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Rindió homenaje a los fallecidos en Lampedusa

Religión

La homilía y discursos íntegros del papa Francisco en Asís

  • "Escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la guerra, por la violancia en Siria, en todo el mundo".
  • "El matrimonio es una verdadera vocación como el sacerdocio o la vida religiosa".
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  • El Papa pide que "cesen los conflictos que ensangrientan la tierra y callen las armas" El Papa pide que "cesen los conflictos que ensangrientan la tierra y callen las armas"

El Papa en su encuentro con los niños minusválidos y enfermos:

“Nosotros estamos en medio de las llagas de Jesús – dijo Francisco – al responder al saludo de la presidenta del Instituto Francesca Maolo, dejando de lado el texto que había preparado para esta ocasión. “Estas llagas –prosiguió el Santo Padre – tienen necesidad de ser escuchadas, de ser reconocidas. Y me viene a la mente cuando el Señor Jesús, cuando iba en camino con aquellos dos discípulos tristes. Al final, el Señor Jesús les mostró sus llagas y ellos lo reconocieron.

Después el pan, donde Él estaba allí. Mi hermano Domingo me decía que aquí se hace la Adoración. También aquel pan tiene necesidad de ser escuchado, porque Jesús está presente y escondido detrás de la sencillez y la mansedumbre de un pan. Y aquí está Jesús escondido en estos chicos, en estos niños, en estas personas. En el altar adoramos la Carne de Jesús, en ellos encontramos las llagas de Jesús. Jesús escondido en la Eucaristía y Jesús escondido en estas llagas… Tienen necesidad de ser escuchadas. Quizá no tanto en los periódicos, como noticias… Eso es una escucha que dura uno, dos, tres días, después sigue otra cosa… Deben ser escuchadas por los que se dicen cristianos”.

“El cristiano – añadió el Papa – adora a Jesús; el cristiano busca a Jesús; el cristiano sabe reconocer las llagas de Jesús. Y hoy todos nosotros, aquí, tenemos necesidad de decir: ‘¡Estas llagas deben ser escuchadas!’. Pero hay otra cosa que nos da esperanza. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí está la Carne de Jesús; Jesús está presente entre ustedes: y la Carne de Jesús son las llagas de Jesús en estas personas”.

“Pero es interesante – prosiguió diciendo Francisco – que Jesús, cuando Resucitó era bellísimo. No tenía en su cuerpo lívidos y heridas… ¡Nada! ¡Era más bello! Sólo ha querido conservar las llagas y se las ha llevado al Cielo. Las llagas de jesús están aquí y están en el Cielo ante el Padre. Nosotros curamos las llagas de Jesús aquí y Él, desde el Cielo, nos muestra sus llagas y nos dice a todos nosotros, a todos nosotros: ‘¡Te estoy esperando! Así sea”.
Antes de dejar el Instituto el Papa saludó con estas palabras: “Muchas gracias… y recen por todos los niños, los chicos, las personas que están aquí, por todos los que trabajan aquí. ¡Por ellos!… ¡Que el Señor los bendiga! ¡Recen también por mí, eh! Pero siempre recen a favor, no en contra, eh… Que el Señor los bendiga”.

Texto completo de la homilía del Santo Padre:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños» (Mt 11, 25).
Paz y bien a todos. Con este saludo franciscano os agradezco el haber venido aquí, a esta plaza llena de historia y de fe, para rezar juntos.
Como tantos peregrinos, también yo he venido para dar gracias al Padre por todo lo que ha querido revelar a uno de estos «pequeños» de los que habla el evangelio: Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís. El encuentro con Jesús lo llevó a despojarse de una vida cómoda y superficial, para abrazar «la señora pobreza» y vivir como verdadero hijo del Padre que está en los cielos. Esta elección de san Francisco representaba un modo radical de imitar a Cristo, de revestirse de Aquel que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (Cf. 2 Co 8, 9). El amor a los pobres y la imitación de Cristo pobre son dos elementos unidos de modo inseparable en la vida de Francisco, las dos caras de una misma moneda.

¿Cuál es el testimonio que nos da hoy Francisco? ¿Qué nos dice, no con las palabras –esto es fácil- sino con la vida?

1. La primera cosa que nos dice, la realidad fundamental que nos atestigua es ésta: ser cristianos es una relación viva con la Persona de Jesús, es revestirse de él, es asimilarse a él.
¿Dónde inicia el camino de Francisco hacia Cristo? Comienza con la mirada de Jesús en la cruz. Dejarse mirar por él en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a sí. Francisco lo experimentó de modo particular en la iglesita de San Damián, rezando delante del crucifijo, que hoy también yo veneraré. En aquel crucifijo Jesús no aparece muerto, sino vivo. La sangre desciende de las heridas de las manos, los pies y el costado, pero esa sangre expresa vida. Jesús no tiene los ojos cerrados, sino abiertos, de par en par: una mirada que habla al corazón. Y el Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una «nueva criatura». De aquí comienza todo: es la experiencia de la Gracia que transforma, el ser amados sin méritos, aun siendo pecadores. Por eso Francisco puede decir, como san Pablo: «En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Ga 6, 14).
Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: enséñanos a permanecer ante el Crucificado, a dejarnos mirar por él, a dejarnos perdonar, recrear por su amor.

