Viernes 02/12/2016.

Familia, creencias, genes y afectos, sí son claves.

Salud

Los humanos longevos fuman, beben y comen tanto como el resto

El tabaco, el alcohol y la vida sedentaria no tienen efectos negativos en aquellos dotados con el gen de la longevidad.

Tener una buena genética ayuda a llegar a los 100

Un estudio determina que los genes longevos ayudan a disipar los daños de una vida poco saludable.

La longevidad se hereda de generación en generación

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Un estilo de vida saludable no parece ser la causa de vida de las personas dotadas con los genes de la longevidad. Los ancianos centenarios bebieron alcohol, fumaron y siguieron hábitos alimentarios no saludables durante su vida, en la misma medida que los ancianos que ya pasaron a mejor vida.

Los mayores de 95 años deben su longevidad a factores genéticos, según un estudio de la Facultad de Medicina Albert Einstein de la Universidad de Yeshiva (Nueva York), dirigido por el jefe del Instituto para la Investigación del Envejecimiento, Nir Barzilai.

El 24% de los hombres centenarios indicó que había consumido alcohol diariamente, un par de décimas por encima del 22% de los hombre que fallecieron antes.

El 27% de las mujeres longevas y el mismo porcentaje de mujeres ya fallecidas dijo haber intentado seguir una dieta baja en calorías.

El 43% de los hombres centenarios admitió haber hecho ejercicio de forma regular, frente al 57% de los no longevos que, a pesar del esfuerzo físico, no corrieron tanta suerte.

El 60% de los hombres longevos declaró haber fumado con frecuencia, un porcentaje similar al 74% de los hombres que vivieron menos años. En el caso de las mujeres, las centenarias incluso declaran haber fumado más (30%) que las que murieron antes (26%).

Así mismo, aunque los centenarios tienen la misma probabilidad de padecer sobrepeso que el resto de la población, los longevos tienen menos probabilidades de ser obesos: solo el 4,5% de los hombres centenarios son obesos frente al 12,1% del resto de la población, y un 9,6% de las centenarias padecen obesidad frente al 16,2% de las ancianas no longevas.

Fumar, beber y comer son entonces placeres que no les han acarreado efectos negativos a los dotados con el gen de la longevidad.

Parece ser que la “naturaleza” es clave para llegar a los cien, y no lo son tanto las prácticas saludables, como se pensaba hasta ahora.

El estudio ha analizado los hábitos de 477 mayores de 95 años (el 75% de ellos mujeres) y los ha comparado con los estilos de vida de 3.164 personas que nacieron en los mismos años que los longevos y formaron parte de un estudio nacional de salud y nutrición realizado entre 1971 y 1975.

Los mayores con una longevidad excepcional no han tenido durante su vida hábitos más saludables que este último grupo. El estudio determina, por tanto, que una buena genética ayuda a disipar los daños de una vida poco saludable.

Además, tras preguntar a los ancianos centenarios sobre las causas de su longevidad, estos no han establecido una relación con el estilo de vida que han llevado. Un tercio dijo que se debía a un historial familiar longevo y el 20% considera que el ejercicio físico ha contribuido a que disfruten de una larga vida.

Otros factores señalados por los centenarios fueron una actitud positiva (19%,), una vida activa (12%), el bajo consumo de alcohol y tabaco (15%) y la religión o espiritualidad (6%).

Okinawa, Cerdeña, Loma Linda, Nicoya e Ikaria, las zonas del mundo más longevas.

 “A pesar de que el estudio demuestra que los centenarios pueden ser obesos, fumar y evitar el ejercicio físico, estos hábitos de vida no son buenos para la mayoría de la población que no tiene un historial familiar de longevidad”, ha señalado el autor del estudio, Nir Barzilai.

De hecho, solo uno de cada 10.000 personas aprovecha ese don que les otorga la genética y llegan a los 100 años.

El resto de los mortales “debemos controlar nuestro peso, evitar el tabaco y hacer ejercicio, ya que estas actividades aportan grandes beneficios para la población en general y alargan la esperanza de vida”, ha añadido Barzilai.

