Domingo 04/12/2016.

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El enigma chií: radicalismo o moderación

  • Mientras el presidente iraní indigna a Occidente con su habitual discurso incendiario ante la Asamblea General de la ONU, los chiíes de Iraq “juegan” a la moderación.
  • Mientras Mahmoud Ahmadinejad culpa a Estados Unidos, Israel y Europa de la recesión económica internacional y califica de “misteriosos” los atentados del 11-S, el clérigo que más luchó contra la ocupación norteamericana de Iraq, Muktada Al Sadr, apuesta por la contención y se limita a contar  los días que faltan para que el último soldado yanqui abandone el país.
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  • El enigma chií: radicalismo o moderación

Mientras el presidente iraní indigna a Occidente con su habitual discurso incendiario ante la Asamblea General de la ONU, los chiíes de Iraq "juegan" a la moderación.

Mientras Mahmoud Ahmadinejad culpa a Estados Unidos, Israel y Europa de la recesión económica internacional y califica de "misteriosos" los atentados del 11-S, el clérigo que más luchó contra la ocupación norteamericana de Iraq, Muktada Al Sadr, apuesta por la contención y se limita a contar  los días que faltan para que el último soldado yanqui abandone el país.

Mientras el iraní sugiere que echar a Osama Bin Laden al mar en lugar de juzgarlo en Washington es una forma de ocultar secretos sobre quién estuvo detrás de los ataques contra el World Trade Center, el clérigo iraquí permite la continuidad de un gobierno al que también apoya Estados Unidos.

El chiismo más radical, durante varias décadas punta de lanza del islamismo antioccidental, se encuentra dividido y, probablemente, despistado ante el empuje de los movimientos que han hecho posible la llamada "primavera árabe". Empezando por Irán, más allá del discurso de Ahmadinejad se esconden en ese país dos realidades que conviene tener en cuenta; la primera, una sociedad hastiada de integrismo que busca espacios de libertad similares a los que se disfrutan en Occidente y en la que los ayatolás han perdido gran parte de su influencia. Es de sobra conocido que debajo de los chadores de las mujeres iraníes se esconden prendas de última moda, gafas de marca y atrevidos peinados que la policía religiosa persigue por las calles de Teherán.

Incluso los clérigos que en realidad dirigen el país, encabezados por el Ayatolá Alí Khamenei, tratan de limitar la efervescente autoridad de Ahamadinejad, aupada fundamentalmente por su insistencia en desarrollar una industria nuclear que inquieta sobremanera por la posibilidad de que oculte un programa de fabricación de armas atómicas. Y tampoco se puede obviar que Irán ha unido su voz a la de muchos otros países que están pidiendo al dirigente sirio, Bachar Al Asad, que deje de reprimir a su pueblo.

Repentina moderación en Iraq 

Los chiíes de Iraq viven una época de moderación que está imprimiendo cierto optimismo a las perspectivas de un futuro, cada vez más próximo, sin soldados norteamericanos. Su líder espiritual, Al Sadr, el mismo que mantuvo una enconada guerra en las calles de Bagdad, por un lado contra los soldados norteamericanos y por otro contra los suníes que habían dirigido el país durante la era de Saddam Huseín, se encuentra ahora en un permanente retiro espiritual.

En 2008 disolvió el temible y bien pertrechado ejército del Mahdi, dueño y señor de Sadr City, el barrio bagdadí en el que tenía su feudo y en el que habitan dos millones de personas, en su mayoría chiíes y muy pobres. Ahora vive en la ciudad iraní de Qum, sagrada para los chiíes, donde estudia religión y desde donde se comunica fundamentalmente a través de edictos.

Sus huestes y antiguos miembros de la milicia forman parte ahora del Mumahidoon, un grupo que imparte clases de Corán, pero que al mismo tiempo organiza equipos de fútbol, ofrece circuncisión gratis a los bebés de familias pobres o incluso enseña a manejar ordenadores. Un analista militar citado por The New York Times señala que, en paralelo a esa transformación, los mensajes antinorteamericanos se han reducido notablemente. Cree también que la intención de Al Sadr es crear un estado dentro del estado, al estilo de Hezbolá en Líbano, que convivirá con las demás fuerzas políticas con la intención última de hacerse con el poder. Y que no renuncia definitivamente a las armas, ya que el clérigo mantiene una pequeña milicia de premonitorio nombre, la Brigada del Día Prometido, que también causó numerosas bajas en el ejército norteamericano hasta que recientemente anunció un alto el fuego.

No hubo "primavera árabe" en Iraq

Y fue, probablemente, gracias a la actitud moderada de Al Sadr. En febrero de este año, mientras se desarrollaban los alzamientos populares contra las dictaduras de Egipto y otros países árabes como continuación de lo ocurrido en Túnez, el clérigo iraquí optó por pedir calma a unos seguidores que tienen muchos motivos para protestar contra la corrupción instalada en el Gobierno, a la que culpan de la mala calidad de los servicios y el desempleo. Poco antes, el apoyo del líder chií fue decisivo para que el primer ministro Nuri al-Maliki pudiera formar un nuevo  Gobierno después de ocho meses de estancamiento. A cambio, al Sadr pudo colocar a varios colaboradores suyos al frente de importantes ministerios.

El mensaje ha calado también en la calle. En la barriada bagdadí que más noticias generó hacia la mitad de la década hace tiempo que no se queman banderas norteamericanas. Incluso el nombre con el que han bautizado al nuevo movimiento tiende a la moderación. Mumahidoon significa “pavimentar el camino” y sus miembros aseguran que su actitud es pacífica y que uno de sus objetivos es contrarrestar el creciente sentimiento anti islámico que, según dicen, se extiende en Occidente.

Bin Laden y los palestinos

La desaparición de Osama Bin Laden también puede haber contribuido al incremento de la calma. Durante los peores años de la guerra de Iraq, los sunitas de Al Qaeda se convirtieron en un constante azote de los chiíes. Siguiendo las instrucciones del saudí cometieron sangrientos atentados contra sus mezquitas sin importarles la pérdida de gran cantidad de vidas, mujeres y niños incluidos. En un determinado momento, fueron los sunitas moderados los que terminaron por expulsar de sus zonas de influencia a los miembros de Al Qaeda, muchos de ellos procedentes de Argelia o Afganistán.

También resulta significativo el carácter secundario que la religión ha tenido en la “primavera árabe”. Aunque los grupos musulmanes también se han involucrado en las rebeliones, han sido tan solo una parte más de un movimiento cuyo principal objetivo no ha instaurar las leyes islámicas sino derrocar regímenes corruptos y dictatoriales.

Por último, la balanza que mide el radicalismo y la moderación en el mundo musulmán, tanto chií como suní, ha contado siempre con una pesa añadida en el lado del primero, la cuestión palestina.

Tanto Bin Laden como Al Sadr la han colocado siempre en el primer nivel de los peores agravios que históricamente han sufrido los mil millones de seguidores de Mahoma. No en vano en Jerusalén se encuentra uno de los lugares santos del islamismo, la mezquita de Al Aqsa, desde la que el profeta se elevó a los cielos. Del reconocimiento internacional de un Estado palestino también depende, por supuesto, el futuro del choque de civilizaciones que predijo Samuel Huntington hace casi dos décadas.

La historia continúa y es posible que estemos pasando definitivamente una de sus páginas más negras.

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