2. En el evangelio hemos escuchado estas palabras: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11, 28-29).
Ésta es la segunda cosa que Francisco nos atestigua: quien sigue a Cristo, recibe la verdadera paz, aquella que sólo él, y no el mundo, nos puede dar. Muchos asocian a san Francisco con la paz, pero pocos profundizan. ¿Cuál es la paz que Francisco acogió y vivió y que nos transmite? La de Cristo, que pasa a través del amor más grande, el de la Cruz. Es la paz que Jesús resucitado dio a los discípulos cuando se apareció en medio de ellos y dijo: «Paz a vosotros» (Cf. Jn 20,19.20).

La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Por favor: ¡ese san Francisco no existe! Y ni siquiera es una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos… Tampoco esto es franciscano, tampoco esto es franciscano, sino una idea que algunos han construido. La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que «carga» con su «yugo», es decir su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (Cf. Jn 13,34; 15,12). Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunción, con soberbia, sino sólo con mansedumbre y humildad de corazón.
Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: enséñanos a ser «instrumentos de la paz», de la paz que tiene su fuente en Dios, la paz que nos ha traído el Señor Jesús.

3. Francisco comienza así el Cántico: «Altísimo, omnipotente y buen Señor… Alabado seas… con todas las criaturas» (FF, 1820). El amor por toda la creación, por su armonía. El Santo de Asís da testimonio del respeto hacia todo lo que Dios ha creado y cómo Él lo ha creado, sin experimentar sobre la creación para destruirla; ayudarla a crecer, a ser más bella y más semejante a lo que Dios ha creado. Y, sobre todo, san Francisco testimonia el respeto por todo, testimonia que el hombre está llamado a custodiar al hombre, que el hombre esté en el centro de la creación, en el lugar en que Dios - el Creador - lo ha querido. ¡No instrumento de los ídolos que nosotros nos creamos! . Dios creó el mundo para que fuera lugar de crecimiento en la armonía y en la paz. ¡La armonía y la paz! Francisco fue hombre de armonía y de paz. Desde esta Ciudad de la paz, repito con la fuerza y mansedumbre del amor: respetemos la creación, no seamos instrumentos de destrucción.

Respetemos todo ser humano: que cesen los conflictos armados que ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión. Escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra, en Tierra Santa, tan amada por san Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, en todo el mundo.

Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: ¡Alcánzanos de Dios el don de la armonía, la paz y el respeto por la creación!
No puedo olvidar, en fin, que Italia celebra hoy a san Francisco como su Patrón. Y felicito a todos los italianos, en la persona del Jefe del Gobierno, aquí presente. Lo expresa también el tradicional gesto de la ofrenda del aceite para la lámpara votiva, que este año corresponde precisamente a la Región de Umbría. Recemos por la Nación italiana, para que cada uno trabaje siempre para el bien común, mirando más lo que une que lo que divide.
Hago mía la oración de san Francisco por Asís, por Italia, por el mundo: «Te ruego, pues, Señor mío Jesucristo, Padre de toda misericordia, que no te acuerdes de nuestras ingratitudes, sino ten presente la inagotable clemencia que has manifestado en [esta ciudad], para que sea siempre lugar y morada de los que de veras te conocen y glorifican tu nombre, bendito y gloriosísimo, por los siglos de los siglos. Amén»

Que el monasterio no sea un Purgatorio, sino una familia, dice el Papa a las monjas de clausura, en la Basílica de Santa Clara:

“Yo pensaba que esta reunión habría sido..., como hicimos dos veces en Castel Gandolfo, en la sala capitular, yo solo con las religiosas, pero, les confieso, no tengo el valor de echar a los Cardenales. Hagámosla así…

Bien. Les agradezco mucho la acogida y la oración por la Iglesia. Cuando una religiosa en la clausura, consagra toda su vida al Señor, se produce una transformación que no se termina de comprender. La normalidad de nuestro pensamiento diría que esta religiosa se vuelve aislada, sola con lo Absoluto, sola con Dios… es una vida ascética, penitente… Pero éste no es el camino de una religiosa de clausura católica, y ni siquiera cristiana. El camino pasa por Jesucristo: siempre.
Jesucristo está en el centro de su vida, de su penitencia, de su vida comunitaria, de su oración y también de la universalidad de la oración. Y por este camino sucede lo contrario de lo que se piensa que sea esta religiosa ascética de clausura: cuando va por el camino de la contemplación de Jesucristo, de la oración y de la penitencia con Jesucristo, se vuelve grandemente humana.
Las monjas de clausura están llamadas a tener gran humanidad, una humanidad como la de la Madre Iglesia: humanas, comprender todas las cosas de la vida, ser personas que saben comprender los problemas humanos, que saben perdonar, que saben pedir al Señor por las personas… Su humanidad: y su humanidad viene por este camino, la encarnación del Verbo, el camino de Jesucristo.

