Viernes 23/08/2019.

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El futuro de la izquierda española es una travesía en el desierto “a la italiana”


El progresismo español tiene por delante, por mor de su división, la misma travesía en el desierto que el italiano anterior a Romano Prodi. Sólo la llegada de una coalición similar a la de El Olivo que triunfó en 1996 o al Partido Democrático de Matteo Renzi le permitirá volver a tener opciones de gobierno.

La izquierda española ha llegado al final de un camino prodigioso en el que ha conservado La Moncloa el 60% del tiempo en democracia. Una singladura que comenzó en 1982, envalentonada por la proeza del PSOE de Felipe González (un 48% de los votos y 202 escaños), y ha terminado en 2016 con su fragmentación total y sin posibilidad plausible de tocar poder durante muchos años. Unidos Podemos no va a desaparecer, el nuevo PSOE tampoco, y ambos son, a nivel nacional, como el agua y el aceite. Es una división que ha llegado para quedarse, y que convierte a España en Italia justo en el momento en que, irónicamente, Italia se quiere parecer a la España de antes. Dos caminos políticos recorridos en direcciones contrarias.

La izquierda ha implosionado; la derecha ya ha tocado suelo

“Es la España de hoy, pero se parece a la Italia de ayer”, dijo tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015 el primer ministro italiano Matteo Renzi. Hablaba del fin del bipartidismo y de la atomización de la izquierda. Una historia que los italianos conocen de primera mano y cuya evolución permite vislumbrar la travesía en el desierto que tiene por delante el progresismo español.

La derecha italiana ha tenido el control casi absoluto de la política italiana desde 1946. De esos 70 años, sólo 15 han estado gobernados por primeros ministros progresistas. ¿Por qué? Sobre todo porque la izquierda ha estado profundamente dividida.

Sólo cuando han creado coaliciones han podido competir con los conservadores: en 1996 con la llegada de El Olivo de Romano Prodi (el partido duró siete años no consecutivos en el gobierno) o, ahora, con el Partido Democrático (en el poder desde 2013) liderado por Matteo Renzi.

Ambas coaliciones son un auténtico cambalache de siglas: partidos socialdemócratas, socioliberales, liberales, verdes y cristianodemócratas. Grupos que se han dado cuenta de que la derecha raramente se divide, y por eso opta al poder con mayor eficacia.

Italicum, una ley “a la española”

Para reinar en este desastre político de gobiernos que duran uno, dos o tres años, Matteo Renzi y Silvio Berlusconi pactaron una reforma legal conocida en un primer momento como “sistema español modificado”. Italicum, nombre popular de 'Disposizioni in materia di elezione della Camera dei deputati', ya en vigor, premia la concentración electoral de los partidos. Si hay alguna coalición obtiene más del 40% de los votos, se le entregan automáticamente 340 escaños, el 40% del total de 630.

Es un proceso de consolidación hacia el bipartidismo que se produce justo cuando España va en la dirección opuesta: sin cambio legal alguno, el Parlamento se ha disgregado en cuatro partidos que se reparten el grueso de los 350 escaños. Un legislativo propenso al bloqueo político.

En este contexto, parece que el Partido Popular ha tocado su suelo electoral (33% de los votos). Pocos creen que vaya a caer de los 137 escaños. Mientras, la izquierda pelea por repartirse 156 escaños. Insuficientes, incluso si tuvieran la más mínima intención de coaligarse. España se parece así, cada vez más, a la Italia previa a la llegada de Romano Prodi.


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