Sábado 28/10/2017.

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El Este de la UE exige la misma calidad en los productos que hay en el Oeste

La misma galleta, de la misma marca, tiene más chocolate si se compra en Viena que en Bratislava. La misma gaseosa que es endulzada con azúcar en Berlín, tiene acesulfamo en Praga. Ese es el doble estándar de calidad que denuncian los países del Este de la UE y cuyo fin reclaman.
  • El Este de la UE exige la misma calidad en los productos que hay en el Oeste EFE

La misma galleta, de la misma marca, tiene más chocolate si se compra en Viena que en Bratislava. La misma gaseosa que es endulzada con azúcar en Berlín, tiene acesulfamo en Praga. Ese es el doble estándar de calidad que denuncian los países del Este de la UE y cuyo fin reclaman.

Esa diferencia de la calidad, aunque en muchas ocasiones no en el precio, de numerosos productos ha unido a los países del Grupo de Visegrado -Chequia, Eslovaquia, Polonia y Hungría-, para pedir a la Comisión Europea que tome cartas en el asunto.

El asunto fue tratado ayer jueves en la cumbre que celebraron en Varsovia estos cuatro socios comunitarios, que consideran que ese doble estándar socava la confianza del consumidor en la Unión Europea.

También las asociaciones de consumidores checas consideran que Bruselas debería actuar ante lo que valoran como un engaño al usuario, que ve el mismo envase y marca, pero se encuentra con otra cosa, aunque al mismo precio o superior.

"La Comisión Europea debería hacer un análisis en la esfera de la doble calidad de los alimentos y debería también proponer cambios legislativos concretos, para evitar que el consumidor sea engañado", declara a Efe Marcela Reichelová, presidenta de la Asociación de Defensa del Consumidor de Ostrava y Silesia (SOS).

Un estudio de 2015 realizado por la Facultad de Química y Tecnología de la Universidad de Praga, y que ha sido remitido al Ministerio de Agricultura de la República Checa, expone una larga lista de ejemplos de ese doble baremo.

El reporte asegura que los refrescos de la marca Sprite se endulzan con jarabe de fructosa y glucosa y edulcorantes artificiales como el aspartamo y acesulfamo, mientras que en Alemania se usa azúcar natural.

El té helado de Nestea, por su parte, tiene un 40 % menos de extracto de esa infusión que el mismo producto alemán.

Varitas de pescado Iglo con un 7 % menos de pescado o galletas Manner que en Eslovaquia o Hungría tienen menos chocolate y son menos crujientes, son algunos ejemplos más de lo que los Gobiernos y los consumidores de Europa del Este consideran un agravio comparativo.

Margarina con menos grasa, café con más cafeína o detergentes menos efectivos, son más ejemplos que usan los consumidores.

"En el jabón líquido de la marca Lenor se detectan diferencias en la intensidad y duración de la fragancia en los suavizantes y en la limpieza de las prendas tras el lavado en la versión checa y alemana del producto", denuncia Reichelová.

Esto hace que muchos consumidores checos que tienen ingresos en euros y viven cerca de la frontera vayan a Alemania, "aunque el motivo no sea tanto la diferencia de calidad sino los menores precios de los productos allí", asegura.

La denuncia de los consumidores se da también a niveles institucionales.

El ministro húngaro de Agricultura, Sándor Fazekas, dijo recientemente que "Hungría rechaza el doble rasero".

La autoridad de sanidad alimenticia del país, Nébih, inició hace dos semanas un análisis que incluye más de 100 productos para cerciorarse del alcance del problema.

Un análisis anterior de ese organismo determinó que, por ejemplo, la Coca-Cola que se vende en Hungría contiene un 0,6 % más de azúcares que en su versión austríaca, o que la crema de avellanas Nutella es más suave y cremosa en el país alpino.

Algunas empresas, como Nestlé, han reaccionado asegurando que no hay diferencias entre los productos y que se elaboran en las mismas fábricas.

Coca-Cola, por su parte, reconoció que puede haber diferencias en el gusto de sus productos en los diferentes países y en el caso concreto de Hungría la empresa explicó esas diferencias con que se usan edulcorantes distintos.

Danone también ha admitido que en algunos productos puede haber diferencias, ya que "se adaptan a los gustos locales".

"Es inaceptable que algunas multinacionales comercialicen productos de peor calidad en los países de Europa Central y del Este" denunció recientemente el ministro Fazekas.

El titular húngaro de Gobernación, János Lázár, ha llegado a afirmar que "algunas de las multinacionales deberían abandonar el país en vez de arrojar su basura alimenticia en Hungría".

Para el Gobierno checo, se trata de un problema más ético que sanitario.

"Es algo poco ético frente a los consumidores que algunos países sean discriminados de esta manera. Estas prácticas de doble calidad pueden alterar la confianza de parte de los consumidores en el mercado único de la UE", explica a Efe Markéta Jezková, portavoz del Ministerio de Agricultura de la República Checa.

"Es inaceptable, y apelamos a la negociación en la UE para que los productos con el mismo nombre, sin perjuicio para la región o el país, tengan la misma calidad para cada consumidor", apostilla la portavoz.

Gustavo Monge y Marcelo Nagy

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