Domingo 18/08/2019.

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El “modus ponens” contra Mariano Rajoy

Se puede decir que si el PSOE vota sí, se evitan nuevas elecciones, pero no que si hay nuevas elecciones es porque el PSOE haya votado no.


La lógica tiene como uno de sus elementos fundamentales el llamado modus ponens. Se puede entender con un ejemplo. Si asumimos que esta frase es cierta “Si Luis me mata, yo he muerto”, y un día viene Luis y me mata, se puede inferir que yo he muerto.

Pero para usar el modus ponens hay que tener mucho cuidado: lo que no se puede decir es que si Luis no me mata, entonces yo no he muerto. Puedo fallecer porque me mate Antonio, de un accidente, de una enfermedad…

Es cierto que si el PSOE vota sí al PP, entonces se evitan las terceras elecciones. Pero no se puede decir que si hay terceras elecciones es porque el PSOE haya votado que no al PP.

El Partido Popular está en su derecho de presionar a los socialistas para que le apoyen. Pero hay muchas otras formas de que no haya elecciones, y de ellas es responsable en parte el PP.

Por ello, poner la carga moral en el tejado de Ferraz es simplemente una interpretación de parte.

La solución vasco canaria, y los sacrificios del PP

Pedro Sánchez podría llevarle a Mariano Rajoy las llaves de La Moncloa, y una caja de bombones. Pero el Partido Popular puede formar Gobierno sin ayuda del PSOE.

Está, para empezar, la “solución vasco-canaria”. Se pergeñaría así: El PP consigue el apoyo del centro-derecha (Ciudadanos, Coalición Canaria y el PNV) y la abstención del diputado socialista de Nueva Canaria. ¿Cómo? Poniendo algo de carne en el asador. Ofreciendo pactos y compromisos en la mesa de negociaciones.

Lo que tiene que ofrecer es ya cuestión de los líderes de cada partido. Ciudadanos podría pedir la cabeza de Mariano Rajoy, o una serie de pactos de Estado contra la corrupción, por las pensiones y por la educación. Estos mismos acuerdos podrían facilitar que el diputado socialista de Nueva Canaria aceptara su abstención. El PNV ha afirmado que se siente muy alejado del PP actual, y les exige “un cambio de actitud”, algo que seguro podría precisarse en las conversaciones.

La lista es larga, y basta con buscar el mínimo común denominador de los grupos de centro-derecha citados. No habría en esto nada nuevo: José María Aznar consiguió el apoyo de Jordi Pujol; lejos de nuestras fronteras, el partido de extrema izquierda Syriza cerró el apoyo del partido de extrema derecha nacionalista ANEL.

Esto puede parecer a cada interlocutor más o menos plausible o razonable, pero lo es en la misma cantidad que la exigencia al PSOE de apoyar al partido que ha sido su némesis durante tanto tiempo.

Hay quien dice, por ejemplo, que Ciudadanos no puede votar junto al PNV porque están muy alejados en sus intenciones políticas (uno centralista, el otro nacionalista). Eso es cierto. Tanto como que el PSOE está muy alejado en sus intenciones políticas (Ley “Mordaza”, segunda reforma laboral, impuestos para el mantenimiento de las pensiones) del PP.

El Partido Popular y el PSOE se vendían hasta ahora, políticamente, como el agua y el aceite. Y lo han sido salvo en una ocasión relevante: cuando el PP vasco convirtió en Lehendakari a Patxi López. La justificación era clara: la lucha contra la amenaza del grupo terrorista ETA. ¿Qué razón similar hay ahora para pedir lo mismo al PSOE? El auge totalmente democrático de Podemos no parece ser algo que se pueda traer a colación sin provocar rubor.

Los números de la democracia

No sólo la lógica desbarata el argumento de que la culpa de unas nuevas elecciones recaería en el PSOE. Los números también.

El Partido Popular ha obtenido 7,9 millones de votos, el 33% del total, y 137 escaños. Hasta la fecha, el PP está solo. Eso significa que tiene 16,3 millones de votos alejados de su opción de investidura, que el 67% de la población no votó a Mariano Rajoy como presidente, y que el gallego cuenta tan sólo con el 44% de los escaños.

¿Hay algún presidenciable que tenga, a priori, más apoyo parlamentario? Eso sólo lo sabremos más adelante, a medida que avancen las negociaciones. Pero se puede intuir por las últimas declaraciones y por los hechos de los últimos meses. Pedro Sánchez ya ha pactado con Albert Rivera, por escrito y ante las cámaras. Pablo Iglesias parece arrepentido de la mala vida que ha dado al socialista, y se ha mostrado por activa y por pasiva dispuesto a apoyar un gobierno de Sánchez. Es decir: el candidato socialista parece estar más cerca de ser del agrado de los dos los líderes que representan un total de 13,6 millones de sufragios.

Esto no quiere, ni mucho menos, decir que conseguiría el equivalente en escaños a esos votos, porque tal vez, muy probablemente, Ciudadanos no quiera votar en el mismo sentido que Podemos. Lo que significa es que el Partido Popular tiene que empezar a ofrecer ya “hasta la camisa” para llevar a alguno de los grandes grupos parlamentarios hasta su acera.

Si no realiza sacrificios por mor del beneficio de todos los españoles (ofrecer grandes pactos de Estado, cambio de ministros o incluso del candidato a Presidente que nadie apoya) puede estar adoleciendo de la misma falta de sentido de Estado que reprocha a la oposición. Lo prueban la lógica y los números.




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