Martes 06/11/2018.

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España pidió Gibraltar para entrar en la 1ª Guerra Mundial

  • A cambio ofrecía alguna de sus posesiones en el norte de África, aunque Inglaterra no accedió a la propuesta al tener dudas sobre la movilización del ejército español.
  • España se mantuvo neutral durante la Gran Guerra pero por su posición geográfica estratégica y su condición de mayor país europeo neutral, se convirtió en el gran escenario del espionaje internacional durante la contienda.   


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  • Primera Guerra Mundial
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Fernando García Sanz, historiador, investigador científico del CSIC, acaba de publicar ‘España en la Gran Guerra’, un libro que conmemora el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial y que es resultado del “trabajo de toda una vida”, dice, pues llega después de muchos años de investigación en distintos proyectos vinculados al CSIC que han llevado a su autor por los archivos militares y civiles de Madrid, Londres, París y Roma.

 

¿Cómo justificó España su neutralidad, de puertas adentro y ante los países en guerra?

España hizo 27 declaraciones expresas de neutralidad, tantas como países entraron en el conflicto. Por aquel entonces y a diferencia de lo que ocurre hoy en día, donde existen mil formas de entrar en guerra sin declararla – llamándolo cooperación o ayuda humanitaria –  había que declarar la guerra de modo oficial y la neutralidad también. España es neutral porque no tiene razones para entrar en guerra, no ha sufrido ofensas, ni ataques directos, ni agravios territoriales. A pesar de la neutralidad, la actitud del Gobierno frente a los países beligerantes será claramente proaliada y en concreto profrancesa. Mantener esa actitud oficial de neutralidad de cara al exterior es complicado, más aún sabiendo los contendientes como sabían, que España estaba haciendo cosas a favor de los aliados.

 

¿La neutralidad fue aceptada socialmente? ¿Hubo voces disonantes?

Hubo voces disonantes que fueron acalladas inmediatamente. En España hubo un gran respiro cuando se declaró la neutralidad porque había dudas sobre el alcance de los acuerdos a los que se había llegado antes de la guerra. Había miedo de que se hubiese firmado algo que nos arrastrase hacia ella y en ese sentido hubo un alivio general. ¿Hasta qué punto interesaba una neutralidad estricta? Aquí es donde hay voces disonantes, como el famoso artículo de Romanones ‘Neutralidades que matan’. Romanones, posiblemente desconocía el alcance de la colaboración de España con las potencias en guerra, en concreto con Francia, a la que el Gobierno de Dato había garantizado, por ejemplo, la frontera de los Pirineos.   

 

España se divide entonces en aliadófilos y germanófilos, ¿podemos entender estas dos facciones como hoy entenderíamos la división entre derecha e izquierda?

Generalmente se ha dibujado así, sobre todo relacionando a los germanófilos con los sublevados en  la guerra civil y a los aliadófilos con los republicanos. Ojalá en historia las cosas fueran tan fáciles. No obstante sí hay grupos que están claramente definidos, como la jerarquía del ejército, claramente germanófila, no así a medida que descendemos en el escalafón. La Iglesia, la jerarquía eclesiástica también es germanófila, por su aversión a Francia, que había roto relaciones con Roma a principios de siglo. Una gran parte de la aristocracia española era germanófila, sin embargo la mayoría del Partido Conservador de Eduardo Dato, era aliadófila. En realidad, no existe una división neta ni a nivel político ni tampoco geográficamente, como se ha escrito, distinguiendo un supuesto centro germanófilo de una periferia aliadófila.

 

¿Cuándo empieza a ser España un escenario de guerra?

El interés estratégico de España es absoluto y está vinculado en todo momento al propio desarrollo de la guerra. Cada gran ofensiva suponía la preparación de unos contingentes humanos impresionantes, pero también técnicos, pues la Primera Guerra Mundial fue ya una guerra tecnológica. Los ejércitos iban equipados de unos armamentos que necesitaban un abastecimiento continuo de materias primas, muchas de las cuales llegaban de España, que era el país neutral más grande de Europa. En 1915 todos los contendientes saben ya que la guerra no tiene fecha final de modo que empiezan a ser conscientes de la importancia de obtener recursos. Si los recursos llegaban de España, había que tener controlada España. Por otro lado, en estas fechas comienza la guerra submarina en el Mediterráneo y desde el primer momento todo el mundo parece tener claro que España ofrece apoyo logístico a los alemanes, por lo que se incrementa la necesidad de extender redes de espionaje que contrarresten a las alemanas. De ser un país importante, España pasa a ser un frente más de la guerra.

