Lunes 25/09/2017.

Tecno

Ellos sí tienen un sexto sentido: los cíborg ya son una realidad y son españoles

  • Harbisson es el primer humano reconocido por un Gobierno como cíborg
  • Moon Ribas desarrolla su performance apoyada de su sensor de terremotos
  • La compañía Cyborg Nest ya comercializa el "North Sense"

“Nos imaginamos dentro de 50 años en un bar, y en lugar de preguntar de dónde somos que nos pregunten qué sentido tenemos”, reflexiona Moon Ribas, coreógrafa contemporánea y cofundadora de la Fundación Cyborg. Junto con Neil Harbisson son las primeras personas de este planeta que poseen un organismo cibernético que mejora sus capacidades humanas. Ellos han decidido cambiar su percepción de la realidad a través de la tecnología. Pero no están solos: cada vez hay menos prejuicios sobre este asunto y cientos de personas ya piden información para incorporar nuevos sentidos en su cuerpo.

Durante miles de años la especie humana ha ido evolucionando y adaptándose al entorno para poder subsistir. Sin embargo, lo que plantean estos dos jóvenes catalanes va mucho más allá. En lugar de cambiar el contexto, tanto Neil como Moon se han modificado ellos mismos, quién sabe si para poder sobrevivir en tiempos no muy lejanos. “Si cada persona se incorporase una visión nocturna en vez de generar luz artificial, podríamos eliminar muchas cosas que no son buenas para el medio ambiente”, afirma Neil Harbisson. Él está muy convencido de que el futuro del hombre pasa por la integración de nuevos órganos artificiales: “Estamos ante la posibilidad de mejorar la convivencia entre nosotros y, sobre todo, con otras especies”.

El caso de Harbisson es especial. Es el primero en el mundo en ser reconocido oficialmente como cíborg. En 2014, el Gobierno británico le prohibió renovar su pasaporte porque, según las normas establecidas, no podía aparecer con aparatos electrónicos en la fotografía de su documento de identidad. Neil les contestó que la antena que poseía en su cabeza debía ser reconocida como parte suya, que la sentía como propia. Semanas más tarde -ayudado por amigos y médicos- el Ejecutivo reconoció la antena como un elemento de su cuerpo.


Un ‘sexto sentido’

Cualquiera se extrañaría al escuchar sus historias, incluso las propias familias lo hicieron cuando comenzaron a sumergirse en esta experiencia. Solo hay que ponerse en la piel de un chico de 20 años que, en 2004, le dice a su madre que va incorporar una antena a su cabeza. “Imagínate, en aquella época la gente hablaba de los problemas que causaban las antenas”, apunta Harbisson. Pero ahora ya están acostumbrados: “Lo ven normal”.

Los dos están muy orgullosos de su ‘sexto sentido’. En el caso de Neil es su antena. El sensor transforma la frecuencia de luz en códigos de sonido y le permite percibir colores visibles e invisibles como infrarrojos y ultravioletas. Cada color tiene su propia vibración y se dirige directamente a su cerebro. Además, si la enchufa a Internet puede recibir colores desde el espacio -se conecta todos los días con la Estación Espacial Internacional (ISS)-, así como imágenes de amigos en otros continentes, vídeos, música o llamadas telefónicas directamente a su cabeza.

“Unirme a la Estación Espacial y visualizar el espacio exterior es muy especial. Sentir de golpe cómo tienes un sentido fuera de este planeta me produce una profunda emoción. También el hecho de que mis amigos puedan colorear mis sueños”, afirma Harbisson. En este sentido, la antena recibe imágenes de conocidos suyos que se encuentran albergados a lo largo de los cinco continentes. Por ejemplo, si alguien le envía colores azules mientras duerme, Harbisson puede llegar a soñar con el mar. Aunque no todo es siempre tan fabuloso. “Alguna vez son un poco cabroncetes, sobre todo si van borrachos”, matiza.

¿Cómo llevarías sentir un terremoto cada vez que surge en cualquier parte del mundo? Para Moon Ribas es como tener dos corazones: “Siento que tengo mi propio latido y el latido de la Tierra en mi brazo, que tiene su propio ritmo”. A ella le costó acostumbrarse, ya que disponer de un elemento en constante movimiento le despertaba en mitad de la noche. “Ahora ya forma parte de mí y me noto conectada a la naturaleza”, esgrime con entusiasmo.

Moon es coreógrafa contemporánea y también de Mataró (Barcelona), como Neil Harbisson. Ambos estudiaron en el Dartington College of Arts (Inglaterra) y se tomaron muy en serio la recomendación que allí les hicieron: “Nos animaban a utilizar la tecnología en el arte y, más que crear arte con la tecnología, nos interesó convertirnos en tecnología y entonces crear arte”. Ribas en el ámbito de la danza, mientras que Harbisson en la composición musical.

La performance de Moon consiste en desarrollar su sentido sísmico, al percibir el movimiento de los terremotos en tiempo real y después traducirlos en el escenario. Para ello tiene incorporado un chip debajo del brazo. Su pieza principal se llama ‘Waiting for Earthquakes’, donde ella espera a que un terremoto ocurra. Cuando esto sucede se mueve de acuerdo a la intensidad de la fricción, por lo que si no hay terremotos no habrá danza.


Pero no se conforman…

Neil y Moon son únicos. Existen otras personas que tienen implantados chips para utilizarlos como extensiones de su propio cuerpo (output): mandos inalámbricos, tarjetas de crédito… Ellos emplean la tecnología como input, es decir, para recibir algo. Llegar a dar este paso, a su juicio, es transcendental. “Todo es absurdo cuando te das cuenta de lo insignificante que es todo aquello que percibías”, subraya Harbisson.

No obstante, ninguno de los dos tiene pensado quedarse así. Ya planean proyectos para instalarse o mejorar sus sentidos tecnológicos. Moon Ribas quiere imitar a Harbisson y salir al espacio. El siguiente paso es conectarse con la Luna, aunque antes busca modificar la percepción de los terremotos de su brazo a los pies y notar su localización, es decir, según su duración saber si están lejos o cerca de donde se encuentra.

La idea de Harbisson, como todo lo que ha hecho anteriormente, es revolucionaria. En estos momentos se encuentra diseñando un nuevo sentido del tiempo. “Estoy esbozando lo que será un nuevo órgano dentro de mi cabeza, entre la piel y el hueso. Circular como una corona. Su objetivo es notar el calor alrededor del cráneo a medida que avanzan las 24 horas diarias. Por tanto, dependiendo de dónde note el calor, sabré la hora que es”, explica emocionado. Esta cuestión se convierte en algo más subliminal, en una percepción del tiempo. Lo que quiere es controlar el tiempo, percatarse si pasa más deprisa o más despacio. “Es llevar la Teoría de la Relatividad a un órgano y saber si algún día podremos dominar el tiempo”, enfatiza.

Cientos de personas ya se han interesado por este estilo de vida. Hay empresas que ofertan en Internet integrar en humanos un sexto sentido, es el llamado “Sentimiento del Norte” que consiste en notar el campo magnético del planeta. El chip vibra cada vez que el individuo se encare al Norte y creará una sensación de la orientación hasta ahora desconocida. La compañía Cyborg Nest lo comercializa


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