Lunes 05/11/2018.

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España ha recibido 160.000 millones de euros desde su entrada en la UE

  • Tras haber recibido cerca de 160.000 millones de euros de los fondos estructurales y de cohesión, cuya inversión nos han permitido desarrollar una moderna red de infraestructuras, el balance de la entrada en Europa parece positivo, pese a la actual crisis económica.
  • Uno de los efectos positivos de la entrada en la UE, destacado por los expertos pese a su menor cuantificación, es la consolidación del proceso democrático. 


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Desde que España se hiciera miembro de la Unión Europea en 1986 han pasado ya casi 30 años, de ahí que la lógica evolución económica sea difícil de comparar con un supuesto en el que nuestro país hubiese permanecido fuera de la unión. En estas tres décadas, el PIB de España se ha cuadruplicado pasando de 243.382 millones de euros a más de un billón y las exportaciones dentro del ámbito europeo han superado los 150.000 millones de euros de un volumen de 237.000 millones en 2013. De hecho, en el mercado único europeo se desarrollan más del 70% de nuestras exportaciones y más del 65% de nuestras importaciones.   

Tras haber recibido cerca de 160.000 millones de euros de los fondos estructurales y de cohesión, cuya inversión nos han permitido desarrollar una moderna red de infraestructuras, el balance de la entrada en Europa parece positivo, pese a la actual crisis económica.

El salario mínimo en 1986 era de 241 euros al mes, mientras que a día de hoy es de 748 euros, algo más del triple, si bien hay que especificar que el modelo español se basó siempre en 14 pagas, mientras que la UE utiliza 12 pagas, con lo que sube notablemente – con 14 pagas, el salario mínimo español estaría aún en 645 euros –. Otra cosa sería hablar de la tasa de paro, que era del 19% en diciembre de 1986 y hoy supera el 25%.

Entre 1986 y 2013, España ha recibido casi 160.000 millones de euros en concepto de fondos estructurales y de cohesión. Estos fondos sirvieron, entre otras cosas, para que comunidades como Andalucía, Extremadura, Castilla La Mancha o Galicia – cuatro regiones que englobaron los dos tercios del presupuesto de cohesión en el período 2007-2013 – alcanzasen los objetivos de convergencia.

España lidera el número de kilómetros de alta velocidad por habitante

Y sobre todo, para que España construyese gran parte de sus nuevas autovías y líneas de ferrocarril, en concreto las líneas del AVE. A día de hoy, España supera los 3.000 kilómetros de alta velocidad y es el primer país del mundo en densidad de kilómetros por habitante, al rozar los 0,5 kilómetros por cada 10.000 habitantes, muy por encima de países como Francia, Japón, Alemania o China. En cuestión de carreteras, la evolución de la densidad de kilómetros por cada 10.000 habitantes pasó de 4,18 a 19,25 en el período que va de 1985 a 2002, un increíble incremento del 360,5%. 

En menos de diez años, España aumentó en diez puntos su PIB

El resultado de todas estas inversiones fue que en menos de diez años, entre 1995 y 2003 – en el período 1994-2006 recibimos el grueso de los fondos, con casi 100.000 millones de euros – España aumentó en diez puntos su PIB per cápita hasta quedar muy cerca de la media europea. Según datos de la propia UE, la repercusión de la política de cohesión sobre el PIB español ha sido del 1,75% entre 1989 y 1993, del 3,3% entre 1994 y 1999 y del 1,5% entre 2000 y 2006, mientras que su incidencia sobre la tasa de crecimiento española ha sido de aproximadamente medio punto porcentual (0,5%) de media en todo el período.

"La UE fue vital para convertir a España en un referente dentro del mundo de las infraestructuras"

Para el profesor titular de Historia del Pensamiento y los Movimientos Sociales del CEU, Juan Carlos Jiménez, los fondos estructurales se han gastado bien con matices. “Ha habido excesos e inversiones innecesarias, pero en términos generales han contribuido al desarrollo de España”, asegura. Guillermo Pérez Sánchez, catedrático de Historia Contemporánea del Instituto de Estudios Europeos de Valladolid, considera que los fondos han sido bien dirigidos. “España usó y utilizó bien los fondos y las ayudas europeas, cosa que no hicieron otros países como Grecia o Portugal, dentro de la ampliación sur. España era la octava potencia industrial ya en los años setenta y por tanto, tenía que potenciar ese ámbito de las infraestructuras y eso lo hizo bien. El primer ámbito industrial del país es el turismo y por ello necesitábamos unas buenas infraestructuras de comunicación interregional”, comenta.

El único daño colateral ha sido la pérdida de soberanía

Para Juan Carlos Jiménez, el ‘daño colateral’ de la integración europea ha sido la cesión de soberanía. España no tiene política monetaria y no puede, por ejemplo, devaluar moneda, que es una de las fórmulas tradicionales para superar las crisis, pese a las pérdidas de poder adquisitivo que conllevan. Por otro lado, España tiene que acatar resoluciones de instancias europeas que pueden no gustarle, como la reciente sentencia que anulaba la doctrina Parot y obligaba a dejar en libertad a decenas de presos etarras, asesinos y violadores. “En un proceso de integración política la gran perjudicada es la soberanía pero habría que ver si esta pérdida de soberanía se hace en un espacio de libertades y de progreso y creo que en ese sentido, la UE ofrece un marco de derecho lo suficientemente desarrollado como para que esa pérdida de soberanía no sea especialmente importante”, explica el profesor del CEU, que también imparte la asignatura de Relaciones Laborales en el Instituto de Estudios Europeos.

España debe darse cuenta que ha entrado en un club exigente

A pesar de las ingentes cantidades de dinero que han llegado con la adhesión a la UE y de los beneficios económicos, para ambos expertos el mayor beneficio de la entrada en Europa es la consolidación democrática. “El beneficio fundamental para España y el resto de países europeos es que el europeísmo salvo la democracia en Europa occidental y, tras la caída del muro, también a Europa oriental, llevando estabilidad y consolidando los valores democráticos que habían estado puestos en cuestión durante la época de entreguerras”, asegura Guillermo Pérez Sánchez. “Los valores del europeísmo – continúa – son preservar la paz, el buen gobierno democrático e incentivar el desarrollo socioeconómico para todos”.

Para Juan Carlos Jiménez, los beneficios de la entrada en la UE aparecen a tres niveles, aunque el más importante es el primero. “A nivel político, la UE fue esencial para el proceso de transición y de consolidación de la democracia. Es posible que sin ella se hubiese hecho también, pero su apoyo y su guía ha mejorado el proceso. A día de hoy somos un país homologable a cualquier otro en  términos políticos, con las mismas libertades, el mismo estado de derecho y la misma cultura democrática y esto ha sido posible gracias al marco europeo. A nivel social, los españoles nos hemos europeizado, esto es, hemos asumido todos estos valores. A nivel económico y a día de hoy, el balance parece negativo pero el mercado único nos ha permitido mejorar nuestra economía y además ha favorecido el encuentro con nuevos socios comerciales. Hemos mejorado la competitividad, hemos introducido nuevas tecnologías y el tener moneda única, hemos entrado en un club exigente que compite con una moneda fuerte y exporta a nivel mundial”, concluye.


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