Domingo 04/12/2016.

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La literatura francesa, otra vez de moda

  • "Mis ceniceros", de Florence Delay, recoge las cenizas de los pitillos consimidos a lo largo de una vida larga, intensa, plena.
  • Desde "Una habitación en Holanda", Pierre Bergounioux introduce al lector en la vida de René Descartes.
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  • París romántico

Un puñado de autores franceses están siendo publicados en España, en una nueva ola de interés por un país que cuenta hoy con una generación notable de figuras literarias. Más allá de los astronómicos Jean Echenoz, Patrick Modiano o Michel Houellebech (que por cierto tiene nuevo libro, "El mapa y el territorio", Anagrama), como también lo tiene Frédéric Beigbeder, "Una novela francesa", de nuevo en Anagrama, otro grupo de escritores, de perfil netamente literario, han irrumpido en el panorama editorial hispano, al hilo de la magnífica labor que están realizando un grupo de heroicas editoriales  denominadas “pequeñas”.

Así, al comienzo del verano, la editorial Demipage publicó dos pequeñas obras maestras, el ya clásico "La siesta de M. Andesmas", de Marguerite Duras y "Mis ceniceros", un libro indispensable de la indispensable Florence Delay. Por otra parte, el editor de KRK, Moisés Mori, ha publicado un extenso volumen dedicado a la autora Annie Ernaux con el sugerente título "Annie Ernaux, diario de lecturas (2005-2008)".

Ernaux tiene una obra extraña por lo directa y clara, una obra salvajemente autobiográfica y es sin duda una de las escritoras más leídas y debatidas en Francia. Resulta llamativa y saludable la presencia constante en los anaqueles de las librerías de España de otro autor peculiar, aunque por motivos bien distintos, Pascal Quignard, de quien Sexto Piso acaba de editar su interesantísimo Butes. Por último, se ha recuperado por fin a otro escritor importante de las letras galas, a Pierre Bergounioux, de quien Ediciones Alfabia ha publicado su obra B-17 G, y Minúscula Una habitación en Holanda.

En esta breve crónica me centraré un instante en este último libro, y en Mis ceniceros, el ensayo narrativo de Florence Delay.

"Una habitación en Holanda" es al mismo tiempo muchas cosas distintas, un breviario de la historia de Francia, la presentación de no pocas obsesiones intelectuales del autor, una síntesis filosófica del racionalismo, una meditación ejemplar sobre los paisajes del exilio y una biografía en desuso de la figura de René Descartes. Personalmente entré en Descartes por lo que de literario tiene su obra filosófica. Recuerdo haber leído por primera vez el 'Discurso' y haberme quedado con las descripciones que hace de su entorno.

Esas partes segunda y tercera en la que habla en efecto de dónde se encuentra y reconstruye el hilo de su pensamiento como si fuera un edificio ("para empezar a reconstruir el alojamiento en donde uno habita, no basta haberlo derribado y haber hecho acopio de materiales y de arquitectos…"). Cuánto me ha recordado siempre la alegoría del "castillo interior" de Teresa de Jesús.

Lo seguí estudiando, años después, cuando intentaba adentrarme en algunos relatos autobiográficos (Agustín, Montaigne) y en la metafísica del sueño en los autores del siglo de oro (Cervantes, Calderón, Quevedo, Sor Juana Inés). Todo eso y muchas otras cosas (la necesidad del exilio, la belleza del Norte geográfico, la agudeza de la educación jesuítica, la historia entre cristiana y bárbara de Francia, un poco a la Mauvais Sang rimabldiana) he recuperado en el excelente relato de Bergounioux.

En cuanto a "Mis ceniceros", tuve la suerte de comentarlo a fondo con la autora una tarde de mayo en Paría. Podría ser una autobiografía del narrador a través de los ceniceros que han ido recogiendo las cenizas del tabaco consumido a lo largo de una vida larga, intensa, plena. Florence Delay es de esos autores que no ha renunciado ni a la experimentación literaria, ni la brevedad del juego, ni a la levedad, ni tampoco al fuego interior que consume las vidas vividas apasionadamente.

Nadie cita ya como ella, nadie sugiere como ella, nadie respeta como ella, a nadie le gusta jugar con las cosas (también con las "serias") como a ella. Y pensar que lo ha aprendido, en buena medida, de los autores españoles (de Pepe Bergamín y de Ramón Gómez de la Serna…). ¿Alguien sigue leyéndolos por aquí? Ojalá que sí. A mí, como tantos otros horizontes vitales, me los ha descubierto ella. Con esa voz grave y delicada, de fumadora mesurada, de gran mujer, de gran persona.

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