Sábado 03/12/2016.

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Treinta años después, familias de represaliados por Gadafi buscan sus muertos

Sentados en un amplio salón casi vacío, Omar y Hisham reflexionan con el rostro sosegado pese a que en su memoria albergan una de las más mayores atrocidades perpetradas por el régimen del huido Muamar al Gadafi.
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Treinta años después, familias de represaliados por Gadafi buscan sus muertos Treinta años después, familias de represaliados por Gadafi buscan sus muertos

Sentados en un amplio salón casi vacío, Omar y Hisham reflexionan con el rostro sosegado pese a que en su memoria albergan una de las más mayores atrocidades perpetradas por el régimen del huido Muamar al Gadafi.

Ocurrió hace 27 años, pero por la expresión serena de sus oscuros ojos parece cierta la sentencia de dice que el tiempo es la mejor de las medicinas.

Omar tenía apenas 14 años y su hermano Hisham 9 cuando su padre, un rico empresario llamado Uzman Sarti, salió de su casa disfrazado a bordo de un vehículo para nunca más volver vivo a su barrio de Suk al Yuma, en el este de Trípoli.

"Iba a acompañar a Túnez a la familia de una de las empleadas que acababa de morir. Alguien le avisó que la policía secreta había salido a buscarle, por lo que decidió cambiar su ropa. Nunca más le volvimos a ver", relata a Omar en una amplia casa construida muy cerca de la que tuvo su progenitor.

"Nosotros éramos muy pequeños entonces y no nos dejaron ir a la ejecución pública. Yo no he podido ver el vídeo hasta este año, pero ni hermano es incapaz de verlo. Es demasiado doloroso recordar", agrega.

La trágica historia de Uzman Sarti, uno de los miles de represaliados de Gadafi, se remonta a albor de la década de 1980, en el apogeo de una de las épocas más siniestras y oscuras de la dictadura libia.

Corredor de seguros, logró hacer una pequeña fortuna en el negocio de la construcción antes de convertirse en el representante en Trípoli de una importante firma británica.

En uno de sus frecuentes viajes de trabajo a Londres entró en contacto con opositores en el exilio, y en particular con el Frente Nacional para la Salvación de Libia (NFSL, en sus siglas en inglés), que en mayo de 1984 trató de manera infructuosa de dar un golpe de Estado y asesinar al tirano.

"En las semanas previas a que lo prendieran nos obligaron a abandonar nuestra mansión y la arrasaron. Tuvimos que irnos a vivir a una pequeña casa y jamás pudimos recuperar esa tierra, que Gadafi quiso regalar. Fue un aviso", cuenta Omar.

"Pudo huir, pero mi padre se entregó después de que se enterara de que habían amenazado con hacer daño a sus hijos. Le hicieron una farsa de juicio público y lo condenaron a muerte", agrega mientras fija la vista en un añoso retrato en blanco y negro de un Uzman joven.

La ejecución se llevó a cabo en mayo de 1984, en pleno mes de Ramadán, en medio de una cruenta oleada de represalias ordenadas por Gadafi.

Y cobró relevancia por la insidia de sus verdugos, que cuando oscilaba en el patíbulo, sujetaron el cuerpo por la cintura y tiraron hacia abajo con saña para certificar la asfixia.

"Después, colocaron el cuerpo en un camión de basura y lo trajeron al barrio para que sirviera de escarnio. Nunca nos entregaron el cadáver ni nos permitieron hacerle un funeral. Algunos de los que asistieron fueron encarcelados", rememora mientras Hisham juega con otra foto más moderna de su padre entre los dedos.

Casi tres décadas después, y una vez caído el tirano que arruinó sus vidas, Omar ha emprendido la búsqueda del cuerpo de su padre para cerrar una herida que solo aflora con el paso cansino de la entrevista.

Gracias a "unos contactos", y acompañado de otra familia con una historia pareja, logró el pasado lunes entrar en "Dar al Mauta", una conocida morgue de la ciudad.

Esos mismos contactos le permitieron asomarse al llamado depósito de los muertos de 1984, hasta la fecha solo accesible a los servicios secretos de Gadafi, y en la que dice que vio 18 cuerpos, uno de ellos de una mujer.

"Creo que allí no estaba mi padre. Los cadáveres estaban muy corrompidos y envueltos en plástico. Puede ser que fuera enterrado en una fosa común", relata Omar, que apenas tiene cicatrices externas de su calvario psicológico.

Al asesinato de su padre, le siguió la implacable persecución del régimen a toda la familia.

Uno de los sobrinos más queridos de Uzman, detenido también en 1984, pasó 21 años en la cárcel, sin acusación ni juicio, y fue arrestado brevemente hace unas semanas, en los días previos a la caída de Trípoli.

El apellido Sarti quedó maldito: no podían tener documentación, ni pasaporte, ni títulos de propiedad y muchos se apartaban al oir su nombre.

"La muerte es poco para Gadafi", contesta cuando se le pregunta que destino prefiere para el dictador. "Nosotros creemos en la justicia divina", concluye.

Por Javier Martín.

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