La historia del monstruo de Amstetten, en imágenes

  • Así era el zulo en el que Elisabeth Fritzl fue violada 3.000 veces

    Así era el zulo en el que Elisabeth Fritzl fue violada 3.000 veces

    Los cálculos que la propia Elisabeth hizo al salir del zulo de cuántas veces habría podido haber sido violada por su padre llevan a una estimación de 3.000 en los 24 años que pasó encerrada en este zulo.

    La mazmorra llegó a medir 55 metros cuadrados, aunque los primeros años vivió en una estancia de  20 metros cuadrados, y los primeros meses, atada con unan cuerda que le daba justo para ir al baño.

    Con los años, Fritzl fue acondicionando la mazmorra para la vida de su segunda familia. Añadió una habitación, llevó una lavadora, nevera, radio y televisión… Les bajaba comida, plantas, ropa de cama…

    Al zulo se accedía a través de una puerta de hormigón que  se abría mediante un mando a distancia, con un sofisticado sistema electrónico que el mismo Fritzl había ideado. Después había un habitáculo, donde situó la lavadora pocos años antes de descubrirse el horror, que había insonorizado para amortiguar los ruidos.

    A través de un pasillo de 60 cm de ancho y cinco metros de largo se accedía a la habitación ampliada, en la que dormían los hijos. Un dormitorio de 9 metros cuadrados que, mediante otro pasillo, daba acceso a la sala-comedor-cocina-baño.

    Y por un pasillo se llegaba al cuarto de Elisabeth, donde Fritzl la violaba y donde puso una tele. El zulo estaba poco iluminado, aunque Elisabeth le pidió a su padre que pusiera luces ultravioletas y les bajara vitamina D para paliar los efectos de la carencia de luz solar.

Así era el zulo en el que Elisabeth Fritzl fue violada 3.000 veces

Los cálculos que la propia Elisabeth hizo al salir del zulo de cuántas veces habría podido haber sido violada por su padre llevan a una estimación de 3.000 en los 24 años que pasó encerrada en este zulo.

La mazmorra llegó a medir 55 metros cuadrados, aunque los primeros años vivió en una estancia de  20 metros cuadrados, y los primeros meses, atada con unan cuerda que le daba justo para ir al baño.

Con los años, Fritzl fue acondicionando la mazmorra para la vida de su segunda familia. Añadió una habitación, llevó una lavadora, nevera, radio y televisión… Les bajaba comida, plantas, ropa de cama…

Al zulo se accedía a través de una puerta de hormigón que  se abría mediante un mando a distancia, con un sofisticado sistema electrónico que el mismo Fritzl había ideado. Después había un habitáculo, donde situó la lavadora pocos años antes de descubrirse el horror, que había insonorizado para amortiguar los ruidos.

A través de un pasillo de 60 cm de ancho y cinco metros de largo se accedía a la habitación ampliada, en la que dormían los hijos. Un dormitorio de 9 metros cuadrados que, mediante otro pasillo, daba acceso a la sala-comedor-cocina-baño.

Y por un pasillo se llegaba al cuarto de Elisabeth, donde Fritzl la violaba y donde puso una tele. El zulo estaba poco iluminado, aunque Elisabeth le pidió a su padre que pusiera luces ultravioletas y les bajara vitamina D para paliar los efectos de la carencia de luz solar.

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