Lunes 18/03/2019.

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¿El sistema político español propicia el derrroche y la corrupción?

Política

España: ¿Democracia o Partitocracia?

  • El caso Palma Arena, el caso Campeón, el caso Faisán, los casos de los ERE´s y de las empresas publicas de Andalucía, el endeudamiento masivo de casi todas las Comunidades Autónomas y del mismo Estado...
  • Tres expertos han denunciado para Teinteresa que las causas de la corrupción y el despilfarro, en España, no solo se hay que buscarlas en la falta de ética de algunos de nuestros representantes públicos, sino que también vienen propiciadas por la arquitectura del actual sistema político.
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  • Carmen Calvo, Ministra de Cultura de España entre 2004 y 2007: "Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie." (29 de mayo de 2004).

Para Dalmacio Negro Pavón, Catedrático emérito de Ciencia Política y miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, "el endeudamiento de las Comunidades Autónomas es algo gravísimo que se hace con el propósito de crear clientelas. Por eso se han multiplicado las intervenciones de todo tipo. Miremos la agricultura: está machacada con mil normativas distintas, y muchas vienen de la UE; a los campesinos les sueltan jabalíes que les destrozan los campos, hasta para cortar un árbol hay que pedir permiso y ahora tienen que registrar en un libro de contabilidad cada vez que compran y matan un cerdo".

¿Qué hay detrás de esta maraña legislativa? "Una burocracia que se entromete de todo", responde Dalmacio Negro, "con esta burocracia se crean empleos para los amigos y los agradecidos. La clase política hace favores, y cuanto más inútil es el político en cuestión, más favores tiene que hacer. Una ministra socialista dijo que el dinero público no es de nadie. Este es el criterio. El negocio de la oligarquía es gastar y hacer favores para mantenerse en el poder. Por que lo que hay montado aquí, en España, es una partitocracia, es decir, una oligarquía en torno al poder político; un poder que dirigen los dos grandes partidos, conectados a su vez con la gran empresa, el mundo de la finanzas y los medios de comunicación. El pueblo es un convidado de piedra".

Oligarquía. Esta es la palabra que también emplea Antonio García-Trevijano Forte, abogado y pensador, para describir el núcleo del sistema político español. "Lo que hay en España", explica García-Trevijano, "es un sistema que se llama partitocracia u oligarquía de partidos. No es en absoluto una democracia representativa".

Entonces, ¿cuales son, a su juicio, las características de una democracia representativa? "Muy sencillo", responde García-Trevijano. "Tiene tres características. La primera es que ha de ser auténticamente representativa, es decir, que tiene que ser proporcional, representando al elector, a la sociedad civil, y no la los partidos políticos. Aquí, en España, los partidos políticos son Estatales -no brotan de la sociedad civil, sino que están incrustados en la misma estructura del Estado- y las listas son cerradas, por lo que los políticos no representan al pueblo, sino al jefe de su partido".

Tres poderes separados

La segunda característica que señala García-Trevijano es una efectiva separación de poderes. "No hay que confundir la separación de funciones, que es lo que había en las dictaduras de Hitler, Mussolini o Franco, con la auténtica separación de poderes. Los tres poderes son el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, que propiamente no es un poder sino una facultad, pues los jueces pertenecen al Estado. El Legislativo representan a la sociedad civil mientras cumple su función, que es la de legislar. En el caso español es muy evidente que esta condición no se cumple. En las Cortes españolas no hay separación de poderes porque el Gobierno vigila y controla a sus diputados que, por ello, no son independientes".

La tercera y última característica que apunta García-Trevijano es que el sistema de elección sea uninominal y por distrito. "Este sistema de elección es un invento del liberalismo inglés del siglo XIX. Se estructura en base a distritos pequeños -en torno a los 100.000 habitantes-, donde se presentan todos los candidatos que quieran, pero de todos ellos solo sale elegido uno; por eso se llama uninominal. Los partidos pueden apoyar al candidato que más les guste, pero el escaño no le pertenece al partido, sino al diputado. Este sistema luego ha sido copiado por otros países. Actualmente las naciones que tienen el sistema de democracia representativa son Inglaterra, Francia, Suiza -en parte- y, desde luego, los EE.UU.".

Dalmacio Negro también recurre al ejemplo de América, nación donde existen -como en cualquier otro lugar del planeta- las oligarquías sociales, pero no así las políticas. ¿Por qué? "Porque al Presidente lo elige directamente el pueblo americano, y no el Congreso, como aquí. Hay una división de poderes real y efectiva. A su vez, si el Presidente quiere sacar adelante una ley, tiene que ganarse el voto de los senadores de su propio partido, pues estos son más fieles a su demarcación electoral, que es donde están los votantes que le han elegido, que a su organización política. En EE.UU. los representantes políticos brotan de circunscripciones electorales concretas; lo estamos viendo en la actual campaña electoral. Esto tiene sus defectos, como todo, pero permite la oxigenación de sistema. Con esto y con la separación de poderes se consigue la renovación de la oligarquía política".

