pareja. Cada vez más asociaciones de separados y divorciados cuentan con pisos  para evitar esta tensa convivencia.

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