Domingo 29/10/2017.

Vivir con VIH

Salud

“Tuve que renunciar a mi trabajo por el VIH y eso fue lo más doloroso”

  • A Wifer, un canario de 57 años, le diagnosticaron el virus hace 14 años: “En aquella época tener VIH era una sentencia de muerte”. Ahora dice sentirse “muy vivo”.
  • Tuvo que dejar su puesto de enfermero, pero ahora colabora en una ONG. “El Sida obliga al paciente a esconderse. La gente todavía se asusta si dices que tienes el virus”.
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  • El fallo hepático, principal causa de muerte de los coinfectados de VIH y hepatitis C

Wifer, un canario de 57 años residente en Madrid, supo que tenía el VIH hace 14 años, cuando el diagnóstico “era una sentencia de muerte”. El mismo reconoce que en aquel momento sintió que debía despedirse de todos, y que tocaba tragarse “el sufrimiento y la vergüenza” de estar contagiado. Se trata del estigma social del Sida, que persiste hoy, 14 años después.

Enfermero de profesión, tuvo que renunciar a su puesto de trabajo. “Eso fue lo más doloroso”, cuenta por teléfono Wifer, que dedica la mayor parte de su tiempo a ayudar a pacientes y afectados en la ONG Madvihda en Madrid. Esta labor es una de las razones que se siente “muy vivo”. Pero hay otras más.: El huerto en el pueblo, las barbacoas, las risas con los vecinos, el cariño de su pareja…

Wifer confiesa que se ha sentido discriminado, sobre todo durante los primeros años que convivió con la enfermedad. “Una hermana no aceptaba lo que me pasaba”. También recuerda que en una ocasión, cuando todavía no tenía el diagnóstico, pero sí sospechas de que era seropositivo, un sanitario se negó a tratarle de su bronquitis. Los efectos de la infección eran visibles por aquel entonces: “Dijo, ‘yo a ese sidoso, paso de inyectarle”.  

Hoy el virus puede pasar inadvertido, y la enfermedad se manifiesta de manera más sutil, sin secuelas físicas. Aunque Wifer admite que tiene problemas, como lipodistrofia (falta de tejido graso). “Me tengo que someter a controles, y claro que esto marca tu vida, es algo crónico, y te fastidia”, cuenta.

Reconoce que solo su círculo más cercano sabe que es seropositivo. Justifica esta decisión, no tanto porque exista discriminación, sino porque necesita que el VIH no centre su vida. “Hace años que decidí que no hablaría de mi enfermedad. Ya estoy con ella todos los días en mi trabajo, ayudando a la gente. Con los amigos quiero estar a otra cosa”, explica.

Wifer advierte de que hay “mucha desinformación” sobre el virus. “La gente todavía piensa que los guapos no tienen la enfermedad. “Los pacientes con VIH se esconden y esto es peligroso, porque por ahí se producen muchos contagios”.  El canario repite la palabra prevención y anima a los afectados que sufren en silencio a salir, a hablar y a prevenir.

Uno de cada tres españoles recela de una persona con VIH

Según un estudio de la Sociedad Española Interdisciplinaria sobre el Sida (SEISIDA) sobre factores que afectan a la calidad de vida de las personas con VIH, uno de cada tres españoles admite que no se sentiría cómoda con una persona portadora del virus si compartiese con ella el lugar de trabajo o fuese al colegio de sus hijos. El 18% de los encuestados son partidiarios de que los nombres de los portadores del VIH deberían hacerse públicos. Y el 20% de los ciudadanos separaría por ley a los seropositivos del resto de ciudadanos en determinados lugares “para proteger la salud pública”.

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