Lunes 05/06/2017.

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TDAH: un trastorno sumido en una profunda desinformación

“El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es un trastorno que tiene su origen en la infancia y que se caracteriza principalmente por inatención, son niños más inatentos, un exceso de actividad que es lo que se conoce como hiperactividad y sobre todo, impulsividad, es decir, que no suelen elaborar la respuesta”, explica Alberto Jiménez, psicólogo y socio fundador de Educ-at.

Este trastorno con un fuerte componente genético afecta entre un 5% y un 7% de los niños españoles, es decir, uno de cada 1 de cada 20, siendo el problema de conducta e integración prevaleciente entre la población infanto-juvenil.

“Toda esa sintomatología de la que hablamos se empieza a ver cuando el niño tiene entre 4 y 5 años, pero no es hasta los 6, 7 u 8 años cuando se le diagnostica de manera oficial siguiendo los parámetros en cuanto a sintomatología y afortunadamente cada vez más, estudios se refiere y que pueden cerciorar su diagnóstico”, afirma Ángel Terrón también psicólogo y socio fundador de Educ-at.

Ángel y Alberto son psicólogos de profesión y fundadores de Educ-at, una entidad psico-educativa especializada en el tratamiento eficaz del TDA/TDAH. Amigos desde los 13 años, Terrón y Jiménez observaron durante sus años universitarios que este trastorno no estaba bien enfocado por parte de la Psicología y de ahí, la necesidad de crear un proyecto donde las familias afectadas por dicho trastorno, encontraran una salida.


Un trastorno complejo y heterogéneo

Una de las principales características del TDAH es que no es un trastorno de manual. La cantidad de particularidades que conserva en función del entorno del niño son las que definen la complejidad y heterogeneidad de dicho trastorno. Por ello, la forma de manifestarse varía o no dependiendo del caso. Asimismo, "en muchas ocasiones es muy difícil comprender bien qué cosas se deben al trastorno y qué cosas se deben a la edad”, confiesa Alberto. Y si a ello añadimos que existe un profundo desconocimiento y una vasta desinformación del trastorno, el resultado implica que tanto la evaluación como el tratamiento se encuentren sumidos en un limbo entre el sobre-diagnóstico y su antagonista.

Los estudios establecen que aquellos chicos en los cuales existe un predominio hiperactivo tienden a estar sobre-diagnosticados, mientras que aquellos donde prevalece el déficit de atención, pasen desapercibidos, según clarifica Alberto.

“Igual de malo es el sobre-diagnóstico como aquellos chicos que por su déficit de atención pasan más desapercibidos, y entonces no llegan nunca a concebir que lo que tienen es un trastorno sobre el que hay que trabajar”, manifiesta Ángel Terrón. Además reconoce que desde Educ-at inciden en la necesidad de una correcta evaluación. “Es un trastorno que independientemente de nuestra opinión, requiere mediación. Hay que tener bastante cuidado y saber que al niño que se le está diagnosticando le afecta realmente ese trastorno”.


La importancia de la coordinación

En España según dicta la ley vigente (Ley 3/2014 sobre la defensa de los Consumidores y Usuarios, y otras leyes complementarias), únicamente los psicólogos que además de estar colegiados, sean sanitarios, con habilitación sanitaria o especialistas en Psicología Clínica están capacitados para valorar e intervenir sobre la salud en el ámbito sanitario. No obstante, en ningún caso el psicólogo podrá prescribir tratamientos psicofarmacológicos, es decir, no está habilitado para recetar ni medicar al paciente. Generalmente esta labor es desempeñada por un neurólogo o psiquiatra que será el encargado de emitir el diagnóstico oficial.

“El abordaje tiene que ser multidisciplinar, y esto implica que tiene que existir una perfecta coordinación entre el colegio, la familia y los distintos profesionales que trabajan con el niño. Eso es nosotros como psicólogos, y el neurólogo o médico pertinente”, aclara Alberto Jiménez.

En este aspecto tanto Ángel como Alberto insisten en que debe estudiarse cada caso de forma individual y que la medicación es necesaria pero nunca suficiente. El TDAH es un trastorno de carácter neurobiológico cuya manifestación varía en función del ambiente del niño. De hecho, las características de inatención, hiperactividad e impulsividad propias del trastorno deben presentarse de forma prolongada y constante en diferentes ámbitos del niño: cole, casa, amigos, por ejemplo. De no ser así, la problemática del pequeño se deberá a otro conflicto.


