Domingo 01/10/2017.

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Los visitantes del Parque Natural del Saja-Besaya disfrutan de los primeros días de la berrea

  • Es la técnica de cortejo de los ciervos para atraer a las hembras mediante berridos
  • Para poder escuchar los berridos es necesario trasnochar o madrugar, ya que el rito se produce durante la noche

La bajada de temperaturas característica de la llegada otoño trae consigo una peculiar música de viento a los montes del Parque Natural del Saja-Besaya, en Cantabria, donde los venados inician su rito de apareamiento conocido como la berrea.

La berrea es la técnica de cortejo de los ciervos para atraer a las hembras mediante berridos, aunque estos animales también utilizan, en ocasiones, sus cornamentas para intimidar a otros machos o impresionar a las ciervas.

Los machos ganadores de estas pugnas reúnen sus propios harenes para las montas, aunque deben seguir protegiéndolas durante el tiempo que dure este proceso, que suele ser cerca de unas dos semanas.

Sin embargo, para poder escuchar los berridos es necesario trasnochar o, como poco, madrugar, ya que este rito se produce durante la noche principalmente.

"Gritos cada dos segundos"

El guía del programa de uso público de espacios naturales "Naturea Cantabria" David Moro explica que una noche de berrea puede ser frenética, con "gritos cada dos segundos".

Ese "berreo", unido al desgaste que supone mantener al grupo de hembras junto y sus respectivas montas, provoca que los venados pierdan durante estas semanas mucha energía e, incluso, peso.

Los venados más jóvenes y los más mayores, que no pueden competir con los adultos por tener menor musculatura y un astado menos fornido, disfrutan de "la segunda berrea", toda vez que los adultos ya han montado a las mejores hembras, como precisa David Moro.

La berrea es un proceso de selección natural, por el que los mejores machos consiguen a hembras con el objetivo de asegurar la continuidad de la especie con las máximas garantías posibles.

El cortejo de los cérvidos cántabros se da en un entorno con abundante comida en forma de vegetación, agua y lugares húmedos para refugiarse durante el día, lo que convierte al Parque Natural Saja-Besaya en el paraje perfecto para estas relaciones endogámicas.

Se puede decir que los ciervos de esta zona no tienen ni problemas de altura ni vértigo, ya que se les puede encontrar en zonas que oscilan entre los 300 hasta los 1.300 metros, donde comparten hábitat con vecinos como la liebre, el zorro o el lobo, además de animales de uso ganadero y múltiples especies de aves.

El paraiso del ciervo

Durante la época de celo los machos mantienen un carácter agresivo y, cuando dos de ellos se encuentran, pueden llegar a pelearse con sus astados convirtiéndose estos en un arma de doble filo.

"A veces se enganchan y los dos mueren de hambre" señala Moro, quien añade que habitualmente "intentan evitar la confrontación" por resultar perjudicial para ambos.

El guía natural recuerda también cómo fue necesario reintroducir en el parque natural, durante los años 60, un grupo de ciervos procedentes de los Montes de Toledo después de que se redujera el número de ejemplares en la zona del Saja-Besaya hasta casi desaparecer.

Sin embargo, las berreas han dado sus frutos desde entonces, ya que hoy en día la situación del ciervo en Cantabria no muestra problemas de supervivencia e incluso algunos años es necesario que se lleve a cabo un descaste.

El descaste es una forma de controlar la población de una especie mediante la caza, que en el caso de los cérvidos suele realizarse mayoritariamente sobre las hembras. La edad máxima que suele alcanzar un venado es de doce años, mientras que las ciervas pueden vivir hasta los veinte.

Esta cacería sucede de vez en cuando porque el ciervo cántabro no cuenta con un depredador natural que pueda "mantener a raya" un número adecuado de berreantes para sostener el ecosistema. Por ejemplo, Moro considera que no hay lobos -ni otros depredadores- suficientes para controlar la población de ciervos.

Se sabe que la berrea está llegando a su fin cuando, según señala Moro, los machos "ya se dedican a pastar y las hembras "se desperdigan" y dejan de ir juntas en grupos, lo que suponen pruebas inequívocas de que las brañas del Saja-Besaya están volviendo a la calma y al silencio habitual.

Con la brama final empieza el periodo de espera, que terminará en 235 días con el nacimiento de un cervatillo -casi siempre uno, porque los partos múltiples son infrecuentes-, aunque en un año se volverán a escuchar los berridos de unos animales con un encanto especial para seducir berreando.

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