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Discurso íntegro del Papa a los cardenales en su despedida

  • El Papa ha prometido su reverencia y obediencia incondicional al nuevo Papa.
  • Benedicto XVI ha pedido a los cardenales una unidad similar a la de una orquesta en armonía.
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  • El Papa se despide de los cardenales, en su último día de Pontificado / AFP El Papa se despide de los cardenales, en su último día de Pontificado / AFP

Benedicto XVI ha saludado esta mañana a las 11 en la Sala Clementina al Colegio de Cardenales cuyo Decano es el cardenal Angelo Sodano que ha dirigido, en nombre de todos los presentes, un breve discurso de despedida al Papa.

“Con gran emoción -ha dicho- los Padres Cardenales, presentes en Roma se estrechan hoy en torno a su persona para manifestarle una vez más profundo afecto y viva gratitud por su testimonio de abnegado servicio apostólico, por el bien de la Iglesia y de toda la humanidad.

El cardenal ha recordado´las palabras que el pasado sábado, al final de los Ejercicios Espirituales el Papa dirigió a sus colaboradores de la Curia Romana: “Amigos míos, quiero daros las gracias a todos, no sólo por esta semana, sino por estos ocho años, durante los cuales habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor y fe, el peso del ministerio petrino”.

“Amado y venerado Sucesor de Pedro -ha exclamado el cardenal- somos nosotros los que tenemos que darle las gracias por el ejemplo que nos ha dado en estos ocho años de pontificado. El 19 de abril de 2005 se unía a la larga cadena de sucesores del apóstol Pedro y hoy, 28 de febrero de 2013, se prepara a dejarnos, en espera de que el timón de la barca de Pedro pase a otras manos. Así continuará la sucesión apostólica que el Señor prometió a su Santa Iglesia, hasta que resuene en la tierra la voz del Ángel del Apocalipsis que proclamará: “No hay más tiempo... se ha cumplido el misterio de Dios”. Terminará entonces la historia de la Iglesia, junto con la historia del mundo, con la llegada de cielos nuevos y nueva tierra.”

El decano del Colegio cardenalicio ha subrayado el “profundo afecto” con que los cardenales han intentado acompañar al Papa en su camino “reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús quienes, después de haber caminado con Jesús durante un tramo del camino se dijeron uno a otro: “¿No ardía por casualidad nuestro corazón, cuando nos hablaba a lo largo del camino?”.

“Si, Padre Santo, sepa que también ardía nuestro corazón cuando caminábamos con Usted en estos últimos ocho años. Hoy queremos, una vez más, expresarle toda nuestra gratitud” y “en coro le repetimos una frase típica de su querida tierra natal: “Vergelt's Gott” (¡Que Dios se lo pague!)”.

El Santo Padre, a su vez, se ha dirigido a los cardenales, retomando la experiencia de los discípulos de Emaús:

"Venerados y queridos hermanos. Con gran alegría os acojo y le presento a cada uno de ustedes mi cordial saludo. Agradezco al cardenal Angelo Sodano, que como siempre ha sabido hacerse intérprete de los sentimientos de todo el Colegio, cor ad cor loquitur. Gracias eminencia, de corazón

Y quiero decirles tomando referencia la experiencia de los discipulos de Emmaus, que también para mi fue una alegría caminar con ustedes, estos años en la luz de la presencia del Señor Resucitado.

Como dije ayer delante de miles de fieles, que llenaron la plaza de San Pedro, vuestra cercanía y vuestro consejo fueron de gran ayuda en mi ministerio.

En estos ocho años hemos vivido con fe momentos bellísimos de luz radiosa en el camino de la Iglesia, junto a momentos en los que alguna nube se volvió densa en el cielo. Hemos buscado de servir a Cristo y a su Iglesia, con amor profundo y total que es el alma de nuestro ministerio. Hemos donado esperanza, aquella que nos viene de Cristo, quien sólo puede iluminar el camino.

Juntos podemos agradecer al Señor que nos hizo crecer en la comunión y juntos rezarle a para que les ayude a crecer aún más en esta unidad profunda, de manera que el colegio de cardenales sea como una orquesta donde la diversidad, expresión de la Iglesia universal, lleve siempre a la superior concorde la armonía.

Querría dejarles un pensamiento simple que llevo en el corazón, un pensamiento sobre la Iglesia, sobre su misterio, que constituye para todos nosotros, podemos decir la razón y la pasión de la vida.

Me ayudo con una expresión de Romano Guardini, escrita justamente en el año en el Concilio Vaticano II, aprobaba la constitución Lumen Gentium. Un último libro con una dedicatoria personal para mí, por lo que estas palabras en este libro me son muy queridas.

Decía: “La Iglesia no es una institución elucubrada y construida calculadamente. Es una realidad viviente, ella vive a lo largo del curso del tiempo para volverse, como cada ser viviente, transformándose, y aún así en su naturaleza se queda siempre la misma, y su corazón es Cristo.

Era, me parece, nuestra experiencia de ayer en la plaza, ver que la Iglesia es un cuerpo vivo, animando por el Espíritu Santo, que vive realmente de la fuerza de Dios. Ella está en el mundo pero no es del mundo. Es de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo. Lo hemos visto ayer.

Por ello es verdadera y elocuente otra expresión de Guardini: 'La Iglesia se despierta en las almas'. La Iglesia vive crece y se despierta en las almas que como la de la Virgen María acogen la palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo. Ofrecen a Dios su propia carne y justamente en su pobreza y humildad se vuelven capaces de generar a Cristo hoy en el mundo.

A través de la Iglesia el misterio de la Encarnación se queda presente por siempre. Cristo continua a caminar a través de los tiempos y en todos los lugares.

Quedémonos unidos queridos hermanos, en este misterio. En la oración, especialmente en la eucaristía cotidiana, y así sirvamos a la Iglesia y a toda la humanidad. Esta es nuestra alegría que nadie nos puede quitar.

Antes de saludarles personalmente, deseo decirles que les estaré cerca con la oración, especialmente en los próximos días, para que seáis enteramente dóciles a la acción del Espíritu Santo para la elección del nuevo papa. Que el Señor les muestre la que es su voluntad.

Entre vosotros, en el Colegio de Cadenales, está también el futuro papa al que ya hoy prometo mi incondicional reverencia y obediencia.

Por todo esto con afecto y reconocimiento les imparto la bendición apostólica".

Una vez acabado su discurso Benedicto XVI ha saludado uno por uno a los 144 cardenales presentes y a diversas personalidades de la Curia romana.

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