En 2005, el investigador, Dan Buettner, llevó a cabo un estudio para la revista National Geographic de la áreas geográficas del mundo en las que se registran el mayor número de longevos: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California), Nicoya (Costa Rica) e Ikaria (Grecia). A estas regiones las llamó “Zonas azules”.

Cerdeña es la región del mundo donde existe la mayor concentración de centenarios del planeta, la mayoría hombres. Uno de sus secretos es el cuidado y respeto hacia los mayores y el mantenimiento de la actividad física hasta edades avanzadas.

En el archipiélago de Okinawa es donde viven las mujeres más longevas del mundo, Sus habitantes sufren cinco veces menos cáncer de pulmón y colon y seis veces menos enfermedades cardiovasculares que en Estados Unidos. Casi no conocen la obesidad y la población se mantiene activa toda la vida.

En Loma Linda, los habitantes comen muchas verduras, tienen muy buenas relaciones familiares y dedican un día completo para el descanso, llegando a vivir una media de once años más que sus compatriotas norteamericanos.

En la península de Nicoya la alimentación de los centenarios está basada en frutas, verduras y cereales que ellos mismos cultivan. Es la zona azul más grande del mundo y donde vive más gente mayor de cien años. Al contrario de otras zonas en Latinoamérica, tienen una actitud más relajada y flexible hacia el sexo y el matrimonio.

En la isla de Ikaria la gente tiene el triple de posibilidades de superar los 90 años. Hay un 20% menos de cáncer y casi no existe la demencia. La siesta evita las enfermedades cardiovasculares y el consumo de té mantienen los niveles de presión arterial adecuados.

Tras analizar el estilo de vida de los ancianos de las “Zonas Azules” y compararlo con el de la mayoría de estadounidenses, Dan Buettner llegó a las siguientes conclusiones:

La gente con mayor esperanza de vida no se apunta al gimnasio ni corre maratones, pero vive en un ambiente que le incita al movimiento. Anda hasta la tienda para hacer la compra, se desplaza a pie hasta la casa de sus amigos, sube las escaleras de su casa o vive en espacios con jardín. Moverse de forma natural le supone cuatro años más de vida.

Potenciar los valores, habilidades y pasiones aporta una mayor vitalidad. Los habitantes de Okinawa lo llaman “Ikigai” y los de Nicoya “Plan de vida”. Se trata de dar un sentido a la existencia incorporando las buenas aptitudes a la vida cotidiana.

Otro factor importante es el hecho de liberarse del estrés. En Okinawa, la gente dedica cada día un poco de su tiempo a recordar a sus antepasados, los anciano de Ikaria duermen la siesta y los de Cerdeña celebran la hora feliz. Tener buenas perspectivas y encontrar una vía de escape a las tensiones les aporta cuatro años más de vida

Los más ancianos del planeta comen de forma inteligente, lo que les reporta ocho años más de vida. Dejan de comer cuando su estómago está un 80% lleno y realizan la última comida del día al final de la tarde o principio de la noche.

Comen la mejor carne sin grasa que se pueden permitir en una pieza del tamaño máximo de una baraja de cartas, no más de dos veces por semana, y las legumbres son la base de la dieta de muchos de ellos. Además, tomarse un tentempié formado por frutos secos ha sido asociado con dos o tres años más de esperanza de vida.

Los bebedores moderados sobreviven a los que no beben en absoluto. El truco de los abuelos de la “Zona Azul” está en beber una o dos vasos por día (preferentemente vino Cannonau de Cerdeña) con la comida. Lo que no puede hacerse es reservarse y beber catorce el fin de semana.

De los 263 centenarios encuestados en las “Zonas azules”, todos menos cinco pertenecían a una comunidad espiritual. Da igual si eran cristianos, budistas, musulmanes, judíos o de otra religión. El hecho de pertenecer a una de estas comunidades les añadía de cuatro a catorce años más de esperanza de vida.

Los centenarios de la “Zona azul” dan mucha importancia a la familia y viven rodeados de sus allegados, lo que disminuye las enfermedades y tasas de mortalidad de los niños que viven con ellos. El ser positivos y tener un compromiso de pareja puede añadir también tres años a la esperanza de vida.

Los longevos han crecido además en círculos sociales “saludables”. Rodearse de  buenos amigos contribuye en una gran medida a alargar la vida.

 

 

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