Sábado 19/05/2018.

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España cumplirá con el objetivo de déficit en 2017, ¿y en 2018?

  • El déficit total del país se ha reducido en más de un 37% este año con respecto a 2016 en los primeros tres trimestres del año
  • El del Estado, incluyendo noviembre, es del 1,56%, un 35% menor que en el mismo mes del año pasado
  • Las previsiones a la baja del crecimiento económico en 2018 podrían traducirse en dificultades para cumplir con la senda de déficit
  • El Estado reduce su déficit un 35,1 % y las autonomías siguen en superávit

El gobierno tiene encarado su objetivo de abandonar la senda de déficit en 2020, año que sin duda Rajoy lo fija como 'de cosecha' para todos los grandes desafíos que se ha propuesto en sus dos legislaturas: 20 millones de empleos, Salario Mínimo Interprofesional de 835 euros, crecimiento medio económico del 2,5% y, también, conseguir el déficit 0.

En Europa dan por hecho que España cumplirá con el objetivo de 2017, fijado en el 3,1% según el Plan de Estabilidad Presupuestaria europeo. El Ministro Montoro anunciaba hoy que al terminar el tercer trimestre de 2017 el déficit de todas las administraciones se encontraba en el 1,5%, cumpliendo los objetivos con gran holgura. Euforia en el Ministerio de Hacienda que se perpetúa tras conocer el dato adelantado de octubre -de todas las administraciones excluyendo las locales- que aumenta en apenas una décima (1,62%). Un irremediable optimismo que también pone encima de la mesa los grandes agujeros financieros de España en este año: la administración central (1,1%) y en la Región de Murcia (0,97%) además de las pérdidas que registran otras siete comunidades autónomas.

El dato adelantado de noviembre también es optimista: el Estado pierde hasta el penúltimo mes del año un 1,56% del PIB, cuatro décimas más que en octubre, aunque hay que contar también con que se han celebrado unos comicios electorales y ello conlleva un desembolso además de una paralización de la inversión privada.

2018, un año más complicado para cumplir con el déficit

Todo es de color de rosas para el gobierno de Rajoy aunque solo de momento, porque 2018 se presenta complicado. Según los primeros cálculos sobre el impacto de Cataluña en la economía española -y a pesar del dato histórico de 77 millones de turistas en 2017- los números de crecimiento económico se han revisado a la baja. La previsión del Gobierno para el año que viene era del 2,6% antes de la crisis territorial, por lo que ahora se sitúa tres décimas a la baja (2,3%).

El imprevisto podría acarrear un cambio de planes de Rajoy y, en consecuencia, un 'enfado' en Europa porque la senda de déficit se vea alterada. El gobierno podría prever un déficit del 2,3% en 2018, una décima superior a lo que dicta Bruselas y al Techo de Gasto para el año que viene que aprobó el Congreso el pasado julio. Una variación que de momento es mínima, pero que no contempla que los resultados de las elecciones autonómicas del 21D no auguran una vuelta a la estabilidad política a Cataluña a corto plazo. En 2018 puede que ni las exportaciones -como sí ha pasado este año- puedan salvar el crecimiento económico español.

Estancamiento de la inversión pública y la 'delicada' privatización del sector financiero

Pero al gobierno se le suman más problemas. A la desconfianza que generan hoy los bancos catalanes como Sabadell y La Caixa tras la crisis territorial, unida a la mayoría absoluta independentista tras las elecciones, se le suma también un posible estancamiento de la inversión pública que podría conllevar un decrecimiento también en la inversión extranjera. Si los Presupuestos Generales del Estado llegan a buen puerto, no tendrán su aprobación final, al menos, hasta que empiece la primavera, por lo que la inversión pública en infraestructuras podría ralentizarse y, en consecuencia, ocasionar una disminución del capital privado.

La privatización de Bankia es uno de los grandes proyectos del Ministro de Guindos, que se ha ido retrasando año tras año pero que apunta a 2018 como el definitivo para su consecución. El FROB tiene actualmente un 60% de participación -tras vender en el último mes un 7%, aunque aumentará al 61% cuando se complete la fusión entre Bankia y BMN, donde el estado tiene alrededor 65% de participación-. La antigua Caja Madrid, ya convertida en un banco fuerte volverá poco a poco a manos privadas, aportando liquidez a las arcas públicas. La privatización depende, sobre todo, de la estabilidad y la confianza de los inversores. Confianza que se puede ver mermada si la previsión de crecimiento de España vuelve a revisarse a la baja, aplazando, nuevamente, el proyecto de privatización de Bankia.

Todos estos son los grandes condicionantes que podrían ocasionar un estancamiento de la senda de déficit, sin contar con un posible adelanto electoral -de momento improbable- que sin embargo eliminaría cualquier posibilidad de llegar a cumplir con el objetivo del 2,2% en 2018.

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