Miércoles 03/01/2018.

Tecno

David, exadicto a los videojuegos: “Podía jugar hasta 100 horas a la semana al FIFA"

  • La OMS va a incluir en 2018 la adicción a los videojuegos como trastorno mental
  • "El que lo sufre no suele darse cuenta, y cuando otros se lo advierten se pone a la defensiva y lo evade”, explica la psicóloga Naiara San Miguel

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluirá en 2018 la adicción a los videojuegos como trastorno mental. Se trata de la primera actualización que sufre la Clasificación Internacional de Enfermedades desde 1990 y no ha dejado indiferente a nadie. La discusión sobre si los videojuegos podrían causar un trastorno mental patológico tiene ya gran recorrido, sin embargo, la OMS no se había posicionado hasta ahora.

La adicción al juego patológico es un problema de gran relevancia social, en España la tasa de prevalencia de la ludopatía oscila entre el 2% y el 3% de la población adulta. Y diversos investigadores están empezando a considerar la adicción extrema a los videojuegos como una forma de ludopatía, lo que incrementaría considerablemente los datos.

La población más vulnerable es aquella que se encuentra en la adolescencia y juventud temprana. “La conducta comienza cuando empiezan a hacer un uso privado de la tecnología: por ejemplo, pasan de un ordenador compartido al primer móvil personal. Al aumentar la intimidad del adolescente, el tiempo que pasa en su habitación solo o sola, puede iniciarse un uso menos controlado de la tecnología. Y esto en algunos casos puede llevar a una adicción”, explica Naiara San Miguel, psicóloga y psicoterapeuta, a teinteresa.es.

Para detectar si existe adicción la experta señala los siguientes síntomas: “En primer lugar, aumenta notablemente el número de horas jugando. A esto se suma una falta de sueño, descuido en la alimentación, aislamiento en la habitación, etc. Tratan de ocultar a la familia la cantidad de horas que juegan, mienten, evaden las preguntas y contestan con agresividad. Además, dejan de hacer sus planes habituales como salir con amigos y pasar tiempo con la familia y cae el rendimiento académico”.

Así pues, el jugador patológico o adicto a los videojuegos se caracteriza por una dependencia emocional del juego, una pérdida de control y una interferencia negativa en el funcionamiento normal de la vida de la persona. Para afrontarlo “es necesario tomar conciencia del problema. El que lo sufre no suele darse cuenta, y cuando otros se lo advierten se pone a la defensiva y lo evade”, detalla Naiara San Miguel.

En este sentido, la psicóloga hace hincapié en la importancia de contar con el apoyo familiar y una buena educación en nuevas tecnologías y adicciones, pero sobre todo “lo fundamental es descubrir por qué se ha generado esa adicción. Solo así podrá combatirse de raíz. Algunas veces es simplemente una conducta gratificante que se repite de forma abusiva por mero placer, pero otras encierra problemas como baja autoestima, inadaptación social…”.

Naiara San Miguel está de acuerdo con la decisión de la OMS. “Reconocerlo oficialmente supone una llamada de atención para que las instituciones aporten recursos para combatirla. Cuando se nombra un problema, se le pone una ‘etiqueta’ podríamos decir, empieza a existir ese concepto en la mente de todos. Y a partir de aquí se crean guías de actuación, intervenciones más específicas para este trastorno, etc. que pueden ayudar a quien lo padece. Como contrapartida, puede darse el caso de que se sobrediagnostique ese trastorno, pero eso solo podremos valorarlo más adelante”, concluye la experta.



“Llegaba a dormir dos horas u hora y media para jugar”

David tenía 15 años y era totalmente dependiente de los videojuegos. El FIFA, de fútbol, y el League of Legends (LOL), de batallas, ocupaban la mayor parte de su día a día. “Si la semana tiene 160 horas aproximadamente, pues jugaba casi 100 horas o más”, reconoce a teinteresa.es.

El joven echa la vista atrás y recuerda haberse sentido “súper mal” cuando no podía jugar. “Yo estaba en clase y cuando llegaba el recreo como tenía media hora me iba a casa, me echaba un partido y volvía”, admite David.

“En mi caso no me afectó al rendimiento escolar porque no me quitaba horas de estudio por jugar, sino horas de dormir. Llegaba a dormir solo dos horas u hora y media para pasar más tiempo jugando”, rememora. Tampoco perdió ningún amigo porque todo su grupo jugaba a videojuegos casi de forma compulsiva como él. Aunque reconoce que “si a tus amigos no les gusta eso, obviamente acabarás perdiéndolos”.

Ahora, ya no se considera un adicto a los videojuegos aunque sigue jugando. “No me desenganché. Simplemente, tanto estudiar como trabajar hacían que tuviera menos tiempo. Y me gustaba más practicar deporte y trabajar que jugar. Por eso poco a poco fui dejándolo como un hobbie y no como una necesidad”.












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