Viernes 09/06/2017.

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Díaz o Sánchez: la descarnada pelea del PSOE para escapar de su laberinto

¿Habría evitado el PSOE su hundimiento electoral si Rodríguez Zapatero hubiera convocado elecciones en vez de claudicar a las políticas de austeridad impuestas por Merkel para evitar la bancarrota de España? ¿Estaría hoy en mejor situación el PSOE si Rodríguez Zapatero hubiera decidido trasladar a los españoles la responsabilidad del ajueste que venía en vez de asumirlo él, su Gobierno y su partido, que durante los seis años anteriores regó a la sociedad española con la alegría del presupuesto público y se empeñó en negar la crisis incluso con la tormenta ya desatada?

El último presidente socialista es hoy uno de los grandes avales de Susana Díaz. La andaluza presume de él cada vez que puede, como si la miseria electoral que persigue a los socialistas no hubiera comenzado aquél fatídico miércoles de mayo de 2010 donde el PSOE asumió sin chistar, por ejemplo, el recorte único de las pensiones que ha existido en España en cuarenta años. Hasta Pedro Sánchez defendió entonces la reforma constitucional, pactada con el PP, para consagrar el déficit cero.

Es cierto. Pedro Sánchez ha cosechado los dos peores resultados históricos del partido. Pero antes que él, el récord pertenecía a Rubalcaba, esa solución que el establishment socialista impuso tras doblar el pulso a la renovación que suponía Carme Chacón.

La vida dio otro giro para el PSOE cuando el 15-M le salió respondón. Donde los socialistas veían un caldo de cultivo para manipularlo a su favor, surgió un partido rival. Pablo Iglesias Turrión venía a disputarle la hegemonía de la izquierda española a los herederos de Pablo Iglesias Posse, fundador del partido más antiguo de España, y se plantó en el Congreso con 70 diputados en el primer asalto. Nunca ocultó su objetivo: “Pondré al PSOE en la tesitura de elegir entre hacer presidente a Rajoy o a mí”. La profecía se cumplió a medias, porque el joven Iglesias nunca ha sido alternativa real a Rajoy desde el 20-D de 2015. Pero la abstención socialista para evitar unas terceras elecciones convirtió a Rajoy en presidente… y en símbolo de la resistencia ideológica a un Sánchez vapuleado en las urnas que había llegado al liderazgo del partido aupado por los mismos ‘barones’ que luego decidieron su decapitación de la forma más torpe.

“Al día siguiente de las elecciones de junio, la inmensa mayoría de los dirigentes de este partido sabíamos lo que había que hacer, lo que no sabíamos era cómo ganar el congreso después de hacerlo”, reconoció Javier Fernández, presidente de la gestora, para defender la abstención ante Rajoy como mal menor. Es la herida que llega abierta hasta hoy. Por la que se desangra un partido enfrentado entre la defensa de la posición institucional de evitar el ridículo para España de unas terceras elecciones y la del el ‘no es no’ bajo cualquier circunstancia y condición.


El triángulo diabólico

Por si fuera poco, el PSOE decide este domingo el dilema de su liderazgo atrapado en un triángulo diabólico para el deteriorado proyecto socialista, auténtico mar de fondo de la crisis del partido, más allá de quien resulte vencedor:

1. EL DECLIVE DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN EUROPA. Los partidos socialistas están siendo barridos del mapa. Una de las consecuencias políticas de la crisis económica es la radicalización de la izquierda, que bien se articula en nuevos liderazgos (Tsipras en Grecia, Mélenchon en Francia) que hunden en la irrelevancia a los partidos socialistas tradicionales, bien se hace con el control ideológico del partido y le deja sin perspectivas electorales halagüeñas (Hamon en Francia, Corbyn en Gran Bretaña). ¿Sobrevivirá el PSOE a este proceso de decantación histórica? "El PSOE no está vacunado contra ese riesgo", alerta todos los días Patxi López [ver este vídeo].

2. LA BATALLA CON PODEMOS POR LA HEGEMONÍA DE LA IZQUIERDA. Los militantes socialistas elegirán este domingo secretario general mientras Podemos se manifiesta en defensa de su moción de censura a Rajoy. La izquierda sociológica española se ha fracturado en dos mitades: 85 diputados socialistas, 71 diputados de Unidos Podemos. La irrupción del populismo izquierdista no es flor de un día. Ha llegado para quedarse un tiempo. Ni la moral del Alcoyano permite pensar que el PSOE pueda volver a ser el partido más votado de España mientras a su izquierda tenga un adversario tan fuerte.

