Viernes 18/01/2019.

Mundo

El legado de cinco años de guerra en Sudán del Sur

Los sursudaneses ansían la paz pero, mientras esta llega, la ONU advierte que seguirán necesitando ayuda humanitaria

Los sursudaneses miran aún con incertidumbre al futuro. El acuerdo de paz que firmaron en septiembre el Gobierno y los principales líderes rebeldes aún no termina de concretarse sobre el terreno y, aunque los sursudaneses ansían desesperadamente la paz tras cinco años de conflicto, aún temen que esta sea solo una quimera.

El 15 de diciembre de 2013 estallaron enfrentamientos en Yuba entre las fuerzas leales al presidente, Salva Kiir, y los partidarios de su exvicepresidente Riek Machar. La violencia se propagó rápidamente por el país y tras un periodo de calma relativa en virtud del acuerdo de paz firmado por ambos en 2015, en julio de 2016 el país más joven del mundo volvió a deslizarse hacia el abismo.

En este tiempo, han emergido nuevos grupos armados y con ello se ha agravado un conflicto que adquirió un marcado carácter étnico en algunos momentos. Las consecuencias para la población civil han sido terribles y aunque la paz parece ahora más cercana los sursudaneses seguirán necesitando ayuda durante mucho tiempo.

"Los efectos acumulados de años de conflicto, violencia y medios de vida destruidos han dejado a 7,1 millones de personas, o lo que es lo mismo unos dos tercios de la población, gravemente necesitada de alguna forma de asistencia humanitaria o protección", resume el jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) en Sudán del Sur, Steve O'Malley, en declaraciones a Europa Press.

"Aproximadamente el 60 por ciento de la población afectada son niños", precisa. Unos 1,2 millones de niños --dos de cada cinco menores de 5 años-- sufren desnutrición aguda, la mayor cifra desde que empezó el conflicto, y unos 2,2 millones de niños no están recibiendo educación, un dato que ha convertido a Sudán del Sur en el país con el mayor porcentaje de niños fuera de la escuela del mundo, según datos del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF).

LOS NIÑOS ANHELAN LA PAZ

Entre esos niños está Betty, de 14 años y que huyó de su localidad a Yei. "Anhelo la paz para que todo el mundo pueda volver a sus localidades y podamos tener suficiente comida para comer", confía la niña al Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) que ha preguntado a niños y adultos qué supondría para ellos que finalmente hubiera paz en el país. Para Betty es "cuando la gente es libre de moverse, libre de hablar y no hay enfrentamientos".

"La paz significa que podemos confiar los unos en los otros, que no hay violencia. Incluso las personas que solían matar, dejarán de hacerlo cuando llegue la paz en Sudán del Sur", añade Najema, de 13 años, y que vive junto a sus padres en un centro de protección de la ONU en Yuba.

Clemente también espera poder volver a Mukaya, su localidad natal, de donde huyó junto a su familia con destino a Yei. "Allí solía ir a la escuela. La vida estaba bien hasta que la gente empezó a luchar", recuerda, añadiendo que echa de menos su casa y su ganado, "pero lo perdimos".

En el caso de los adultos, en especial los más mayores, no se muestran tan esperanzados. "Hemos escuchado en la radio que hablan de paz. No sabemos si está próxima. Simplemente la estamos esperando", explica Jane desde Yei. "No tengo ninguna esperanza, solo espero a ver si el futuro trae algo bueno o malo", añade.

A sus 70 años, Mary tiene frescos en su memoria no solo el conflicto actual sino el que culminó con la independencia de Sudán del Sur de Sudán en 2011. "Nos encantaría que la paz estuviera aquí", admite, sentada frente a su hogar junto a sus dos nietos, aunque no parece tener muchas esperanzas.

Emilia tampoco se muestra muy ilusionada, tras haber perdido a su marido. "No tengo ninguna esperanza para Sudán del Sur", afirma al NRC. "Si vuelve la paz, volveré a mi casa", añade sin embargo.

El responsable de la OCHA reconoce que con la firma del acuerdo "hay un sentimiento entre los sursudaneses de que el país está en camino hacia un futuro pacífico y próspero" y también las organizaciones humanitarias que trabajan en él lo esperan, debido a los problemas de acceso y movimiento con los que se topan a diario en su trabajo.

LA INTENSIDAD DEL CONFLICTO SE HA REDUCIDO

"Estamos comenzando a ver algunas mejoras iniciales en el acceso en algunas zonas y tenemos que ver cómo evoluciona esto", explica O'Malley. "Puede que la intensidad del conflicto se haya reducido recientemente y los enfrentamientos se hayan visto contenidos a ciertas regiones, pero las personas vulnerables seguirán experimentando el legado de años de conflicto y desplazamiento".

Más de 380.000 personas han muerto en estos cinco años de guerra, unos 1,8 millones se han visto desplazados dentro del país para escapar de la violencia y otros 2,4 millones se han visto forzados a buscar refugio en los países de la región. El conflicto, y la crisis económica que lo ha acompañado, ha tenido un gran impacto en la alimentación de los sursudaneses, hasta el punto que en 2017 se declaró la hambruna durante unos meses en dos condados.

Las previsiones ahora para los primeros meses de 2019 son que "unos 5,2 millones de personas, es decir, aproximadamente la mitad de la población, se encontrará en situación de inseguridad alimentaria", destaca O'Malley.

De ellos, 1,5 millones se encuentra en el nivel cuatro de cinco que se usa para medir los problemas para acceder a alimentos, por lo que "están a un paso de la hambruna", subraya, mientras que habría unas 36.000 personas en el quinto nivel, el de "catástrofe". "Es muy importante hacer llegar alimentos y otra ayuda a estas personas ahora y durante todo 2019", advierte.

ACCESO HUMANITARIO SIN RESTRICCIONES

"Garantizar un acceso humanitario sin restricciones es esencial para salvar vidas", defiende el jefe de la OCHA, que añade que las organizaciones humanitarias esperan que el acuerdo de paz permita "un libre movimiento de suministros y personal".

"También esperamos que tenga un impacto positivo en reducir las muchas limitaciones a las que se enfrentan los socios humanitarios que demoran o impiden el suministro de ayuda urgente y que con demasiada frecuencia ponen al personal humanitario en peligro", añade, precisando que los trabajadores humanitarios han sido asesinados además de ser víctimas de robos y emboscadas.

Para atender todas estas necesidades, la ONU y las ONG que trabajan en el país han solicitado esta semana 1.500 millones de dólares con los que esperan poder ayudar en 2019 a 5,7 millones de los 7,1 millones de sursudaneses necesitados de asistencia.

"No creo que la paz firmada ahora sea una paz real. En 2016 dijeron que vendría la paz y todos estábamos muy contentos, luego al final la paz se convirtió en problemas", recuerda Angelina, que vive en el centro de protección de la ONU en la capital.

"Ahora la gente dice que la paz ha llegado pero yo no digo nada. Si hay verdadera paz, me encontrará aquí", añade, asegurando que sería "muy feliz de ver que la paz llega a todas y cada una de las familias". "Entonces diré que es una verdadera paz", recalca.

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