Domingo 04/12/2016.

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Religión

Las preguntas de los jóvenes al Papa y el discurso que no pudo terminar

  • El Santo Padre tenía previsto responder a las preguntas de cinco jóvenes acerca de la fe, el matrimonio, el testimonio y quién es Cristo.
  • No pudo acabarlo debido a la lluvia, pero el Vaticano lo ofreció íntegro.
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  • El papa asegura a los jóvenes que ha pensado "en vosotros esta noche"

Las preguntas que los jóvenes le hicieron al Papa durante la vigilia de Cuatro Vientos, y que el Santo Padre tenía previsto responder si no hubiera sido por la lluvia, se referían al sentido más profundo de la vida, al matrimonio, al sufrimiento, a la entrega a Dios y a la fe.

Paul Hitchings, británico: "Querido Santo Padre: Me llamo Paul, me convertí a la Iglesia católica hace unos años, gracias a la ayuda de unos amigos y estudiando la historia de la Iglesia de mi país. Descubrí que quien encuentra a Cristo se encuentra a sí mismo, descubre su propia identidad. Pero en el mundo actual, la fe cristiana se equipara a otros credos, religiones, y resulta difícil comprender que Cristo es el salvador de todos los hombres. ¿Quién es realmente Cristo? ¿Vale para todos los hombres o sólo para los cristianos?".

Roselyne Warau Mwangi, keniana: "Querido Santo Padre: Me llamo Roselyne, soy keniana y trabajo en Strathmore University. Yo dedico mucho tiempo a trabajar en el campo social, con marginados y gente muy pobre. Recientemente en mi universidad hemos puesto en marcha una campaña especial para ayudar a las víctimas del hambre en Kenya, Etiopía y Somalia. Su Santidad ha dicho que los pobres podemos tocar a Cristo. Es verdad, pero hay veces que no resulta fácil porque, ante el sufrimiento del mundo, especialmente en esta crisis económica, nos preguntamos por el sentido del dolor en el plan de Dios. Cuando los que sufren nos preguntan sobre esto, nos cuesta responder. ¿Cómo hacerles comprender que en ellos está Cristo vivo y sufriendo? ¿Cómo decirles que ellos le importan mucho a Dios?".

Robert De Simone, estadounidense: "Querido Santo Padre, me llamo Robert y me voy a casar, si Dios quiere, dentro de unos meses. El matrimonio cristiano es una hermosa vocación y mi novia y yo buscamos ser felices. Nos damos cuenta, sin embargo, que esta vocación es muy exigente y vemos que muchos matrimonios cristianos, y los jóvenes, no siguen las orientaciones de la Iglesia en la moral sexual y matrimonial. No nos sentimos bichos raros, pero da la impresión de que la moral cristiana fuese para pocos, o que es muy difícil cumplir lo que Cristo y la Iglesia nos piden. ¿Cómo vivir la vocación al matrimonio con fidelidad?”.

Kritzia Santos, filipina: "Querido Santo Padre. Me llamo Kritzia, y soy filipina. Estoy haciendo un Máster de Desarrollo Comunitario y aspiro a metas grandes en mi vida, como Su Santidad dice en su Mensaje. Pero, en mi ambiente, se entiende por “metas grandes”, el dinero, el poder, tener puestos de fama y prestigio. Parece difícil aspirar a grandes ideales si uno quiere ser fiel a su fe y vivir como cristiano. Quisiera preguntarle: ¿qué hacer para no renunciar a mis ideales, a mi fe, sin alejarme de la sociedad, y luchando para ser testigos de Cristo en nuestro mundo?".

Kathleen Hromek, alemana: "Querido Santo Padre: Me parece que yo soy la menos cristiana de todos los que han hablado. Me llamo Kathleen, soy de Berlín, aún no estoy bautizada, aunque practico un poco. Me atrae la persona de Cristo, pero no sé si realmente quiero ser cristiana, pues, aunque usted ha dicho que Cristo da todo y no quita nada, me cuesta mucho verlo. Si quiero ser cristiana de verdad tengo que renunciar a muchas cosas, y no siento que Cristo se interese mucho por mí… Quisiera pedirle que rece por mí y, que me diga qué tengo que hacer, por dónde debo empezar".

Discurso íntegro del Santo Padre

Queridos amigos:

Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.

Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).

Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.

Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él, que tomó sobre sí nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasión de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redención. Además, nuestra atención desinteresada a los enfermos y postergados, siempre será un testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.

Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.

En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.

A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.

A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).

Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida, 8).

Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén.

Queridos jóvenes de lengua francesa, estad orgullosos por haber recibido el don de la fe, que iluminará vuestra vida en todo momento. Apoyaos en la fe de aquellos que están cerca de vosotros, en la fe de la Iglesia. Gracias a la fe estamos cimentados en Cristo. Encontraros con otros para profundizar en ella, participad en la Eucaristía, misterio de la fe por excelencia. Solamente Cristo puede responder a vuestras aspiraciones. Dejaros conquistar por Dios para que vuestra presencia dé a la Iglesia un impulso nuevo.

Queridos jóvenes [de lengua inglesa], en estos momentos de silencio delante del Santísimo Sacramento, elevemos nuestras mentes y corazones a Jesucristo, el Señor de nuestras vidas y del futuro. Que Él derrame su Espíritu sobre nosotros y sobre toda la Iglesia, para que seamos promotores de libertad, reconciliación y paz en todo el mundo.

Queridos jóvenes de lengua alemana. En el fondo, lo que nuestro corazón desea es lo bueno y bello de la vida. No permitáis que vuestros deseos y anhelos caigan en el vacío, antes bien haced que cobren fuerza en Cristo. Él es el cimiento firme, el punto de referencia seguro para una vida plena.

Me dirijo ahora a los jóvenes de lengua italiana. Queridos amigos, esta Vigilia quedará como una experiencia inolvidable en vuestra vida. Conservad la llama que Dios ha encendido en vuestros corazones en esta noche: procurad que no se apague, alimentadla cada día, compartidla con vuestros coetáneos que viven en la oscuridad y buscan una luz para su camino. Gracias. Adiós. Hasta mañana.

Mis queridos amigos [portugueses], os invito a todos a establecer un diálogo personal con Cristo, exponiéndole las propias dudas y sobre todo escuchándolo. El Señor está aquí y os llama. Jóvenes amigos, vale la pena escuchar en nuestro interior la Palabra de Jesús y caminar siguiendo sus pasos. Pedid al Señor que os ayude a descubrir vuestra vocación en la vida y en la Iglesia, y a perseverar en ella con alegría y fidelidad, sabiendo que Él nunca os abandonará ni os traicionará. Él está con nosotros hasta el fin del mundo.

Queridos amigos procedentes de Polonia. Esta vigilia de oración está colmada de la presencia de Cristo. Seguros de su amor, acercaos a Él con la llama de vuestra fe. Él os colmará de su vida. Edificad vuestra vida sobre Cristo y su Evangelio. Os bendigo de corazón.

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