 

¿Tenía España esa connivencia con los alemanes?

No, no la tenía, aunque a veces España tuvo que mirar hacia otro lado para mantener su apariencia de neutralidad, sobre todo ante los abusos alemanes.

 

Alemania, Francia, Italia e Inglaterra tejen sus redes de espionaje en España, ¿quién logra ser más eficaz?

Eficaces logran serlo todos, pero se trata de redes de información nuevas, creadas ‘ex profeso’ para la guerra en su composición y en su modo de trabajar. España es un país neutral e inmenso, con miles de kilómetros de costa donde hay que empezar a trabajar desde cero en una forma de espionaje que no se conocía hasta entonces. Se aprende sobre la marcha, mediante el ensayo-error, partiendo de que toda la información es relevante. Interesa saber todo sobre España y los españoles. Entre 1915 y 1916 se instalan las redes aliadas excepto Inglaterra, que ya estaba en Gibraltar y Alemania, que ya operaba. 1916 es de aprendizaje, 1917 de consolidación y 1918 de trabajo a pleno rendimiento. El más eficaz, como ocurre en el fútbol, es el que gana, en este caso los aliados.

 

¿Se trataba de un trabajo diplomático o de un trabajo de campo?

Los servicios de información dependen de los Estados Mayores y se surten de los agregados militares o navales que ya operan en el país. Estos agregados se convertirán en los jefes de los servicios secretos de una forma natural y sus estructuras se harán tan grandes que empezarán a operar de forma autónoma en vez de servir jerárquicamente a sus embajadas. Esto quiere decir que se convierten en verdaderos servicios secretos. 

 

¿Cómo eran estos espías? ¿Puede poner un ejemplo de espía arquetípico?

Sin duda el Barón Rolland, fue el prototipo del malo malísimo de la película. Dirige la red de Barcelona y no tiene escrúpulos ante nada. Es de ‘gatillo fácil’, recluta a mujeres para robar documentos a marineros, frecuenta los cabarets y locales de moda, siempre desde un reservado donde recibe a gente y ordena su estrategia. Además le gustaba disfrazarse y era muy excesivo en su carácter y en su apariencia, lleno de joyas. Tiene comprada a la policía española y para más inri, al final de la guerra decide cambiar de bando y los franceses aceptan. Es un hombre que tiene muchos muertos a sus espaldas y que para ganarse el favor de los franceses les dio algunos de los nombres de los agentes alemanes aún en activo en territorio francés, lo que era condenarles literalmente a muerte. Es un personaje muy completo…

 

También era habitual que reclutasen efectivos entre los españoles, ¿no es así?

Los españoles que trabajaron para servicios secretos extranjeros son incontables y lo hacían habitualmente por dinero, formando la base o la primera línea de estos servicios secretos. Uno de los más conocidos fue Bravo Portillo, puesto que era un policía de alta graduación. Su carrera fue fulgurante, pasó oposiciones con el número uno y aparentemente no tenía motivos para servir como espía puesto que era un policía brillante. Su muerte sigue siendo un misterio y no está claro si lo mataron los anarquistas en busca de venganza – Portillo era la mano armada de la patronal barcelonesa – o la propia policía, pues iba a declarar en la reapertura de su juicio por actividades de espionaje y parece ser que estaba dispuesto a tirar de la manta. No son teorías conspirativas y su asesinato entra dentro de estas coordenadas. Entre otras cosas, Bravo Portillo podía declarar que al mismo tiempo que trabajaba para los alemanes, informaba también a las autoridades españolas.

 

Las mujeres fatales estilo Mata-Hari también abundaban, ¿no es así?

