Miércoles 13/12/2017.

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Martel lleva a Venecia "Zama" y su crítica a "la identidad como cárcel"

  • Una película en la que tu propia personalidad es una trampa 
  • Foto 1 de Martel lleva a Venecia "Zama" y su crítica a "la identidad como cárcel" EFE
  • Martel lleva a Venecia "Zama" y su crítica a "la identidad como cárcel" EFE

La idea de la propia identidad concebida como una prisión es el tema en que se basó la directora argentina Lucrecia Martel para crear su selvática "Zama", presentada hoy fuera de concurso en la Mostra de Venecia.

Con su última obra, Martel (Salta, 1966) ha dado una vuelta de tuerca al clásico de Antonio di Benedetto sobre Diego de Zama, un funcionario de la Corona española destinado en Paraguay que espera descorazonadamente la llegada de un permiso para regresar a su país.

Como no podía ser de otra manera, la cineasta retrata ese deseo del colono, con la mirada puesta en el mar esperando un barco con un correo real que nunca llega, pero su verdadera intención ha sido la de abordar la idea de la propia "identidad como una trampa".

"La trampa de quién crees que eres y qué piensas que mereces. La trampa en la que estamos todos cuando vamos a buscar un trabajo, que pensamos que merecemos algunas cosas. Eso termina yendo en contra de nosotros mismos", opinó la cineasta mientras fumaba un puro.

Don Diego de Zama, interpretado por el mexicano Daniel Giménez Cacho, cree que merece su traslado, pero aunque lo ansía nunca lo obtiene, lo que le condena a vivir olvidado en un entorno decadente, el de un Imperio ya en avanzado estado de descomposición.

La historia transcurre bajo una atmósfera intimista y muy cuidada en la que juega un papel fundamental el sonido, extremadamente detallista con el objetivo de generar "una ilusión auditiva en permanente caída" que refleja el estado de ánimo del protagonista.

Martel dijo que otra de sus intenciones fue construir el siglo XVIII en América Latina y por eso trató de reinventarlo tomando como referencia las descripciones de la época, "absolutamente blancas y europas", debido a la ausencia de relatos nativos.

Como telón de fondo también está el tema de la colonización de aquellos agrestes y vastos territorios americanos, un fenómeno histórico que, lejos de ser una "leyenda negra", provocó "la desaparición de lenguas, de pueblos enteros", apuntó la directora.

"Me parecería tonto que en España se resistan a aceptar que la colonización fue una bestialidad (...) Cualquier colonia implica la supremacía de unos sobre otros y el exterminio. Eso no es una leyenda negra", consideró.

En "Zama" también puede apreciarse la exuberancia natural de la provincia argentina de Formosa, en la frontera con Paraguay, donde se rodaron los exteriores y donde el equipo de grabación y el reparto vivió "una odisea en las primeras semanas".

"El rodaje fue mucho peor de lo que se ve en la película. Hubo escenas que filmamos todo el día con el agua hasta la cintura, en medio de palmerales, en lugares que están llenos de víboras muy venenosas", subrayó la cineasta.

Giménez Cacho dijo a Efe que representar a Zama fue "inspirador" pues tuvo que integrarse en su selvático ambiente, algo que no le supuso demasiado problema al no tener miedo a los mosquitos o al lodo.

"Desde el primer día empecé a revolcarme en el barro para ensuciar la ropa", explicó el actor, que tuvo que tomar clases de danza neoclásica junto al resto del reparto para adaptar sus gestos corporales a la época y así "quitarse los modos contemporáneos".

La actriz española Lola Dueñas se mete en la piel de Luciana Piñares de Luenga, una noble "moderna y muy libre" de la que siente "pena" ya que permanece encerrada en casa por culpa de su marido, explicó a Efe.

En cualquier caso, Dueñas afirmó que con su papel en "Zama" ha cumplido un sueño ya que considera a Martes su directora preferida y se ha entendido con ella "de maravilla".

Con esta cinta Martel vuelve a apostar por un largometraje diez años después del último, "La mujer sin cabeza" (2007), que sucedió a "La Ciénaga" (2001) y "La niña santa" (2004), con los que se convirtió en una de las voces más aplaudidas de la cinematografía argentina.

En este tiempo estuvo implicada en asuntos personales y proyectos cinematográficos "que no se terminaron" pero, aunque el tiempo haya pasado, no tiene la impresión de que haya permanecido ausente.

Y quitó importancia al hecho de que "Zama" no haya sido incluida en la competición del Festival de Venecia, considerando un "gran honor" el hecho de que la hayan invitado para mostrar al mundo la historia de aquel triste colono que deseaba volver a casa.

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