Lunes 05/11/2018.

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Producen dermatitis, rinitis y asma

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Las orugas procesionarias, la plaga más peligrosa en España

  • Una vez han llegado al suelo, lo único que se puede hacer es esquivarlas para no tocarlas.
  • Los más sensibles a los alérgenos repletos de veneno que expulsan estos “bichos” pueden sufrir rinitis y asmas.
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El final del invierno siempre se caracteriza por la aparición de la oruga procesionaria. Este insecto es la mayor plaga que invade España durante uno o dos meses y la que más daños provoca en las personas y animales de compañía.

El simple contacto con ella puede ser “muy peligrosa para el hombre" y "muy tóxica para los animales domésticos”, según el presidente de presidente de la Asociación Empresarial de Sanidad Ambiental de la Comunidad de Madrid (AESAM) y miembro de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional de Empresarias de Control de Plagas (ANECPLA), Francisco Macías.

¿Qué las hace tan peligrosas? La oruga procesionaria está rodeada por unos “pelillos muy urticantes” que provocan reacciones alérgicas fuertes. “En muchas ocasiones, no hace falta tener contacto con la oruga para sufrir una reacción. El propio viento expande estos pelitos, llamados tricomas, que llega a las personas”, explica Macías.

Dermatitis, granitos que escuecen y pican, es la reacción más típica al contacto con las orugas. “Hay veces que puede causar pluritos o ampollas, pero esto es mucho más raro”, destaca el presidente de la AESAM. Es importante ir rápidamente a urgencias para ponerle remedio a la reacción, que se suele tratar a base de antihistamínicos y antiinflamatorios, despareciendo uno o dos días después. En casos más graves el médico puede recetar corticoides.

Los más sensibles a los alérgenos repletos de veneno que expulsan estos “bichos” pueden sufrir rinitis y asmas, síntomas parecidos a los de la alergia al polen o los ácaros, típicos también con la llegada de la primavera y que se pueden llegar a confundir.

Las zonas urbanas y de monte pobladas con pinos, abetos y cedros son las más afectadas por la oruga procesionaria. Las mariposas adultas posan sus huevos en las copas de estos árboles en verano y se desarrollan durante meses en nidos muy altos, lo que hace difícil combatirlas, tal y como señala Macías.

Niños y perros, sus principales víctimas

El miembro de la Junta de Gobierno de  ANECPLA cuenta que estos animales tienen un color anaranjado o amarillento que llama mucho la atención. Además, las largas filas que forman, de ahí su nombre por la forma de procesión, hace que no pasen inadvertidas y sean muy visibles.

Precisamente su color es lo que las hace atractivas a la vista de los más pequeños. “Los niños, con su afán de tocar todo lo que se encuentran y su inocencia, no ven el peligro que puede llevar manipularlas”.

En esta época los padres tienen que estar muy pendientes de lo que sus hijos tocan en el suelo, ya que al mínimo despiste pueden estar tocando una oruga y ir directo a urgencias.

Los perros, “curiosos por naturaleza”, también son una de las grandes víctimas. Su instinto les lleva a olfatear todo lo que ven e incluso a metérselo en la boca, lo que les produce serios daños en la boca y el hocico, como la necrosis, enfermedad con la que pueden perder parte de la lengua.

Una vez son adultas, poco se puede hacer por acabar con ellas

Macías explica que hay tres formas de acabar con ellas antes de que eclosionen. La primera está centrada en las mariposas, que son las que ponen los huevos en verano. “Se colocan trampas de feromonas sexuales que confunden a las mariposas e impiden que se reproduzcan”.

La siguiente medida llega con el otoño. El presidente de la AESAM señala que “al no poder usarse productos químicos agresivos que afecten a otros insectos y los árboles por el Real Decreto 13/11 de 2012, hay que basarse en tratamientos biológicos y sostenibles”. En septiembre, octubre y noviembre se fumiga las copas de abetos, pinos y cedros con unos “bacilos que atacan a la larva pequeña, único momento en el que es más sensible y el producto puede acabar con ella”.

Una vez que la oruga ha crecido es muy difícil frenarla. Cuando bajan hacia el suelo, se pueden poner en los troncos “unos anillos cubiertos con hojarasca y tierra para que crean que han llegado al suelo y se introduzcan en él para prepararse a la eclosión. Una vez que hay muchas dentro, se cierra y se quema, acabando con la vida de estos insectos”.

El problema está cuando llegan al suelo, momento en el que poco se puede hacer más que tener precaución de no tocarlas y avisar a los ayuntamientos en el caso de que haya muchas y sean peligrosas para andar por la calle.

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