Jueves 10/08/2017.

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“No es no. Pero si no hay sí, también es no”

El Ayuntamiento de Madrid ha creado, de cara a sus próximas fiestas, una campaña contra el acoso de las mujeres bajo el lema de “no es no”, como parte de su programa Madrid, libre de violencias machistas. Sin embargo, siempre he pensado que este eslogan se queda corto a la hora de abordar la realidad que viven muchas mujeres cuando, simplemente, pasean por las calles sin compañía.

Sin duda, “no es no”, pero ¿de verdad es necesario decir que ‘no’ a que me incomodes con tu mirada, a que me grites groserías o me persigas por la calle? ¿Acaso no son los hombres capaces de entender que ser simpática no significa que quiera algo con él? ¿O que ir escotada no es sinónimo de provocación?

“No es no. Pero si no hay sí, también es no”, dice la actriz Leticia Dolera en uno de estos vídeos del Ayuntamiento, y no puedo sino suscribir sus palabras. Por fin. Quedarnos solo en el “no es no” es volver a dejar sobre los hombros de las mujeres la responsabilidad del acoso. “Si hubieras dicho que no…”, “si hubieras dejado claro que…”. No. Ahora sí que no. No quiero tener que decir que no, porque no quiero que me piropees cuando ando por la calle, no quiero que me agarres el brazo cuando paso por tu lado y, mucho menos, quiero que me acorrales e intentes propasarte. Solo NO lo hagas.

Hace apenas  unos días, cuando iba de camino a por mi desayuno en pleno barrio Chamberí de Madrid, un hombre me siguió durante varios metros, rebuznó algo y silbó. Ya sabéis, ese “fiu fiu” al que las mujeres estamos acostumbradas, seguido de otro “fiu fiu” por si el primero no hubiera sido suficiente para generarme una arcada. Cuando se lo he comentado a un compañero de la redacción se ha sorprendido y  yo me he sorprendido de que se sorprendiera, entrando en un bucle de sorpresas que ha finalizado con una triste conclusión: muchos hombres desconocen hasta qué punto las mujeres sufrimos el acoso callejero en nuestro día a día.

La lucha contra esta repulsiva conducta es en primer término una lucha de hombres. De los hombres que acosan, pero también de los que miran a otro lado y de los que no se implican. Son ellos, todos, los que tienen realmente el poder de acabar con el acoso callejero de raíz. Pero hasta entonces, hasta que la utopía se vuelva realidad, todos debemos tener tolerancia cero a cualquier tipo de maltrato. Condena. Denuncia. Las mujeres no queremos ser valientes, queremos ser libres. 


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