¿Y cuál es la característica de una monja tan humana? La alegría. La alegría, cuando hay alegría. A mí me causa tristeza cuando encuentro a religiosas que no son gozosas. Quizá sonrían, pero... con la sonrisa de una asistente de vuelo, ¿no? ¡Hum! Pero no con la sonrisa de la alegría, de esa que viene desde dentro, ¡eh! Siempre con Jesucristo.

Hoy en la Misa, hablando del Crucificado, decía que Francisco lo había contemplado como con los ojos abiertos, con las heridas abiertas, con la sangre que se derramaba: y ésta es su contemplación, la realidad. La realidad de Jesucristo. No ideas abstractas: no ideas abstractas, porque secan la cabeza. Y la contemplación de las llagas de Jesucristo, y las ha llevado al Cielo, ¡y las tiene!, es el camino de la humanidad de Jesucristo: siempre con Jesús, Dios, Hombre. Y por esto es tan bello cuando la gente va al locutorio de los monasterios y piden oraciones y cuentan sus problemas, hablan… Quizá la religiosa no diga nada extraordinario, pero una palabra que les venga precisamente de la contemplación de Jesucristo, porque la religiosa, como la Iglesia, va por el camino de estar abierta a la humanidad. Y éste es su camino: no demasiado espiritual, ¡eh! Cuando son demasiado espirituales, yo pienso en la fundadora de los monasterios de su competencia, Santa Teresa, por ejemplo, ¿no?

Cuando una religiosa iba a verla, oh, con estas cosas… decía a la cocinera: “¡Dale un bife!”. Siempre con Jesucristo, siempre. La humanidad de Jesucristo, porque el Verbo ha venido en la carne, Dios se ha hecho carne por nosotros, y esto les dará a ustedes una santidad humana, grande, bella, madura; una santidad de Madre. Y la Iglesia las quiere así: madres. Madre, madre. Dar la vida, ¿no? Cuando ustedes rezan, por ejemplo, por los sacerdotes, por los seminaristas, ustedes tienen con ellos una relación de maternidad, con la oración los ayudan a llegar a ser buenos pastores del pueblo de Dios. Pero acuérdense del bife de Santa Teresa, ¡eh! Es importante. Y esto es lo primero: siempre con Jesucristo, las llagas de Jesucristo, las llagas del Señor. Porque es una realidad que después de la Resurrección Él las tenía y las ha llevado.

Y la segunda cosa que quería decirles, brevemente, es la vida de la comunidad. Pero… perdonen, sopórtense, porque la vida de la comunidad no es fácil. ¡El diablo aprovecha todo para dividir! Dice: “Pero… yo no quiero hablar mal, pero…”, y se comienza con la división. No, esto no va, porque no lleva a nada: a la división. Cuidar la amistad entre ustedes, la vida de la familia, el amor entre ustedes. Y que el monasterio no sea un Purgatorio, que sea una familia… Porque los problemas están, estarán, pero, como se hace en una familia, con amor, buscar la solución con amor: no destruir esto para resolver aquello; no tener competencias… Cuidar la vida de la comunidad, porque cuando en la vida de la comunidad es así, de familia, es precisamente el Espíritu Santo el que está en medio de la comunidad.
Estas dos cosas quería decirles: la contemplación siempre – ¡siempre! – con Jesús; Jesús, Dios y Hombre. Y la vida de la comunidad, siempre con un corazón grande, ¡eh! Dejando pasar… no vanagloriarse, soportar todo, sonreír desde el corazón… Y el signo de esto es la alegría. Y yo pido para ustedes esta alegría que nace precisamente de la verdadera contemplación y de una bella vida comunitaria.

Gracias. Gracias de la acogida. Les pido que recen por mí, por favor: ¡no lo olviden!

Francisco se dirige a las parejas:

El papa Francisco instó a las parejas a perdonarse aún "cuando vuelen platos" tras recordar que "firmar la paz antes de acostarse", puede salvar el matrimonio.