El PSOE está ante una situación excepcional: el PCE más sólido nunca llegó a la mitad de los diputados que hoy comanda Pablo Iglesias. Susana Díaz cree que puede devolver los días de esplendor al PSOE marcando diferencias con Podemos. Pedro Sánchez, más práctico, está convencido de que, a corto plazo, no hay otra alternativa para la izquierda que una solución a la portuguesa: la suma de los socialistas, los comunistas y los nuevos populistas. Todo vale con tal de derrotar a la derecha. O lo que es lo mismo, el rechazo al PP convertido en programa de gobierno de un solo punto.

Al fin y al cabo, es la fórmula que ya permite a los socialistas gobernar regiones en las que no ganaron a cambio de regalar a Podemos un plus de legitimidad facilitándole la gestión de los denominados ‘ayuntamientos del cambio’. Con una excepción, Andalucía, donde Díaz gobierna gracias a Ciudadanos.

3. SIN VOTO JOVEN, SIN VOTO URBANO, ¿SIN FUTURO?. El PSOE está arrinconado en las grandes ciudades, donde primero fue derrotado por el PP y ahora ha sido desbordado por Podemos. “¡Nuestros hijos están ahí!”, clamó Josep Borrell. Según el último barómetro del CIS, solo el 8,3 por ciento de los votantes menroes de 35 años se identifica como socialista.

El PSOE ha perdido en diez años el 55 por ciento de su voto urbano. El pasado mes de junio no fue el más votado en ninguna de las 52 capitales de provincia. En toda España, solo venció en un municipio de más de 100.00 habitantes: Dos Hermanas (Sevilla). El votante del PSOE es una persona mayor que resiste en un pueblo extremeño, manchego y andaluz, región que se aventura como la reserva natural del voto socialista en vías de extinción. Y ya se sabe que las transformaciones sociales y culturales siguen el camino de la ciudad al campo. Nunca a la inversa.


La enfermedad senil del socialismo 

La encrucijada es histórica para el socialismo español. Pero antes tienen que batirse en duelo Susana Díaz y Pedro Sánchez. No hay otra forma de resolver el error que la ‘baronesa’ cometió en 2014 eligiendo al joven madrileño para que le guardara el puesto en Ferraz hasta que ella decidiera cruzar Despeñaperros (“Este chico no vale, pero nos vale”, según frase de Díaz que Jesús Maraña recoge en su libro “Al fondo, a la izquierda”). Sánchez adquirió vida propia, se zafó de tutelas, reveló su ambición y se adaptó sin complejos (ni prejuicios ideológicos) a los vaivenes de la política para sobrevivir de derrota en derrota hasta que encontró el discurso simple, pero acompasado con los tiempos de rabia y revancha que corren, que le permitió encarnarse como mártir de la izquierda.

Este domingo Sánchez amenaza con arrebatar el arca de la alianza a quienes se creían legítimos depositarios del legado socialista. Ni su victoria ni la victoria de Díaz evitarán el futuro que se avecina para el PSOE después de tanta inquina y agravios acumulados entre las dos facciones enfrentadas.

El historiador Santos Juliá lo ha dejado escrito: “Esta lucha de facciones en el principal partido de la oposición provocará sin remedio una fuerte sacudida en el conjunto del campo de las izquierdas, anulando, si alguna había, cualquier posibilidad de pacto entre ellas. Y no porque consumado al fin el famoso sorpasso, Podemos se alce con el santo y la limosna, sino porque buena parte de los votantes socialistas, sector mayores, jubilados, ámbitos rurales, pero también resto de profesionales y clases medias de edad madura, romperán amarras y llevarán sus votos a otros puertos cuando el PSOE aparezca como fuerza residual en el Sur o cuando Iglesias ofrezca la vicepresidencia a Sánchez y ambos se presenten en público puños en alto, como en los buenos viejos tiempos de izquierda unida jamás será vencida: si el faccionalismo es hoy la enfermedad senil del socialismo, el izquierdismo era ya, en tiempos de Lenin, la enfermedad infantil del comunismo”.

 

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