Jueves 31/01/2019.

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Las 5 claves del informe 'Los bosques después del fuego'

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WWF denuncia la falta de efectividad en prevención de incendios a largo plazo

  • WWF explica que la restauración forestal es clave en la recuperación ya que los incendios se pueden apagar 20 años antes de que se produzcan.
  • Los incendios en España suponen un gasto de 1.800 millones de euros cada año, además de la pérdida de vidas humanas que lleva consigo.
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  • 'Los bosques después del fuego', informe de sobre restauración forestal de WWF
  • Reforestación de la Serra de Tramuntana

La campaña contra incendios ha comenzado ya en la mayor parte de España. Este año, la preocupación se ha centrado en la zona del Levante, debido a la sequía que ha sufrido la comunidad y las altas temperaturas que se esperan para este verano. La ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, presentaba este martes un presupuesto para extinción y prevención de incendios similar al de 2013, de 79 millones.

Sin embargo, la campaña contra incendios tiene otro eje, además de la extinción y la prevención: la recuperación forestal, que si se hace correctamente, puede evitar los incendios a largo plazo. “Los incendios no sólo se apagan en invierno, también se pueden apagar 20 años antes de que se produzcan”. Esta es la máxima del Fondo Mundial para la Naturaleza, más conocido por sus siglas WWF, que este miércoles ha presentado Los bosques después del fuego, un informe en el que evalúa la capacidad recuperación y prevención en materia de incendios en España.

La ONG realiza un análisis exhaustivo de las estrategias que se han seguido durante los últimos años en la recuperación de bosques calcinados en España que, además de ir asociados a la pérdida de vidas humanas, suponen un gasto de 1.800 millones de euros cada año. Aunque los proyectos de extinción son necesarios, desde WWF piden al Gobierno que se involucre en mayor medida en la recuperación de las zonas afectadas, así como en su análisis y seguimiento a largo plazo. Estas son las cinco claves para entender el informe:

1. Bosques abandonados, incendios seguros

Desde WWF denuncian la falta de políticas territoriales que apuestan por la conservación y aprovechamiento de los bosques, que se quedan abandonados después de dejar de formar parte de actividades forestales y agrarias.

Si no existe ninguna política que abogue por conservar, mantener y sacar provecho de los terrenos que ya no sirven para explotación agraria o forestal, como la maderera, este territorio queda abandonado y, con ello, se convierte en una zona con más posibilidades de sufrir incendios de alta intensidad.

2. Los mejores cortafuegos son los propios bosques autóctonos, mixtos y desiguales

El segundo de los puntos clave en el que se enfoca el estudio del Fondo Mundial por la Naturaleza es la ineficacia de los cortafuegos. Según WWF, “la prevención de los incendios no puede únicamente basarse en cortafuegos y operativos de extinción”.

Desde el momento en el que los cortafuegos se han convertido en una medida obsoleta, WWF aboga por aumentar la partida presupuestaria destinada a la recuperación forestal, factor clave en la prevención a largo plazo. En este sentido, la principal apuesta en esta materia es la de favorecer los bosques autóctonos, mixtos e irregulares.

¿Cuál es la razón? Diana Colomina, coordinadora de restauración de WWF, explica que las repoblaciones suelen ser del mismo tipo de especie y se suelen plantar a la vez, por lo que su edad y, por consiguiente, su altura, son similares. Esto favorece la extensión de un incendio en caso de que se genere.

Al contrario, si existen diferentes tipos de especies, de diferentes alturas, extendidos de forma irregular pueden actuar como cortafuegos naturales. Por ejemplo, en el caso de que se dé un incendio de copas, se detendrá en cuanto una masa arbolada tenga un tamaño inferior.

3. Hay que modificar los patrones forestales

Entre algunas de las recomendaciones que envía WWF a través de su informe se encuentra la de modificar los patrones forestales. En este sentido, la ONG insta a las administraciones a promover diferentes estrategias que modifiquen los patrones forestales para disminuir el riesgo de incendio en un futuro.

Este tipo de estrategias se basan en modelos que combinan, por un lado, el rédito económico de los bosques y, por el otro, los valores y servicios ambientales y sociales de estos terrenos. De este modo, dando más valor, económico y social, a los territorios arbolados se aumenta su protección por lo que se evitan los incendios.

4. Restauración eficaz: menos repoblación y más regeneración

La responsable de la campaña de bosques y autora del informe de WWF, Lourdes Hernández, ha denunciado en la presentación del informe que la mayor parte de los programas de restauración que se llevan a cabo desde las administraciones acaban siendo “ineficaces” y que no contribuyen a paliar el azote de los grandes incendios.

En este sentido, es necesario desarrollar una adecuada planificación para restaurar cualquier sistema incendiado, principalmente donde “se prevean episodios de erosión, escorrentía o en los que la cubierta vegetal no sea capaz de regenerarse a sí misma”. Y estos sistemas no tienen que centrarse únicamente en la repoblación, ya que, de hecho, no sirve de nada. A la repoblación sólo debería recurrirse en caso de que la autorregeneración no sea posible.

Eso sí, en cualquier caso es necesario analizar y definir, después de que un ecosistema se evea afectado, cuál es el tipo de monte que queremos restaurar con el objetivo de buscar zonas más resistentes en el futuro.

5. Modificar las políticas y pensar en el coste económico

Este es el punto inicial y final del informe de WWF, ya que toda prevención, extinción y restauración viene de las partidas presupuestarias que a ello se destinen. En este sentido, WWF hace hincapié en la mala gestión presupuestaria de incendios, ya que considera que “las administraciones públicas perciben las labores de prevención y restauración como un gasto y no como la inversión a futuro que son”.

De hecho, la media que se suele destinar a extinción es de unos 51 millones de euros anuales, mientras que a la prevención se dedican en torno a 18 millones y a la restauración, sólo nueve. Así, WWF pide que se igualen estas políticas y se destine más dinero a la restauración, que acaba siendo una inversión a largo plazo.

Aunque valoran que el Gobierno siga poniendo muchos esfuerzos en las tareas de extinción, "algo que es fundamental" siguen creyendo que “las prioridades están descompensadas", porque las reducciones presupuestarias han afectado a la prevención pero no a la extinción. Donde más se ha notado ha sido, precisamente, en Andalucía, donde se han reducido 10 millones de euros en prevención de incendios aunque “ni un solo céntimo” en extinción. 


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