Viernes 02/12/2016.

Mundo

La primavera árabe, estancada seis meses después

  • Guerra en Libia y sangrienta represión en Siria mientras Egipto y Túnez buscan desesperadamente el camino de la democracia
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Agencia libia informa de la muerte de civiles en un bombardeo de la OTAN en Zlitan Agencia libia informa de la muerte de civiles en un bombardeo de la OTAN en Zlitan

Seis meses después de la huida del presidente Ben Alí de Túnez, que hizo despegar la llamada “primavera árabe”, la situación se ha estancado y el prometedor despertar de esa parte del mundo después de décadas de totalitarismo presenta un futuro incierto. Quizá sea solamente el efecto del calor veraniego, especialmente intenso en esos países, y haya que esperar hasta el otoño para ver cómo se desarrollan las elecciones en Egipto y Túnez, pero medio año después de iniciarse unos acontecimientos que asombraron al mundo la incertidumbre se ha impuesto sobre la esperanza.

La semana pasada se produjo una señal clara. Miles de personas volvieron a tomar la plaza Tahir de El Cairo en un alarde de espontaneidad similar al que terminó con la salida del poder del presidente Mubarak. Lo mismo que en Túnez por otras vías, lo que hicieron los egipcios fue manifestar su frustración por la lentitud y la inestable dirección del cambio liderado por una clase política que, al fin y al cabo, es heredera de la que gobernó ambos países durante los años de la autocracia.

Guerra permanente en Libia
En la vecina Libia, lo único cierto en este momento es que Muammar el Gadafi continúa resistiendo en la capital, Trípoli, a pesar del apoyo militar y político prestado por la comunidad internacional a los rebeldes que intentan organizar una administración paralela en Bengasi, la segunda ciudad del país. Después de varios meses de información constante sobre las escaramuzas que unos y otros realizaban para conquistar los enclaves petrolíferos, la abulia del estancamiento ha ahuyentado a la prensa y ni siquiera se conoce el número real de víctimas que ha provocado la guerra.

Algo similar ocurre en Siria. La sangrienta represión ejercida por el régimen de Bashar el Assad ha causado la muerte de unas 1.300 personas según diversas fuentes, aunque podrían ser bastantes más. De la misma manera que en Libia, la dureza de la respuesta a una protesta que nació pacífica ha descalificado totalmente a las autoridades del país. Occidente no podrá permitir en ningún caso que Gadafi o El Assad continúen gobernando en Libia y Siria, pero la búsqueda de alternativas es muy complicada.

En Yemen, con unos 200 muertos contabilizados por el efecto de la represión, el presidente Saleh abandonó el país en junio para ser tratado de las heridas producidas por un ataque de los insurgentes. El vicepresidente del país tomo el mando durante los dos meses que se supone durará su recuperación, pero lo más probable es que se quede definitivamente en Arabia Saudí.

Moderación en Marruecos y en los países del Golfo
No en vano Mohammed VI es también el “Comendador de los Creyentes”. Su doble condición de autoridad civil y religiosa ha permitido al Rey de Marruecos mantener la fidelidad de una gran parte del país. Su reacción a las manifestaciones de descontento ha sido sin duda una de las más inteligentes: propuso unos cambios constitucionales que fueron aprobados mayoritariamente en un referéndum celebrado el pasado 1 de julio y, al menos de momento, ha conseguido apaciguar a la población. Para muchos no es suficiente y, en función de lo que ocurra en otros países del entorno, es muy posible que las protestas renazcan después del verano, pero de momento se mantiene la calma.

Capítulo aparte merecen las ricas monarquías del Golfo pérsico. En este caso, la clave de la situación emana del poder de los petrodólares. Arabia Saudí aprobó una nueva partida de unos cien mil millones de euros en gasto social que ha amortiguado el enfado de una población que ha reconducido parte de su malestar a otros aspectos de la vida social del país. Hay, por ejemplo, una creciente desobediencia a las leyes que prohíben conducir a las mujeres.

Arabia Saudí también ejerció un papel determinante en las protestas de Bahrein. Derivó el asunto hacia el enfrentamiento religioso entre chiíes y suníes, que alimenta su enemistad con Irán, y envío carros de combate para reprimir las protestas y proteger a la familia real suní y amiga contra las pretensiones de la mayoría chií.

Para saber lo que ocurre en la vecina Kuwait solo hay que recordar un hecho. Un niño de diez años fue expulsado de la escuela estatal a la que asistía después de preguntar porqué no había revolución en el emirato. En esa privilegiada parte del mundo el descontento se está manifestando en privado y a través de Internet a través de mensajes que ridiculizan a las familias gobernantes. Así está el panorama, pero la Red que nunca duerme ejerció un papel determinante en las protestas que se extendieron durante la “primavera árabe” y podría volver a hacerlo.

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