Out of Control

En el caso de que no hubiese una democracia representativa, ¿donde se encuentra la soberanía del pueblo español? "La soberanía, que no es otra cosa que el monopolio de la fuerza", responde García-Trevijano, "es una cualidad del Estado. Y aquí el monopolio de la fuerza lo administran los dos partidos mayoritarios. La confusión se produce porque los tres poderes están unidos; el Legislativo ejecuta las leyes que le dicta el partido en el poder, y el Judicial hace lo que el Ejecutivo le dicta. A esto hemos de añadirle lo ya mencionado; que los partidos están incrustados dentro de la misma estructura del Estado. Así, cuando se celebran unas elecciones y se va un partido para que entre otro, se produce una alternacia de poder, pero no una alternativa, pues el sistema es esencialmente partitocrático".

Esta ausencia de control del poder es lo que, según García-Trevijano, hace que la corrupción sea inherente al sistema político español. "Pertenece a la naturaleza humana que cuando no hay control del poder surja la potencia. ¿Qué es la potencia? Es el poder de ir más allá de las leyes y la moral. Es hacer todo lo que se pueda hacer. Por eso se separan los tres poderes, para que puedan estar controlados por la ley. Por poner un ejemplo llano: un boxeador que se pelea en el ring es poder, pero un boxeador que va pegando a la gente por la calle es potencia".

Veamos ahora más de cerca el caso español. Para Consuelo Martínez-Sicluna y Sepúlveda, Profesora Titular de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, "la democracia, tal y como la describe Aristóteles en La Política, es la participación del pueblo en la vida política. Pues bien, justo esto es lo que no sucede en España, pues el pueblo no elige a sus representantes, sino que vota listas cerradas que ya han elaborado los partidos. Solo Esperanza Aguirre ha mostrado interés en abrir las listas electorales".

La Ley de Hierro de la Oligarquía

El hecho de que las listas sean configuradas por los jefes de los partidos explicaría, según Martínez-Sicluna, muchas cosas, como, por ejemplo, "esos ascensos y descalabros políticos tan inexplicables que vemos todos los días en los periódicos, lo que supone una falta de transparencia con respecto a la ciudadanía".

La opinión de Dalmacio Negro viene a coincidir con la de Martínez-Sicluna: "Todo Gobierno, por definición, tiende a la oligarquía. La única solución para paliar esta tendencia es controlar al poder a través de la democracia, a través de un sistema representativo real y mayoritario. Por tanto, el representante tiene que representar a sus representados, que son las personas que le han votado, y ha de intentar cumplir las promesas que les ha hecho. En EE.UU. o Inglaterra el diputado o el congresista de turno cada cierto tiempo abre la oficina de su distrito electoral para que la gente -sus votantes- vayan a presentarle sus quejas", señala Dalmacio Negro.

Sin embargo, lo que observamos en el Congreso español no es precisamente esto. "Aquí", comenta Dalmacio Negro, "incluso tenemos a los llamados diputados cuneros, que son aquellas personas designadas directamente por el partido para presentarse en un territorio que apenas conocen. Por ejemplo, poner de número uno en la lista por Huelva a alguien que es de Zaragoza y que en la vida ha estado en Andalucía".

¿De donde procede este sistema? Varios padres de la Constitución de 1978 han reconocido en repetidas ocasiones que el actual marco político español se inspira en el turnismo que establecieron los líderes políticos Antonio Cánovas del Castillo -conservador- y Práxedes Sagasta -progresista- en el último tercio del siglo XIX. Un sistema que, con sus luces y sus sombras, durante más de medio siglo trajo cierta estabilidad política a España. "En el caso actual, la pretendida estabilidad", señala Martínez-Sicluna, "en la práctica está sosteniendo la corrupción institucional. ¿Por qué? Por que los partidos y los sindicatos viven parasitando al Estado".

Zapatero y Sagasta: busque las diferencias

Además, las diferencias entre la clase política del siglo XIX y la del siglo XXI, para Martínez-Sicluna, son abisales: "Pi y Margall o Ríos Rosas, por poner dos ejemplos muy diferentes entre sí, eran gente con una competencia, con una preparación. Sin embargo, lo que vemos hoy en día son unos sujetos absolutamente mediocres que nunca ha trabajado fuera de su partido. Pensemos en Zapatero, que durante sus 20 años como diputado no tuvo ni una sola intervención parlamentaria. O en todo un Ministro de Fomento, José Blanco, que no tenía acabada la carrera de Derecho", recuerda Sicluna.