Si lo pensamos bien, el mayor desastre es Mata-Hari. Era muy conocida, antes incluso de que la mataran, era una de las estrellas del espectáculo de la época. Su muerte y la película de 1930 protagonizada por Greta Garbo la convirtieron en un mito pero aquel mito tapó a todas aquellas mujeres espías que sí fueron buenas y de hecho, nunca fueron descubiertas. Estas espías eran muy importantes y su papel variaba mucho en función de su nivel cultural o su posición social pero todas eran útiles, desde la camarera del cabaret hasta Pilar Millán Astray, dama de la alta sociedad y hermana del fundador de la Legión.

 

España se convierte en proveedora de las potencias en guerra pero también necesitará y echará en falta los productos de los que era receptora en tiempos de paz, ¿cómo lleva el país esa precariedad de la economía de guerra?

Los tratados de comercio saltan por los aires y toda la economía se distorsiona. Los países se centran en los productos que necesitan para la guerra y los que antes producían para el comercio se dejan de hacer o se hacen en cantidades menores, por tanto sube el precio. En general, el comercio durante la guerra fue un intercambio directo de intereses, algo así como “te doy para que tú me des”. Cada transacción implicaba una ardua negociación y en ese mercadeo, España salió perdiendo casi siempre. España necesitaba azufre para la agricultura y lo importaba de Italia, pero también necesitaba algodón para abastecer a la industria catalana. Además necesitaba petróleo americano y carbón inglés. No obstante, los productos que ofrecía también eran importantes y estaban relacionados directamente con la guerra, como las piritas de Huelva, el plomo, el wolframio…  

 

¿Le cuesta a España mantener su neutralidad a lo largo de la guerra?

España no era neutral, el paso que no da es el de la declaración de guerra, pero su posición era aliadófila. En todo caso, por no dar ese paso decisivo, se ve sometida a múltiples presiones por las dos partes. En 1917 España prohíbe la entrada de submarinos y buques de guerra en aguas territoriales y puertos. España argumenta y presenta la norma como producto de su neutralidad, pero la realidad es que está sometida al ultimátum de Francia e Inglaterra, que quieren impedir que siga haciendo la vista gorda con los submarinos alemanes. La amenaza es muy seria y Francia está dispuesta a declarar las aguas territoriales españolas zona de guerra. No hay que olvidar que en la cabeza de los países beligerantes está su propio desastre y la enorme cantidad de bajas que sufren en el frente.  

 

¿Estuvo España en algún momento a punto de entrar en la guerra? ¿Hubiera sido su entrada determinante?

Determinante no lo creo porque habría seguido haciendo lo mismo que hizo. España sólo tenía una posibilidad de entrar en guerra que hubiera sido entrar de la mano de los aliados, de hecho lo intentó o al menos se habló de ello. Cuando Alemania declara la guerra submarina a ultranza, el impacto se prevé tan grande que se especula con la entrada de España en la guerra y habla de ello en París, pero exige tales compensaciones que, analizadas por franceses y británicos, deciden que no compensa. Una de aquellas reivindicaciones era Gibraltar, pero había otras como Tánger y el control de Portugal. Los ingleses llegaron a crear una comisión para decidir sobre esto y el Ejército estaba a favor.  España ofrece a cambio un territorio en el norte de África para que Inglaterra mantenga su salida al mediterráneo. Finalmente, Inglaterra resuelve que no le interesa la entrada de España en la guerra porque todo lo que necesitan de nuestro país ya lo tienen y la movilización del ejército español era una incógnita.

 

¿Mejora España tras la guerra, gana respeto o presencia internacional o peso económico?

Se enriqueció el Banco de España, que incrementó extraordinariamente sus reservas de oro, se enriquecieron muchos comerciantes, se enriquecieron los contrabandistas, el primero de ellos Juan March, que vio crecer así su fortuna, pero muchos españoles pasaron hambre y hubo desabastecimiento de muchos productos de consumo básico. A la vista de todo esto, ¿podemos seguir diciendo, como se ha afirmado a menudo, que el prestigio internacional de España mejoró tras la guerra, cuando ya todos los países habían desnudado a España, la habían radiografiado y lo que es más importante, sabían hasta donde era capaz de llegar, sabían que podía ser sometida a presiones increíbles y que no se iba a mover?     


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