Martes 06/06/2017.

Ocio

Relato corto para pasar miedo en la noche de Halloween: El sobre

  • La noche de Halloween es para lucirse con el disfraz, con el maquillaje, intentar hacer recetas especiales, decorar la casa para la ocasión... y para pasar miedo. Para ello no vale con contar las historias de toda la vida.
  • Este es uno de los relatos de los jóvenes escritores que han ganado el certamen que cada año convoca la web excelencia literaria. Pincha aquí para leerlos todos.

Paula llevaba varios días sin poder dormir. Su hermana María había desaparecido.

Entrado octubre, recibió un sobre azul. No constaba su dirección ni el remitente.

El sobre estaba reutilizado. Se notaba en los bordes gastados. No cerraba bien del todo. En su interior descubrió una nota firmada por María: “Perdóname, tengo miedo”. Debajo, copiaba una cita del Monte de las ánimas, una de las Leyendas de Bécquer en la que la hermosa Beatriz animaba a su primo Alonso a que acudiera a ese monte, la noche de Todos los Santos, en busca de una cinta azul. Él moría devorado por los lobos y ella moría de horror al encontrar la cinta azul, desgarrada y ensangrentada, en su habitación. La frase que citaba era la siguiente: “La encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!”.

Un par de semanas más tarde hallaron el cuerpo de María. Tenía un cuchillo clavado en la frente, del que caía un reguero de sangre seca hasta el cuello. En la mano derecha asía con fuerza una cinta azul, desgarrada y ensangrentada. Paula recordó la nota y entró en un estado de pánico. Quedaban cuatro noches para el día de los difuntos…

Apenas dormía, encerrada en su habitación, mirando fijamente hacia la puerta. De vez en cuando le atrapaba un sueño ansioso y se despertaba jadeando. En la víspera de Todos los Santos recibió otro sobre azul. Con el corazón oprimido y las manos trémulas, lo abrió. Contenía una cinta del mismo color. Sintió que se le ofuscaban los ojos y se le helaban las venas. Un profundo vacío se apoderó de todo su ser… Su razón se había enturbiado, sus sentidos se tornaron paranoicos y la locura la dominó.

Redactó una nota de auxilio. No se le ocurrió otra forma de suplicar ayuda. Volvió a encerrarse en su habitación. El chasquido del pestillo la perturbó aún más. Se pasó las horas pensando cómo sobrevivir.

Con una frialdad impasible ejecutó su plan: se aseguró de que una segunda nota tardara en llegar a su destino y afrontó la noche con un sentimiento parecido a la serenidad. En su mano derecha estrujaba la cinta que había recibido en el sobre azul. En la izquierda apretaba un puñal con actitud de amenaza.

El viento sacudía la ventana. De pronto escuchó un chirrido sobre su cabeza y alzó la mirada. Un golpe en la escalera de enfrente... Murmuraban los vecinos del piso de abajo... El viento aullaba cada vez con más fuerza...

Percibió el mismo crujido detrás de la puerta. Su razón, perdida, reaccionó de una forma horrible: se clavó el cuchillo en la frente. Acto seguido, cayó desplomada sobre su cama.

A la mañana siguiente, una amiga de Paula recibió un sobre de color azul con los bordes gastados, sin dirección ni remitente. Dentro solo había una nota que decía: “Perdóname, tengo miedo”, así como una espeluznante frase recogida de una leyenda de Bécquer.

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