Sábado 23/09/2017.

Salud

Un estudio sobre el veneno de las ranas puede ser clave en la lucha contra el dolor y la adicción

  • "Ser tóxico puede ser bueno para su supervivencia porque aporta una ventaja sobre los depredadores"

ientíficos de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos) han descubierto por qué las ranas venenosas no se envenenan, un hallazgo publicado en la revista 'Science' que podría tener consecuencias potenciales para la lucha contra el dolor y la adicción.

La investigación se ha centrado en un subgrupo de ranas venenosas que utilizan la toxina epibatidina para evitar que los depredadores las coman. Dicha sustancia se une a los receptores del sistema nervioso de un animal y puede causar hipertensión, convulsiones e, incluso, la muerte.

Los científicos descubrieron que una pequeña mutación genética en las ranas --un cambio en sólo tres de los 2.500 aminoácidos que forman el receptor-- impide que la toxina actúe sobre los propios receptores de las ranas, haciendo que sean resistentes a sus efectos letales. Además, este mismo cambio apareció independientemente tres veces en la evolución de estas ranas.

"Ser tóxico puede ser bueno para su supervivencia porque aporta una ventaja sobre los depredadores", señala la coautora Rebecca Tarvin, investigadora postdoctoral en UT Austin. "Entonces, ¿por qué no hay más animales tóxicos? Nuestro trabajo está mostrando que una gran restricción es si los organismos pueden desarrollar resistencia a sus propias toxinas. Hemos detectado que la evolución ha generado este mismo cambio exacto en tres diferentes grupos de ranas, y que, para mí, es muy hermoso", apunta.

Hay cientos de especies de ranas venenosas, cada una de las cuales utiliza docenas de diferentes neurotoxinas. Tarvin es parte de un equipo de investigadores, incluyendo a los profesores David Cannatella y Harold Zakon en el Departamento de Biología Integrativa de la Universidad de Texas, que han estado estudiando cómo estas ranas desarrollaron la resistencia tóxica.

Durante décadas, los investigadores médicos han sabido que esta toxina, la epibatidina, también puede actuar como un potente analgésico no adictivo. Por ello, se han desarrollado cientos de compuestos de la toxina de las ranas, incluyendo uno que avanzó en el proceso de desarrollo de fármacos hasta ensayos en seres humanos antes de ser descartado debido a otros efectos secundarios.


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