Domingo 13/10/2019.

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Según una experta en neurología infantil

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Los niños deben crecer "bilingües" en agua y tierra

  • “De los 0 a los 3 años es la edad de oro para que los niños sean bilingües, desarrollando sus capacidades dentro del agua al mismo tiempo que aprenden a caminar y a vivir pisando el suelo.
  • Suriol afirma que si caen al agua “no se van al fondo de la piscina como un saco sino que saben mantenerse a flote y hacen ruido para llamar la atención”.
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“De los 0 a los 3 años es la edad de oro para que los niños sean bilingües, desarrollando sus capacidades dentro del agua al mismo tiempo que aprenden a caminar y a vivir pisando el suelo”, afirma Noemí Suriol, fisioterapeuta y experta en neurología infantil.

Suriol rige el centro Lenoarmi (www.lenoarmi.com) de Barcelona –fundado por su madre, MªRosa Puigvert, en 1970- basado en el desarrollo integral del niño sobre tres pilares: ley natural, orden y armonía. Padres e hijos pasan la mayor parte del tiempo sumergidos en la piscina del centro para aprender que “no se puede tener una actividad en el agua con menores, sin una educación previa”, indica la experta.

Los niños han de conocer los hábitos de comportamiento propios del mundo acuático, por ello la experta les enseña a “tener reflejos, saber comportarse o conocer sus límites dentro del agua”. Así, Noemí les explica que por ejemplo, no pueden lanzarse a la piscina sin que su padre o su madre se lo digan. “Los espontáneos son el mayor peligro”.

Cuando un niño recibe “educación acuática”, Suriol afirma que si caen al agua “no se van al fondo de la piscina como un saco sino que saben mantenerse a flote y hacen ruido para llamar la atención”. Y recuerda que “tan sólo bastan tres minutos para que un niño se ahogue pues su pulmón se llena antes de agua que el de un adulto, además del esfuerzo físico que les supone la lucha por salir”, y tres minutos pasan muy deprisa.

Por ello, la experta afirma que “no existe el vigilamos todos, sólo existe el ¡vigilo yo!” y la persona que asume esa responsabilidad “ha de ponerse como un guardia civil”. Así, aconseja poner al niño una pulsera acuática con alarma conectada con una estación base, como la “Safety Turtle. “En cuanto el niño cae al agua, la alarma se dispara automáticamente y da tiempo a los padres a sacar al niño sin consecuencias graves”.

Algo que siempre sorprende a los expertos es la atracción que los pequeños sienten por el agua. Suriol explica que “se debe a que brilla por los rayos de sol y el agua se hace atractiva a sus ojos, además pueden moverse en completa libertad dentro de ella y todo lo que es movimiento, es muy atractivo para un niño”.

Niños “de secano” y niños “de agua”

Fruto de sus años de experiencia en el centro que rige, Noemí se ha encontrado también con dos tipos de niños: “los de secano y los de agua”, sin que su lugar de nacimiento tenga nada que ver con ello.

Para reconocerlos, explica que los niños “de secano” son los que tienen tendencia a jugar siempre fuera del agua y además algo alejados de la piscina. “Cuando tienen que lanzarse al agua, les cuesta mucho por lo que éstos difícilmente nos darán un susto, a no ser que cojan confianza con el paso del tiempo”.

Todo lo contrario de los “niños acuáticos, que se pasan horas dentro del agua jugando y cuesta mucho sacarles de la piscina”. Con éstos últimos aconseja reforzar la vigilancia evitando cualquier descuido.


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