Lunes 16/07/2018.

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La Unión Ibérica ¿algo más que una idea romántica?

Recuperaron casi en paralelo la democracia, ingresaron juntos en la UE y han padecido la última crisis económica con similar contundencia, y es que, además de siglos de historia, España y Portugal han compartido en las últimas décadas una trayectoria casi idéntica que ha intensificado al máximo sus relaciones.
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  • Foto 4 de Rajoy y Rebelo de Sousa demandan una UE fuerte que atienda intereses ibéricos EFE

Recuperaron casi en paralelo la democracia, ingresaron juntos en la UE y han padecido la última crisis económica con similar contundencia, y es que, además de siglos de historia, España y Portugal han compartido en las últimas décadas una trayectoria casi idéntica que ha intensificado al máximo sus relaciones.

En ese contexto, especialmente tras la virulencia de la crisis en los países del sur y su pérdida de influencia en Europa, han resucitado algunas de las viejas ideas del iberismo, la apuesta por una integración de los dos países en un único ente político que permitiera recuperar relevancia internacional.

España y Portugal ya mantienen una relación privilegiada que estos días se constata con la visita de Estado del presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, y que se manifiesta en el terreno político y económico con una mayor cooperación transfronteriza y una creciente unidad de acción en la UE.

España es el principal proveedor de Portugal con casi un tercio del valor de sus importaciones de bienes y servicios, y también su principal cliente, ya que un 25 por ciento de las exportaciones portuguesas se destinan a España, según datos de 2017 de la Agencia para la Inversión y el Comercio Exterior de Portugal (AICEP), recogidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores español.

La trayectoria paralela en la UE, los intereses comunes, han desembocado en un extenso catálogo de acuerdos bilaterales en multitud de sectores, cuya máxima expresión son las cumbres bilaterales al más alto nivel que se celebran desde 1983.

LA BALSA DE PIEDRA

El diccionario de la Real Academia define iberismo como "la doctrina que propugna la unión política o una especial relación sociopolítica entre España y Portugal". Iberistas fueron Unamuno, Pessoa y Saramago, quien fabuló en una de sus obras, "La balsa de piedra", con la separación física de la península ibérica del resto de Europa, obligando a españoles y portugueses a encontrarse y reconocerse como un solo pueblo.

Lo cierto es que la idea romántica de la unión de los pueblos peninsulares, que tuvo especial éxito a finales del siglo XIX coincidiendo con otros movimientos de unificación como los de Italia y Alemania, no está completamente desaparecida.

En 2013 se creó en Portugal el Movemento Partido Ibérico, al que siguió poco después en España el Partido Ibérico (Íber). Ambos firmaron en octubre de 2016 la llamada "Declaración de Lisboa", que apuesta por una Comunidad Ibérica de Naciones -incluida Andorra-, y trabajan para presentar una candidatura conjunta a las elecciones europeas de 2019.

"Los ibéricos, como pioneros de la globalización y el mestizaje, estamos llamados a liderar un mundo de futuro incierto donde vuelven a levantarse fronteras y se profundiza la crisis de valores", reza la citada declaración.

UN BANCO CENTRAL IBÉRICO Y UNA SOLA POLÍTICA EXTERIOR

Los nuevos iberistas disponen de un catálogo de 111 medidas para "la comunicación y entendimiento" entre ambos países, entre las que destacan las destinadas a intensificar las ya profundas relaciones en La Raya/A Raia, la frontera de 1.214 kilómetros que separa España y Portugal.

El Movemento y el Partido Ibérico proponen un estatuto del ciudadano transfronterizo, la coordinación de recursos y prestación de servicios, así como numerosas iniciativas concretas de "conexión" y para el desarrollo a ambas zonas de la frontera.

La creación de un Banco Central Ibérico, así como la paulatina equiparación de las legislaciones fiscales, laborales y empresariales, son otras de las propuestas, entre las que también hay varias encaminadas a fomentar el uso del español y el portugués en toda la península y en el exterior, aprovechando que se trata de "las dos únicas grandes lenguas recíprocamente comprensibles".

Más anecdótica puede parecer la creación de una Liga de fútbol ibérica o la declaración de un Día de la Península Ibérica.

¿QUÉ PIENSA LA GENTE?

A lo largo de los últimos años, universidades, empresas demoscópicas e instituciones oficiales han preguntado en varias ocasiones a las respectivas opiniones públicas por esta cuestión y la última vez que se hizo, en junio de 2016, dos tercios de los portugueses (67,8 %) dijeron ser partidarios de que España y Portugal avanzaran hacia "alguna forma de unión política ibérica".

En ese estudio del Instituto Elcano sobre la imagen de España, un 74 por ciento de los portugueses opinaba que España y Portugal deberían ser los mejores aliados y un 83 por ciento que ambos países deben defender de forma conjunta sus intereses comunes en la escena internacional.

Aún con cifras menos contundentes, en encuestas de años anteriores también eran más los españoles partidarios de intensificar relaciones con Portugal, incluso hasta articular algún tipo de unión política, con un respaldo siempre por encima del 50 por ciento.

LAS IDENTIDADES NACIONALES

No obstante, una unión política llevada a su máxima expresión chocaría con importantes dificultades como la forma de gobierno -España es una monarquía, Portugal una república- y encontraría resistencias por la sensación de muchos portugueses -que también muestran las encuestas- de que España acabaría "colonizando" Portugal.

La cada vez mayor presencia de empresas españolas en Portugal es considerada positiva por el 51 por ciento de los portugueses, pero un porcentaje importante advierte de aspectos negativos, sobre todo "la pérdida de la identidad portuguesa".

Del lado español, los principales recelos a una hipotética unión se refieren a algunos planteamientos iberistas de "confederación ibérica", propuesta tradicionalmente defendida por destacados catalanistas como forma de resolver definitivamente el encaje de Cataluña en una "federación de repúblicas ibéricas", como sostuvo literalmente Francesc Maciá al proclamar la república catalana en 1931.

Por el momento, lo que prevalece es una relación cada vez más estrecha entre los dos países, lejos de históricas disputas, y con propuestas de acercamiento más económico y cultural que político.

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