Domingo 11/12/2016.

Intentaba ser invisible para sobrevivir en Trípoli

Mundo

Con 26 años y dos guerras a sus espaldas, Jasmina solo ansía vivir en paz

  • Sobrevivió a la guerra en Bosnia cuando solo era una niña y se ha visto forzada a vivir una de nuevo.
  • Jasmina se vio forzada a ser “invisible” para evitar que la parasen en los numerosos puestos de control o la secuestrasen, por su apariencia europea.
  • Cuando dejó Trípoli en mayo la mayoría de gente en la calle estaba a favor de Gadafi, hoy la situación se ha revertido y los rebeldes se han hecho con el poder de la capital
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  • Cola de vehículos en la frontera de Libia con Túnez

Jasmina, de Bosnia y Herzegovina, ya vivió una guerra durante su infancia con la desintegración de Yugoslavia, donde padeció la escasez de recursos y la falta de servicios básicos como la electricidad y el agua. Por ello, cuando en mayo pasado el agua potable empezó a escasear otra vez en los mercados de Trípoli, los recuerdos de Bosnia volvieron a su mente. La guerra estaba cerca. Se dio cuenta de que o se marchaba del país o tendría que volver a revivir la experiencia de una nueva guerra.

Hace algo más de un año, Jasmina se casó con un tunecino con el que se trasladó a vivir a Trípoli. Comenzó a trabajar en una empresa de petróleo. Su vida fue apacible en el país hasta que empezaron las revueltas. A diferencia de otros compañeros extranjeros que decidieron abandonar Libia, Jasmina y su marido decidieron quedarse.

Pero fue entonces, tras el comienzo de las revueltas en febrero, cuando Jasmina comenzó a ser rechazada por algunos ciudadanos libios. Por las mañanas, cuando cogía un taxi para ir al trabajo, muchos conductores le preguntaban de dónde era y, por ser europea, se burlaban de ella y le cantaban canciones en favor de Gadafi. “Ya no era bienvenida en Libia”, relata Jasmina, a quien su jefe aconsejó no andar sola por la ciudad y pasar desapercibida para ahorrarse problemas.

Jasmina se vio forzada a ser “invisible” para evitar que la parasen en los numerosos puestos de control o la secuestrasen. La vida comenzó a ser una pesadilla en la ciudad. La gente se lanzó a los supermercados a comprar grandes cantidades de comida para abastecerse y las estanterías de los comercios pronto se quedaron vacías. Los niños eran sacados de los colegios sin autorización de sus padres, para que participasen en celebraciones en favor del líder en el complejo residencial de Gadafi, Bab al Aziziya. La gente recibía unos cinco mensajes de móviles diarios de la compañía telefónica incitándole a salir a la calle y “defender la tierra de los traidores”.

La vida en Trípoli ya no era segura para Jasmina. Entonces comprendió que había llegado el momento de huir del país. Dejó atrás la mayoría de sus pertenencias y comenzó uno de los viajes más largos de su vida, rumbo a Túnez, en un taxi junto a su marido.

“Había puestos de control cada 20 metros. Cada vez que nos paraban revisaban el maletero y nuestros pasaportes y nos preguntaban a dónde íbamos y por qué. Pasar los controles no supuso gran problema, pero cuando llegamos a la frontera le dijeron a mi marido que él podía pasar, pero yo tenía que regresar a Trípoli”. Jasmina afirma que su aspecto europeo hizo que el guarda no la dejase salir porque “Europa, en ese entonces, estaba muy mal vista”. En cambio, su marido árabe no tenía problemas. El taxista los dejó tirados y estuvieron durante horas atrapados y solos en la frontera hasta que un señor les consiguió un pasaje seguro y consiguieron salir del país.

"La multitud era horrible, la gente quería salir de su propio país. Familias con niños, coches, el ejército, las armas… Todo representaba la guerra”. Esa guerra de la que Jasmina huía una vez más.

“Ya sobreviví a una guerra cuando era una niña en Bosnia tras la desintegración de Yugoslavia, así que no quería, de ninguna manera, ser una mujer de 26 años con dos guerras tras de mí y no tener una carrera como la mayoría de chicas de mi edad”, relata Jasmina.

Su marido decidió volver a Libia hace un mes. Pensó que la situación se había calmado. Se equivocaba. El caos y la escasez de víveres se habían agravado. No tenía otra opción que volver a Túnez. Se repetía la odisea de puestos de control cada cinco metros y pasar sin poder hablar con mujer porque el inglés podía delatarlo.

Muchos son los libios que han llegado a Túnez huyendo de los combates. Los que resisten en el país cruzan regularmente la frontera en busca de bienes que en Libia son difíciles de encontrar, en especial agua, sal y aceite. Jasmina se acuerda entonces de los períodos de escasez en Bosnia.

La joven recuerda que cuando huyó de Libia, la mayoría de gente que andaba por la calle era pro-Gadafi. A día de hoy, la situación se ha revertido y son los rebeldes los que tienen el poder de la ciudad, que hasta ahora resistía como bastión del líder. Jasmina solo tiene un deseo, no volver a vivir en un hogar rodeado de guerra.




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