La historia de Diego es algo que nos suena, pues no será el primero ni el último gran jugador que empezó dando patadas a un balón en la calle, pero eso no le quita valor ni le hace menos especial. Como muchos futbolistas brasileños empezó a jugar en la calle, junto a las favelas. El fútbol se le dio bien desde el principio, parece que su padre tuvo un buen presagio cuando nació, pues su nombre, Diego, se debe a Maradona. Costa dice que a su padre “le gustaba lo bueno y por eso me lo puso”. Debido a sus pocos medios económicos, no pudo entrar en ningún equipo federado, por lo que no tuvo la formación en categorías inferiores que hoy en día tienen los niños de categoría alevín.
Diego Costa es un ‘trotamundos’ del fútbol. El brasileño de 25 años ha jugado en siete equipos en las últimas seis temporadas, algo inaudito en el mundo del balompié. Llegó a Europa muy joven, con 18 años, y su ilusión en la vida no era jugar al fútbol. Diego nació en la pequeña localidad de Lagarto, Diego y su familia han pasado algunas dificultades a lo largo de su vida, pero gracias al trabajo de su padre en un centro comercial, no les faltó nunca nada, pero tampoco había hueco para los lujos. Lo importantes era llegar a fin de mes y que el pequeño Diego tuviese dinero para comprarse un balón.
Costa no jugó en ningún equipo hasta los 16 años ya que en su pueblo no había los medios y las necesidades que hay en otros sitios con más recursos. La escuela fundamental de Diego ha sido la calle y de allí ha sacado las cualidades y el carácter que tan marcado tiene y que a la vez le hace tan especial. “En el campo me peleaba con todos, no podía controlarme. Insultaba a los demás, no tenía respeto por el contrario. Pensaba que había que matarse. A los chicos que tienen formación se les enseña a controlarse y a respetar a los demás. Yo siempre he sido de los que se calentaba. Ahora he aprendido que si no respetas al rival te quedas atrás”, sentencia Costa.
Cuando Diego empezó a zafarse con otros jóvenes en la calle, los codazos y los pisotones eran algo habitual y no había que respetar al rival en ningún caso. “Si eres un chaval y pisas a otro, te lo recriminan. A mí no me lo han recriminado nunca, no he tenido una escuela donde me enseñaban eso. Me acostumbré a un fútbol en el que veía a los mayores soltar codazos a los demás. Y creía que era lo normal”.
GRACIAS A UN AMIGO DE JORGE MENDEZ, DIEGO LLEGÓ A EUROPA
Un buen día Costa y su tío fueron a hacer una prueba en los juveniles del Barcelona Esportivo Capela en Sao Paulo con la fortuna de conseguir maravillar a un amigo del prestigioso representante de jugadores Jorge Mendes. “Al final del partido hablé con la persona que trabajaba para Mendes y me armaron un contrato para ir al Sporting de Braga”, señala Costa.
A raíz de su llegada a Portugal, el Atlético de Madrid se fijó en la joven promesa y no ha parado de moverse desde entonces. El conjunto madrileño no confiaba en él, le veían algo’ verde’ para jugar con un equipo grande, de modo que se dedicaron a cederle a distintos equipos para que se ‘rodara’ y el tiempo ha demostrado que esto le vino fenomenal. Celta, Valladolid o Albacete contaron con sus servicios antes de llegar al Atleti en una primera etapa.
Después fue cedido al Rayo, y ahí es cuando finalmente explotó. Fue en la temporada 2011-12. Diego llegó, vio y convenció. En menos de tres partidos hizo cuatro goles ante la expectación de todo el mundo que se preguntaba ¿De dónde ha salido ese chico brasileño? Y sobre todo ¿Cuánto cuesta? Pero era del Atlético, a donde volvió para quedarse.
Costa no es un delantero al uso. El brasileño se ha tenido que buscar las habichuelas en cada equipo que ha estado y por eso se describe como un delantero peleón. “Cuando las cosas no me salen, por lo menos me peleo. Hay días en que todo te sale con la pelota, te vas de uno, de dos… Pero cuando no me sale, pues intento suplirlo con la pelea. Corro… Si corres al menos engañas un poco”, asegura Diego.