Ante este hecho -la progresiva profesionalización de la política-, Dalmacio Negro apunta que tanto la partitocracia española como gran parte de la europea "son una herencia de la URSS, de los partidos fascistas y del Nacional-Socialista. Basta ver como fueron ellos los que inventaron las "Juventudes" de los partidos. En estas "Juventudes" se forma a los chicos desde el principio en la obediencia y disciplina de partido. A cambio de sumisión, medran dentro del aparato y hacen carrera. Así es como se van creando las castas cerradas de los partidos".

Martínez-Sicluna también tiene otro nombre para referirse al actual sistema político español: plutocracia, un tipo de gobierno donde el poder lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza. "Tanto los partidos como los sindicatos se financian con el dinero del Estado. Si se financiasen con las cuotas de los afiliados los partidos no serían capaces de hacer una sola campaña electoral. Si nos fijamos en los liberados sindicales veremos que ganan muchísimo dinero. ¿Por qué no están a pie de calle, defendiendo los derechos de los trabajadores? Prefieren formar parte de los consejos económicos y sociales de las Comunidades Autónomas y de las Cajas de Ahorro".

Habría que preguntarse también por la presencia de los representantes de partidos y sindicatos en tantos consejos de administración de bancos, de empresas públicas y privadas, de consejos de universidades... Pero no conviene cargar el cuadro con un exceso de tintes sombríos; podría perder verosimilitud. Además, Alberto Ruiz-Gallardón acaba de dar un motivo para la esperanza con su anuncio de reformar el sistema judicial. "No está mal, pero lo que sucede en nuestro país es escandaloso. A día de hoy, los políticos, a través de las Cortes, determinan a los miembros de Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional", responde Martínez-Sicluna, que a continuación pasa a analizar tres posibles casos de corrupción sacados de la más reciente actualidad.

¿Elena Salgado? "Ahí está, acaba de ser nombrada para formar parte de un consejo de Administración de Endesa en Chile. Existe la prohibición de que durante al menos dos años un alto cargo político, tras dejar su puesto, trabaje en una gran empresa, pero en este caso, como se iría a Sudamérica, se supone que tiene carta blanca".

Políticos con responsabilidad penal

¿Invercaria? "Una empresa pública de la Junta de Andalucía donde en cuatro años hemos visto como se han derrochado -no se sabe muy bien en qué- 30 millones de euros. ¿Algún político ha respondido por esto? De momento, ninguno. En cambio, en Islandia, ahora mismo están enjuiciando a su ex primer ministro por no haber dado la respuesta adecuada a la crisis y seguir endeudando al país hasta extremos impensables. Su responsabilidad no solo ha sido política, sino que también podría ser penal. ¿Hemos visto aquí, en España, algún caso similar a nivel central o autonómico? Cantabria o Valencia son dos comunidades que están arruinadas. Alguien debería de tener una responsabilidad por ello, es decir, una responsabilidad penal. ¿De qué sirve que un señor que deja cinco millones de parados pierda unas elecciones y luego se vaya a su casa tan tranquilo? Estamos viendo ante nuestro ojos como la generación más preparada de la Historia de España se tiene que marchar de nuestro país para encontrar trabajo".

Dejamos para el final el caso que está causando más polémica entre la opinión pública: el de Iñaki Urdangarín. "A Urdangarín no se le recibe a título particular, sino porque es el Duque de Palma. Y se le recibe y se hacen negocios con él de esa manera porque en ese ambiente ya está instalada la corrupción", responde Martínez-Sicluna.

Para concluir, Dalmacio Negro describe al actual sistema político español como "un desgobierno en el que se deja que cada uno haga lo que le plazca con tal de que el negocio de la oligarquía continúa adelante. Desde luego que también existen políticos honrados, pero el sistema que se ha montado después de la Segunda Guerra Mundial básicamente ha convertido a los partidos políticos en centros de negocios. Un empresario, si quiere llegar lejos, tiene que ponerse en contacto con ese régimen burocrático-político o, de lo contrario, habrá de mantener un perfil bajo. Y así anda la política de desprestigiada, porque la política, en su esencia, no es un negocio".

Ante semejante panorama, don Dalmacio concluye con ironía que "España debe de ser uno de los países más ricos del mundo; aquí solo trabaja una minoría, el resto viven de ellos y al final todo el mundo va tirando más o menos bien".

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