¿El paradigma? Un cambio en el sistema educativo

De forma frecuente el TDAH se reconoce en Primaria ya que en ese momento, las dificultades en el rendimiento escolar y las disfunciones sociales se presentan con mayor claridad. Por tanto, el colegio juega un papel fundamental para el diagnóstico del TDAH. No obstante, actualmente el profesorado no posee las herramientas necesarias para ayudar a la valoración y tratamiento del trastorno. Lo que supone un grave problema ya que estos niños son marginados no sólo por sus compañeros sino por el propio docente que se ve superado por esa inatención, hiperactividad e impulsividad del niño y de la que no puede hacerse cargo porque principalmente no sabe cómo.

“Una de las grandes claves para entender un poquito más y ayudar a estos chicos, y que es un poco utópico, sería cambiar el sistema educativo y la formación al profesorado. Hablo también de psicólogos que la formación que recibimos es mucho más escueta. Sin embargo, del profesorado estamos hablando que se va a encontrar uno de cada veinte niños con TDAH o sintomatología similar. Enseñarles a cómo tienen que ayudar a estos chicos sería fundamental”, comenta Alberto Jiménez.

Esta falta de conciencia y formación son responsables del abismo que existe en torno al adecuado conocimientos del TDAH. Ángel Terrón confiesa que los métodos y en concreto, los que se aplican en el ámbito educativo, son métodos que perjudican enormemente a los niños que tienen déficit de atención. “Todavía los coles tienden a la lección magistral que no beneficia a nadie pero que a ellos les perjudica sobremanera, y tampoco se les enseña a trabajar correctamente desde casa. Olvidándonos muchas veces del desarrollo emocional que desde luego tampoco el colegio y cada vez menos, desde las familias, se incide en la importancia de que nuestros hijos tengan un correcto desarrollo a nivel emocional”.


Precocidad como clave

El reto que además supone una imperiosa necesidad, se centra en una profunda labor de concienciación y difusión del trastorno. Desde que aparecen los primeros síntomas hasta que al niño se le diagnostica TDAH pueden pasar dos años. La nefasta repercusión que acarrea estar 24 meses sin establecer ningún tipo de medida, condiciona alarmantemente el desarrollo del niño. Por ello, desde Educ-at aconsejan que en el momento que la familia sospeche que su hijo puede tener TDAH, acuda a un profesional que evalúe al chaval, tanto sus puntos fuertes como débiles y que además realice un bosquejo de la dificultad que presenta. “En función de esa evaluación, lo normal y en este caso, lo que hacemos nosotros es hacer una valoración neuro-psicológica en profundidad y de ésta, se pasa a pedir cita con el neurólogo, pediatra o médico correspondiente, el cual hace el diagnóstico oficial”.

A pesar de todo, el TDAH no debe ser considerado un trastorno grave. Un diagnóstico y tratamiento adecuado no deben coartar ni condicionar la vida de una persona y arrastrar frustración a la hora de conseguir los objetivos de cada uno. De hecho, los niños con TDAH son altamente creativos y transparentes. “El TDAH no tiene que limitar la vida de una persona. Por supuesto que pueden y deben llevar una vida totalmente normal. Incluso en el trabajo diario con estos chicos nos encontramos que pueden tener una serie de cualidades que no quiero decir que otros chicos sin el trastorno no las tengan, pero que en ocasiones pasan desapercibidas […] En definitiva un potencial que ellos mismos en ocasiones incluso, dejan en un segundo plano debido a que les estamos haciendo ver, por desgracia, que no siempre son capaces cuando la realidad no es así”.

Por tanto, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad más conocido como TDAH no es una leyenda urbana ni un rasgo propio de los chavales entre 5 y 8 años. Este trastorno afecta a uno de cada veinte niños y como tal, no desaparece. Ignorarlo supone cohibir el desarrollo social y educativo de una persona con un gran potencial que en su vida adulta presentará grandes dificultades para integrase en la sociedad. Es fundamental por ello que cada estamento de la sociedad entienda qué es el TDAH. Una vez más, el éxito reside en la educación óptima y la conveniente difusión.


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