Desde la catedral de San Rufino en Asís, la pequeña ciudad del centro de Italia donde nació San Francisco, ante numerosos religiosos, obispos y laicos, Francisco volvió a abordar un tema central de su pontificado: "reconocer los propios errores, pedir perdón, aceptar disculpas".

El Pontífice, que ha respondido a diversas preguntas de los asistentes, ha señalado que para reconocer la vocación al celibato y a la virginidad se requiere "rezar y caminar en la Iglesia" y que supone una llamada de Dios que involucra toda la persona. Por ello, ha insistido por en que la "virginidad para el Reino de Dios no es un no, sino un sí", a pesar de que implica la renuncia a un vínculo conyugal y a una propia familia. "Pero en la base está el sí, como respuesta al sí total de Cristo que da la fecundidad", ha dicho.

Además, también les ha animado a no tener miedo a los pasos definitivos en la vida como el matrimonio. En este sentido, ha resaltado que "el matrimonio es una verdadera vocación como el sacerdocio y la vida religiosa" y que se necesita valentía para formar una familia.

Para ello, les ha aconsejado que profundicen en "el amor, respetando el tiempo y las expresiones, y que recen bien". También ha asegurado que tiene la seguridad de que Dios no les dejará solos agregado "tener confianza en que el Señor no los dejará solos" por lo que ha animado a dejarlo entrar como uno de familia porque Él los apoyará siempre

"Lo más importante es pedir perdón y aceptar las disculpas de los demás perdonando", dijo el papa.

"A veces pienso en los matrimonios que después de tantos años se separan: nos hemos alejado", comentó.

"Quizás no supieron perdonar a tiempo. A los nuevos esposos les doy este consejo: nunca terminen la jornada sin firmar la paz. Aún cuando hayan volado platos", agregó.

Francisco aprovechó la ocasión para dar consejos a los religiosos, curas y obispos a los que advirtió contra las "homilías interminables, aburridas, de las que nada se entiende".

A los obispos recordó que son "custodio del don de la armonía en la diversidad" y a los párrocos los invitó a "conocer las personas".

"No se dejen bloquear por las rigideces o por el famoso 'siempre se hizo así'", dijo con tono amigable, similar al de Juan XXIII, conocido por su lenguaje simple.

El papa, contra los "cristianos de pastelería":

El Papa Francisco no puede callar. Fue él, el primero en poner a Lampedusa en el foco del mundo al ir en la zona al comienzo de su Pontificado. Fue a ver a los más sufridores, y se comportó como un verdadero pescador de hombres. El tiempo le ha dado la razón y lamentablemente la tragedia se ha cebado una vez con un pueblo de 23 kilómetros cuadrados. Allí llegan los que huyen de la muerte, de la xenofobia y de la miseria. De ellos se aprovechan los que ganan dinero con su sufrimiento.

Así que el Papa no ha podido callarse. En un segundo discurso improvisado se ha dirigido a las personas atendidas en Cáritas que, según ha remarcado, "han sido despojadas" por un mundo "salvaje que no da trabajo, que no ayuda y al que no le importa si hay niños que mueren de hambre en el mundo, familias que no tienen comida, gente que tiene que huir de la esclavitud y del hambre, para buscar la libertad y que muchas veces encuentran la muerte".

Asimismo, el Papa ha rechazado a los "cristianos de pastelería" que son los que quieren hacer "un cristianismo un poco más humano, sin cruz, sin Jesús, sin despojo". En este sentido, ha alertado del "grave peligro" de la mundanería. "El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo" ha señalado, para insistir en que "la mundanería lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo" y en que la idolatría es "el pecado más fuerte".

Así, ha calificado de "ridículo" que un sacerdote, religiosa, obispo, cardenal o Papa "quieran recorrer un camino de mundanería que asesina a las personas, al mundo y a la Iglesia" por lo que ha animado a pedir al Señor la gracia para que de a todos los cristianos "la valentía el coraje de despojarse del espíritu del mundo que es la lepra, el cáncer de la sociedad".

Además, Francisco ha precisado que "cuando los medios de comunicación hablan de la Iglesia, creen que son los sacerdotes, religiosas, obispos, cardenales" pero ha aclarado que la Iglesia está formada por todos los bautizados.

Por su parte, el arzobispo de Asís, Domenico Sorrentino, ha destacado que se trata de la primera visita de un Papa a este lugar donde San Francisco se despojó de todo delante de su padre, el obispo y la gente de Asís y donde el obispo Nicolini ocultó a más de 300 judíos durante la segunda Guerra Mundial. Antes de visitar el centro de Cáritas, el Papa ha mantenido un encuentro en el Instituto Seráfico de Asís, donde ha saludado a niños con discapacidad y enfermos y al personal que los atiende y ha realizado una visita privada al santuario de San Damiano. El Papa vuelve a demostrar que es un hombre con puño de hierro.




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