Lunes 05/11/2018.

Mundo

El programa SERE, semilla del mal

  • La mayoría de las técnicas usadas en el programa SERE se consideran tortura en los Convenios de Ginebra y la Convención Contra la Tortura. 
  • De ayudar a preparar a soldados americanos capturados se convirtió en la base para poder torturar hasta el límite a los enemigos.

James Mitchell era un verdadero experto en el programa SERE (Survival, Evasion, Resistance, and Escape), un entrenamiento que ayuda a preparar a los soldados estadounidenses para resistir la tortura si son capturados por las fuerzas enemigas e interrogados.

Como en una especie de ingeniería a la inversa, esos conocimientos le sirvieron para diseñar las torturas salvajes a los detenidos tras el 11S al servicio de la CIA, y de la llamada guerra contra el terror.

No obstante, en esta tarea fundacional del programa de torturas no se encontraba solo. Mitchell ha trabajado siempre con otro psicólogo militar, Bruce Jessen, con el que tiene contacto desde 1990, y con el que desarrolló las técnicas para el entrenamiento SERE. Jessen era el psicólogo senior a cargo en la Joint Personnel Recovery Agency cuando fue fichado por la CIA junto a su colega Mitchell.

En abril de 2009, un reportaje de The Washington Post puso por vez primera luz sobre el papel de ambos, Jessen y Mitchell, en las torturas a detenidos que se comenzaban a conocer. El diario aseguraba que ambos psicólogos militares redactaron un documento recomendando el uso de duros interrogatorios para romper el silencio de los presuntos terroristas de Al Qaeda. 

La propuesta de ambos instaba a la creación de un "centro de explotación", fuera del alcance de observadores externos, incluidos los periodistas y representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja.

En las instalaciones de esos "centros de explotación", los interrogadores utilizarían tácticas tales como la privación del sueño, la violencia física, y el waterboarding para romper la resistencia de los sospechosos de terrorismo. 

Posteriormente, otros responsables añadirán sus propias sugerencias a la lista inicial de Mitchell y Jessen, incluyendo actos de provocación sexual de interrogadores mujeres y el uso de perros militares. La mayoría de estas técnicas se consideran tortura en los Convenios de Ginebra y la Convención Contra la Tortura. 

Fundada después de la guerra de Corea para entrenar a soldados estadounidenses a  resistir interrogatorios del enemigo, la escuela SERE ( Survival, Evasion, Resistance and Escape)  fue un elemento clave para el desarrollo de las tristemente célebres "técnicas de interrogatorio mejoradas" en Guantánamo. 

Fue el programa SERE el que envió instructores y psicólogos a Guantánamo poco después del 11S y proporcionó los conocimientos técnicos sobre tácticas como el waterboarding.  Como Jane Mayer desveló en The Dark Side, su estudio de la política de tortura de Estados Unidos, "SERE es un almacén del conocimiento mundial sobre la tortura, el equivalente militar, en cierto sentido, de los especímenes letales de plagas desaparecidas guardados en el congelador de los laboratorios de los Centros para el Control de Enfermedades".

En un artículo publicado por David J. Morris en Slate, explicaba su experiencia durante su paso por el polémico programa: http://www.slate.com/articles/news_and_politics/jurisprudence/2009/01/cancel_waterboarding_101.html

“Serví en la Infantería de Marina en la década de 1990, y asistí al SERE como joven teniente en noviembre de 1995. Desde entonces he estado a Irak tres veces (como reportero), y puedo dar fe de que la escuela no es relevante para las amenazas a las que los soldados estadounidenses se enfrentan en el extranjero. Se parece más a un ritual de novatadas elaborada que la formación actual.

En la escuela les preparaban para ser tratados como animales: golpeados, muertos de hambre, desnudos, sufriendo hipotermias...

Mientras estaba en la escuela, yo vivía como un animal. Fui encapuchado, golpeado, estaba muerto de hambre, me desnudaron y lavaron con una manguera al aire de diciembre, hasta que sufrí hipotermia. 

En un momento dado yo no podía ni hablar de lo mucho que estaba temblando. Arrojado a una jaula de 3 por 3 metros con sólo una cafetera oxidada para orinar, me dijeron que lo peor aún no había llegado. 

Yo fui violentamente interrogado tres veces. Cuando se me olvidó mi número de prisionero, fui atado a una camilla y me hicieron ver como un compañero de prisión sufrí el waterboarding a unos metros de distancia de mí.  Nunca olvidaré el sonido de ese joven marinero asfixiándose, aparentemente a punto de morir, pagando por mi error. 

Yo estuve encarcelado en el SERE sólo unos pocos días, pero mi mente se desintegró rápidamente. Me convencí de que estaba detenido en un campo de prisioneros de guerra real. La formación se había detenido, desde mi punto de vista.  Estaba seguro de que mis captores, que vestían uniformes al estilo del Pacto de Varsovia y hablaban con acentos eslavos, estarían dispuestos a todo en caso necesidad.

Gracias a mis conversaciones con los recién graduados del SERE, está claro que la escuela sigue aplicando a los alumnos las técnicas que yo experimente, como la privación sensorial, el aislamiento extremo, y la exposición a música alta y las grabaciones de llantos de bebés. 

Según el testimonio ofrecido en el Congreso de EEUU en noviembre de 2007 por Malcolm Nance, ex instructor del SERE, todavía se practicaba el waterboarding en el SERE.

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