Domingo 09/06/2019.

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Dos meses después, ni Al Bashir ni los manifestantes están dispuestos a ceder

Tras 30 años en el poder, el presidente sudanés no dispone de muchas salidas ante la crisis actual

Dos meses después del inicio de las protestas en Sudán ni los manifestantes ni el presidente, Omar Hasán al Bashir, parecen dispuestos a ceder. Las manifestaciones casi diarias que se han venido sucediendo en distintos puntos del país desde el 19 de diciembre suponen el mayor desafío al mandatario en sus 30 años en el poder pero por ahora no han logrado su caída.

Las manifestaciones comenzaron en Atbara, en el norte del país, pero pronto se extendieron a otras ciudades, como Jartum y Omdurman. El motivo inicial de las protestas fue la decisión del Gobierno de suprimir los subsidios sobre el pan y la carestía de la vida en general, en un país donde la independencia de Sudán del Sur en 2011 ha provocado un importante agujero en los ingresos petroleros y donde la inflación se situó en el 65 por ciento en 2018.

Pero rápidamente quienes se sumaron a las protestas pasaron a airear su malestar con el presidente y su gestión del país, que gobierna desde 1989 tras imponerse en un golpe de Estado. El lema pasó a ser a partir de ese momento "el pueblo quiere la caída del régimen", en una reminiscencia de los eslóganes coreados en varios países durante la 'Primavera Árabe'.

Y como ya ocurriera en los países que en 2011 se vieron inmersos en multitudinarias protestas contra sus gobernantes, el Ejecutivo sudanés respondió con virulencia. Las autoridades han reconocido una treintena de muertos en las protestas pero los grupos de defensa de los Derechos Humanos sitúan este balance por encima de los 50 fallecidos.

Además, las fuerzas de seguridad han empleado una "violencia despiadada" contra los manifestantes, según denunció la semana pasada Human Rights Watch (HRW), que publicó un vídeo con imágenes verificadas tomadas durante las protestas en el que se las ve golpeando a manifestantes e incluso arrollándolos con un vehículo.

Asimismo, en él se muestra a personas heridas de bala, así como a otras con claros signos de tortura. También se pueden ver los efectos del uso de gases lacrimógenos por parte de las fuerzas de seguridad en el interior de la sala de urgencias de un hospital. A todo ello se suman cientos de arrestos.

Mientras, desde la oposición, han sido varias las voces que se han unido a los manifestantes para reclamar la salida de Al Bashir. Entre ellos Sadiq al Mahdi, último primer ministro democráticamente electo del país. "La demanda más importante es que este régimen debe marcharse y debe ser reemplazado por un gobierno de transición", dijo hace unas semanas desde una mezquita en Omdurman.

NO QUIERE DAR SU BRAZO A TORCER

Pero Al Bashir no está dispuesto a dar su brazo a torcer. "Esto es un intento de copiar la 'Primavera Árabe' en Sudán, son los mismos eslóganes y demandas, así como un uso extraordinario de las redes sociales", denunció durante una visita a Egipto a finales de enero.

Y ha retado a quien no esté conforme con él a que recurra a las urnas. "Los que buscan el poder deben recurrir al pueblo sudanés y estar preparados para las elecciones de 2020", sostuvo a principios de año, tras un par de semanas de manifestaciones.

Aunque posteriormente ha mostrado un tono menos desafiante, tanto él como su entorno han descartado de plano la creación de un gobierno de transición, como reclaman algunos sectores de la oposición.

EL EJÉRCITO PODRÍA SER CLAVE

Pero lo cierto es que Al Bashir no tiene muchas salidas. Las protestas han recordado a muchos las que llevaron en 1964 y 1985 a la caída de sendos regímenes militares, en ambos casos tras unos pocos días de manifestaciones. Sin embargo, como subraya en un artículo publicado en African Arguments la profesora de historia de la Universidad de Newcastle Willow Berridge, las condiciones no son las mismas.

"En 1964 y 1985, el Ejército sudanés intervino para apoyar la transición a una democracia multipartidista", pero el régimen de Al Bashir parece haber "aprendido de los errores de sus predecesores" y por ello creó los Servicios de Inteligencia y Seguridad Nacional (NISS) y otros organismos que usa en lugar del Ejército en Jartum, a lo que se suma el temor de algunos altos oficiales de ser juzgados por crímenes de guerra si el régimen cae, explica la experta, que destaca que esto hace que sea menos probable una intervención militar.

Los expertos del International Crisis Group (ICG) también ven improbable que Al Bashir sea víctima de un golpe de sus propias fuerzas de seguridad. "Este escenario podría surgir si las protestas cobran fuerza, la crisis económica se agudiza y la situación amenaza la supervivencia no solo de Al Bashir sino también de otros altos cargos", sostiene el 'think-tank' en un reciente informe sobre Sudán. No obstante, añade, "un golpe de Estado exitoso parece una perspectiva remota".

En realidad, como defiende el profesor del Africa Center for Strategic Studies (ACSS) y exministro sudanés Luka Kuol, Al Bashir tiene solo tres posibles salidas. La primera sería que "dimitiera voluntariamente y entregara el poder al Ejército con un gobierno tecnócrata que supervisara la transición" hacia la democracia, señala.

El principal obstáculo en este caso es que sobre el presidente sudanés pesa una orden de arresto del Tribunal Penal Internacional (TPI), que le busca por crímenes de guerra y contra la Humanidad en la región de Darfur (oeste), por lo que tendría que encontrar un país en el que exiliarse donde no corriera el riesgo de ser detenido y entregado a La Haya.

La segunda opción, señala Kuol, sería que el mandatario "prometiera no optar a la Presidencia en las elecciones generales de 2020 y permitir la formación de un gobierno de transición inclusivo de unidad nacional que supervise la transición".

Al Bashir también debería "pedir disculpas a los sudaneses por las atrocidades cometidas", precisa el exministro, que cree que para que esta salida fuera aceptada tanto por el presidente como por los manifestantes haría falta "un órgano de confianza que la facilitara", como podrían ser la ONU o la Unión Africana.

AFERRARSE AL CARGO

Por último, también cabe la posibilidad de que "Al Bashir desafíe el levantamiento, declare el estado de emergencia e intente suprimirlo de forma violenta", como parece haber ocurrido por el momento. Esto podría derivar en una respuesta violenta por parte de los manifestantes, que hasta ahora se han esforzado por preservar el carácter pacífico de las protestas, y en último término llevar al país a "un conflicto enconado y fragmentado similar al de Siria y Libia y que tendría como resultado un desplazamiento masivo y un inmenso sufrimiento humano", alerta Kuol.

Puede que Al Bashir sobreviva a esta ola de protestas, sostiene por su parte en sus conclusiones el ICG, pero si lo hace "casi seguro que será a costa de un mayor declive económico, un mayor malestar popular, más protestas e incluso represiones más duras".

"En algún punto, su salida parece inevitable", añade el 'think-tank', que entretanto invita a la comunidad internacional y a Occidente en particular a "hacer todo lo posible para evitar la violencia, trabajar para una transición tranquila y encontrarle una salida".

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