Viernes 14/12/2018.

Mundo

El limbo jurídico de los niños soldado por su doble vertiente como víctimas y verdugos

El único punto de consenso internacional es que "su identidad como niños no puede quedar eclipsada"

La mera existencia de niños soldado es algo completamente prohibido por el Derecho Internacional. Sin embargo, es un fenómeno persistente en todo el mundo que convierte a quienes solo deberían ser considerados niños en víctimas y verdugos y les sitúa en una zona claroscura de la que rara vez consiguen salir, cargando así con un estigma de por vida.

Las fuerzas del Gobierno de Salva Kiir rodearon la aldea de Wangkei, en el estado de Unidad (Sudán del Sur), en el verano de 2016, días antes de que estallaran los enfrentamientos en Yuba, la capital, con los fieles de Riek Machar. Fueron casa por casa y se llevaron a todo el que podía combatir. "Muchos de nosotros éramos muy jóvenes", cuenta John, que ahora tiene 17 años, a Human Rights Watch (HRW).

John entonces estaba en el límite legal. Las normas internacionales prohíben expresamente reclutar a menores de 15 años en las Fuerzas Armadas regulares o en grupos armados para participar activamente en las hostilidades. "Los más jóvenes parecían tener 10 años. Estaban llorando porque les habían apartado de sus padres. Si llorabas demasiado, te pegaban", recuerda.

La fuerza es también clave para los entrenamientos. "Nos pisaban la tripa y la cabeza por ser perezosos (...) Una vez me dieron cien latigazos por no despertarme a tiempo", comenta Bonifacio, que fue reclutado por una milicia nuer, la etnia de Machar, en 2016. Otros niños soldado entrevistados por HRW aseguran que recibían descargas eléctricas como castigo.

Una vez completada la instrucción pasan a engrosar las filas del grupo armado. Gloria Atiba Davies, jefa de la Unidad de Niños y Género de la Fiscalía del Tribunal Penal Internacional (TPI), explica en una entrevista concedida a Europa Press que "les encargan desempeñar distintos papeles", como limpiar o cocinar, aunque también otros que suponen una implicación directa en la guerra, como espiar o combatir.

John llegó a participar en los enfrentamientos. "La orden era matar a quien fuera", dice. Jean, capturado por los rebeldes sursudaneses con 13 años, precisa que cuando llegaban a una aldea la orden era "entrar en la casa y, si la persona corría, disparar a una pierna; si insistía, pegarla; y, si no respondía, matarla". "Yo nunca tuve que matar a nadie pero sí pegar porque, si me negaba, mi jefe podía considerarme un enemigo", relata.

Es en ese preciso instante, en el que toman las armas, cuando, además de víctimas de reclutamiento forzado y numerosos abusos, se convierten en potenciales criminales. En la primera faceta deben ser protegidos y por ello la Justicia, nacional e internacional, pena su captura y les reconoce el derecho a ser indemnizados por "las oportunidades perdidas", señala Atiba Davies. En la segunda, sin embargo, su tratamiento legal es confuso.

EN MANOS DE LOS ESTADOS

Matt Clancy, portavoz del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR) para Política Humanitaria, indica que las normas internacionales no impiden juzgar a un niño por los crímenes cometidos como soldado, siempre que sea conforme a los estándares internacionales de la Justicia para menores, que imponen tener en cuenta sus especiales circunstancias y, en todo caso, "ser tratados con humanidad".

Depende de cada país, de cada gobierno, de cada código penal, fijar la edad en la que un niño puede sentarse en el banquillo de los acusados. El Derecho Internacional, apunta Clancy a Europa Press, establece un único límite: un "mínimo absoluto" de 12 años, de modo que los menores por debajo de esta edad deberían quedar al margen de cualquier proceso judicial.

Atiba Davies destaca que el Estatuto de Roma --tratado fundacional del TPI-- es más estricto. "El TPI no tiene jurisdicción sobre ninguna persona que tuviera menos de 18 años en el momento de cometer los supuestos crímenes", por lo que "los niños soldado no pueden ser procesados" por los delitos que perpetraran entonces.

La corte de La Haya solo puede actuar por los crímenes cometidos ya como adultos. Es el caso de Dominic Ongwen, alias 'Hormiga Blanca'. Fue enrolado siendo un niño en el Ejército de Liberación del Señor (LRA) y fue ascendiendo hasta erigirse como uno de los comandantes más importantes de la guerrilla ugandesa. Detenido en 2015 por 70 cargos de crímenes de guerra y lesa humanidad, está siendo juzgado en el TPI por su historial criminal como adulto.

La disparidad de criterios puede dar lugar a situaciones injustas. Aquellos que sean juzgados por los tribunales nacionales dependerán de la legislación penal del país en cuestión, que puede permitir procesar a niños soldado. En cambio, quienes caigan bajo la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional podrán eludir los crímenes cometidos antes de sus 18 años.

La jurista sierraleonesa admite que es un problema y propone como vía de armonización la ratificación universal del Estatuto de Roma, es decir, que todos los países se sumen al TPI (actualmente solo hay 123 estados miembro). Aunque "el TPI no puede imponer provisiones en los sistemas nacionales de Justicia", serviría para homogeneizar "prácticas y procedimientos", sostiene.

TRATARLES COMO NIÑOS

Hasta conseguir este objetivo, Atiba Davies explica que la Fiscalía del TPI ha elaborado una "guía" sobre cómo abordar los crímenes que afectan a niños en cualquier vertiente. "Los niños siempre son vulnerables, especialmente cuando son víctimas de guerras y conflictos. Algunos han perdido a sus padres, a sus hermanos, a su familia y a su comunidad", recalca.

Así, por ejemplo, el Estatuto de Roma permite que los niños soldado ejerzan de testigos. Deben hacerlo con un doble consentimiento, el suyo y el de sus padres o tutores legales, y se les garantiza "un apoyo adecuado para cada perfil" con el fin de "evitar un nuevo trauma y cualquier tipo de impacto negativo en ellos", incluso si durante el proceso judicial --que suele alargarse-- se convierten en adultos.

El portavoz del CICR añade que, fuera del ámbito del TPI, "el Derecho Internacional estipula claramente que incluso cuando un niño soldado es procesado sigue teniendo derecho a una especial protección". "Su identidad como niño no puede quedar eclipsada por los crímenes que haya podido cometer en tiempo de guerra", enfatiza Clancy.

Jo Becker, directora para Derechos del Niño de HRW consultada por Europa Press, detalla que en estos casos extremos "deben tenerse en cuenta varios factores". "Si el niño fue secuestrado o reclutado forzosamente la coacción puede interpretarse como una respuesta defensiva para excluir su culpabilidad (...) o para mitigar la eventual condena", menciona.

Becker defiende que los niños soldado "solo deberían ser juzgados en circunstancias excepcionales, por ejemplo, si cometió graves crímenes a los que no fue obligado". En general, "el foco debería ser la rehabilitación", que en muchas comunidades implica además una "justicia reparativa" mediante "rituales de perdón" en los que los ex combatientes asumen su responsabilidad.

Bonifacio, hoy de 17 años, tuvo que escapar hasta dos veces de las milicias sursudanesas. Ya está a salvo pero es consciente de todo lo que hizo. "Fuimos a cinco pueblos y reclutamos a más de cien personas, también niños", confiesa a HRW. Cree que podría haberse evitado si alguien le hubiera protegido a él en primer lugar. "Siempre que alguien pueda empuñar un arma corre peligro de ser enrolado. No debería ser así", lamenta.

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