Lunes 05/06/2017.

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Una legión de 'ángeles custodios' para sacar a los jóvenes de la droga

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  • Jordi Llorens ha conseguido salir de la droga gracias a la Comunidad del Cenáculo

Jordi Llorens, (Tarragona, 25 años) se fumó el primer cigarrillo a las 12, tomó su primera copa a los 14 y a los 15 probó el primer porro. De los 18 a los 21 cae en la droga dura y llega a robar a sus hermanos para comprar cocaína y a  vender droga a menores. Cuatro años después, su ilusión es trabajar “para poder formar una familia y que no le falte nada”.

Entre el principio de esta tortuosa vida y la esperanza del final está el Cenáculo, una comunidad fundada en 1983 en Saluzzo (Italia) por Sor Elvira Petrozzi “como respuesta de la ternura de Dios Padre, al grito de desesperación de muchos jóvenes cansados, desilusionados, desesperados, adictos a las drogas y personas en general que buscaban la alegría y el sentido verdadero de la vida”, según reza en su web (www.comunitacenacolo.it). Tiene 60 comunidades por todo el mundo y hace 7 meses llegaron por primera vez a España; han instalado el primer centro en Cataluña.

P.- ¿Te gustó el primer porro?
R: No, pero la curiosidad pudo más. Eso hizo que le perdiera el miedo, rompiera las barreras y fui a más. Pronto sobrepasé el límite que –ingenuamente- me auto impuse; cuando me ofrecieron una raya de coca mi primera reacción fue decir no pero duró sólo unos minutos…

P: Además de la curiosidad, ¿tenías algún otro motivo para consumir?
R: Tenía una gran falta de autoestima y sentía soledad, a pesar de ser el mayor de seis hermanos de una familia maravillosa. ¡Lo tenía todo! A los 18 años intenté acabar el bachillerato pero ya no pude. Mis padres me enfrentaron a mi problema pero yo lo negaba una y otra vez. Ahí me refugié en vida de noche, fiestas, discotecas…

P: ¿Cuá fue la etapa más dura?
R: De los 18 a los 21 años caí en la droga fuerte y todo lo que comporta: mentiras, doble vida y una doble personalidad. Sabía que me equivocaba pero podía más el placer que me daban.

P: ¿Cómo conseguías el dinero?
R: Llegué a robar a mis padres y a mis propios hermanos y eso es lo que me hizo sentir peor porque tenía que volver a mirarles a los ojos. Hice de camello, llegué a vender incluso a menores… Me volví frío, calculador y enterré mis sentimientos porque sólo tenía un objetivo: conseguir droga.

P: ¿Qué hicieron tus padres?
R: Me llevaron a una comunidad terapéutica de pago basada en la medicación, en tener un horario y hacer terapia hablando del problema; nos permitían además fumar tabaco. A los 4 meses de volver a casa recaí. Me llevaron a otro centro parecido al anterior y al regresar a casa tardé aún menos tiempo en recaer.

P: ¿No te sirvió para nada?
R: Para algo sí pues fue como un paso previo que me ayudó cuando entré meses más tarde en el Cenáculo; creo que en esos centros que estuve el problema de fondo se tapaba.

P: La sede del Cenáculo está en Italia y en España aún no había llegado, ¿cómo conociste esta comunidad?
R: Por una tía mía que estuvo en el centro que hay en Medjugorje (Bosnia-Herzegovina). Le impresionó mucho la luz en la mirada de los jóvenes y la alegría y serenidad con que contaban su vida. Al volver lo contó a mis padres y me llevaron al centro que tienen en Lourdes (Francia).

P: ¿Y te gustó?
R: ¡Duré 9 días! Me escapé y conseguí coger un tren hasta casa; no llevaba dinero, sólo el macuto a mi espalda.

P: ¿Por qué no aguantaste?
R: Cuando me dijeron que allí tenía que rezar, trabajar duramente y vivir y compartir todo en comunidad me dije, ¡esto no es para mi!, es imposible que esto me ayude a salir de la droga.

P: ¿Cómo fue el regreso a casa?
R: Estuve cuatro meses yendo cada vez a peor y llegué a tal límite que por primera vez pedí ayuda a mis padres. Les dije que si me quedaba un poco de conciencia, debía de regresar al Cenáculo pues de todos los sitios donde había estado, era en el único lugar donde podía realmente cambiar, aunque hubiera estado tan poco. Sabía que me esperaba una etapa muy dura pero que era lo justo porque veía un camino muy largo con frutos esperándome al final.

P: Cuando regresaste por segunda vez, ¿qué fue lo que más te costó? ¿rezar, trabajar en el huerto o con los animales…?
R: ¡No! Lo más duro fue tener un ángel custodio que la comunidad pone a todos los recién llegados. Es un joven como tú, que ha pasado por lo mismo y que te ayuda en los primeros meses. Fue horrible porque iba conmigo a todas partes, ¡hasta al baño! Cuando muchos meses después me tocó hacer de ángel, me dí cuenta de que era muy duro también para el custodio y no sólo para el custodiado.

P: ¿Vino a verte enseguida tu familia para darte ánimos?
R: No fue hasta el quinto mes de estar allí porque la Comunidad no lo permite antes. Cuando vi a mis padres y a mis hermanos quise regresar con ellos a casa, pero al mismo tiempo me dieron fuerza para seguir. Era la primera vez en mi vida que no me quería escapar; sabía que si lo hacía, no habría ya retroceso.

P: Después de Lourdes vino Saluzzo y ahora Medjugorje. Han pasado tres años desde que llegaste, ¿qué ha cambiado dentro de tí?
R: En Italia cortaba leña a menos 18 grados con nieve hasta la rodilla. Había días que no podía más. Ahí vi que tenía una fuerza que no era mía, que venía como de fuera; era Dios que me decía “vas bien”, mientras caminaba por la oscuridad. Empecé a confiar sin ver… Me equivocaba, caía en tentaciones, pero volvía a levantarme con constancia pidiendo perdón.

P: ¿Te estás curando por medio de la conversión a Dios?
R: Así es, además de trabajar la parte humana, estoy haciendo un camino de fe, de oración, de entrar dentro de mí y ver que el problema no es la droga en sí sino yo mismo. Y es Dios quien me da esa conciencia que me avisa del mal, que no había tenido antes.  

P: ¿Es posible la curación sin Dios?
R: Creo que no porque sólo Él es amor y da un sentido a mi vida. Gracias a la oración, he encontrado a la persona auténtica que soy, me acepto y veo un futuro a través de las pequeñas cosas de la vida. Tengo la esperanza de una vida mejor.

P: ¿Y para el que no cree?
R: También porque descubren que todo lo que hacemos tiene sentido y los frutos no tardan en llegar.

P: ¿En qué sueñas?
R: En trabajar mucho cuando salga para recuperar el tiempo perdido y crearme un futuro para formar una familia y hacer feliz a mi futura mujer y a mis hijos. Sueño en ser feliz y en hacer felices a los que me rodean.

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