La protusión o extensión de la mandíbula inferior respecto a la superior (que impide que los huesos faciales encajen correctamente) y el mentón proyectado hacia delante, que otorga un gesto de enfado permanente, va mucho más allá de un simple problema estético, conocido popularmente como “cara de cazo”. El prognatismo impide que las mandíbulas encajen correctamente al cerrarse, y, en los casos más severos, dificulta tareas rutinarias como pueden ser comer, hablar o morder.
Su solución pasa por el quirófano, por una operación que, pese a lo cruenta, es bastante sencilla, y ofrece resultados espectaculares, la osteotomía mandibular. Es una técnica a través de la cual se fractura la mandíbula y se desliza hacia atrás, para posteriormente colocarla en la posición adecuada mediante unas placas y unos tornillos de osteosíntesis. Se realiza con anestesia general, y requiere tan solo una noche de hospitalización. La cicatriz es totalmente invisible, ya que se realiza mediante incisiones intraorales (por dentro de la boca).
La recuperación total se produce aproximadamente un mes después de la operación, por lo que muchos pacientes eligen el verano para someterse a ella. El postoperatorio, según el doctor Angel Juárez Cordero, cirujano plástico y estético y Jefe de la Unidad de Cirugía Plástica y Estética del Hospital de la Zarzuela, transcurre sin dolor, pero sí con un evidente edema (hinchazón facial) variable según el caso, que se normaliza a los cinco o siete días de la intervención.