A pesar que decimos sentir con el corazón, los expertos han determinado que los sentimientos residen en nuestro cerebro. Los sentimientos los reflejamos. Reflejamos la felicidad, el dolor y la tristeza en la risa y el llanto.
Ahora veremos que reír y llorar son dos fenómenos fisiológicamente parecidos, por los que expresamos emociones y los dos modifican desde nuestra presión sanguínea, hasta nuestra respiración.
Desde el punto de vista de la salud, reír siempre se ha considerado un acto muy saludable. Se ha llegado a calcular que si fuéramos capaces de reír durante una hora quemaríamos hasta 14 gramos de grasa, lo que equivaldría a unos 5 kilos al año riendo una hora al día. Hay muchas creencias sobre el beneficio que hace reír en la salud. Se dice que la risa elimina el estrés y las tensiones, eleva la autoestima, aumenta la inteligencia, retrasa el envejecimiento…
La risa está localizada en la zona pre-frontal de la corteza cerebral, la parte teóricamente más evolucionada del cerebro. En esta zona, también podemos encontrar la creatividad y la capacidad para pensar en el futuro. Cuando reímos, el cerebro activa la liberación de encefalinas. Las encefalinas son un tipo de endorfina, unas sustancias que son consideradas como los opioides endógenos. Estos opioides endógenos ayudan, como la risa, a promover calma. La risa también promueve la liberación de serotonina, sustancia que tiene efectos calmantes y disminuye tanto la ansiedad como el hambre.
Pero también llorar tiene muy importantes beneficios para la salud. El llanto, a través de las lágrimas, permite eliminar sustancias que se segregan de forma muy alta en situaciones de estrés, como la adrenalina y noradrenalina.
Se preguntarán ahora ustedes queridos lectores de Teinteresa ¿como se forman y de que están compuestas las lágrimas?.
Las lágrimas se forman en las glándulas lacrimales que están situadas en la parte externa del glóbulo ocular. A nivel microscópico, las lágrimas están formadas por tres capas. La parte acuosa de la lágrima es la capa intermedia que se encuentra entre otras dos capas, una capa mucosa interna y una capa, que sería la capa más exterior, formada por sustancias grasas y aceitosas. Esta capa más externa se conoce con el nombre científico de meibum. Con cada parpadeo que hacemos, el meibum se extiende por la superficie del ojo y asegura que se distribuya también la capa acuosa asegurando que nuestros ojos estén húmedos. Además de limpiar y lubricar el ojo, las lágrimas tienen un efecto anti-bactericida protegiendo al ojo de la invasión de bacterias. Este efecto anti-bactericida de las lágrimas se debe a que la lágrima contiene un componente llamado lisoenzima que degrada y rompe las paredes de las bacterias. Las lágrimas también tienen glucosa e iones como potasio, sodio o calcio.
No tenemos solamente un tipo de lágrimas, sino tres tipos diferentes. Las conocidas como lágrimas basales que se producen todo el tiempo y mantienen el ojo húmedo y limpio y participan en el parpadeo. Las lágrimas reflejas que se producen cuando un objeto o cuerpo extraño entra en nuestro ojo y ayuda a limpiarlo. Finalmente, las lágrimas llamadas emocionales que aparecen con los sentimientos.
Algo importante es que la composición de las lágrimas basales y reflejas es muy parecida entre ellas. Sin embargo, las lágrimas emocionales son un poco diferentes ya que son las que contienen las hormonas asociadas al estrés, adrenalina y noradrenalina, que antes hemos comentado. Hay incluso quien dice que la eliminación de estas hormonas y de toxinas a través de las lágrimas emocionales reducen sus niveles en nuestro organismo. Por eso, cuando lloramos sentimos alivio.
Dice la historia que en la medicina hipocrática, el llanto era considerado una purga de humores. En la historia hay llantos famosos, pero sin duda uno de los más destacados es el de Boabdil llamado el Chico (Mohamed Abu Abdalahyah) al ser desterrado por los Reyes Católicos tras la toma de Granada. Al llegar Boabdil a la colina que hoy conocemos como el Suspiro del Moro, camino de las Alpujarras, entre las actuales poblaciones de Villa de Otura y El Padul, Boabdil suspiró y comenzó a llorar. Dice la leyenda que en ese momento su madre, la sultana Aixa, pronunció la frase “Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre».
Como Aixa pensó, llorar se puede malinterpretar como un acto de debilidad y poca entereza. Pero no hay que intentar evitar el llanto cuando lo necesitamos ya que su represión es evidente que no es saludable.