Martes 07/11/2017.

Mundo

Los cubanos esperan al Papa en 2012, y algo más

  • "Que Cuba se abra al mundo" dijo Juan Pablo II cuando visitó la isla en 1998.
  • Muchas cosas han cambiado desde entonces para que todo siga igual.
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Se consideró un encuentro histórico aquel que el Papa polaco y Fidel Castro mantuvieron en enero de 1998. El Pontífice habló alto y claro en el aeropuerto de La Habana en un discurso que dio la vuelta al mundo. Pidió la liberación de los presos políticos, respeto a los derechos humanos, más espacios de libertad política y religiosa para los ciudadanos y terminó condenando el ateísmo de estado que profesa Cuba. El líder comunista le escuchó sin inmutarse, como arrepentido, pero seguramente pensando que las palabras se las lleva el viento, incluso las de un Papa. Algunos presos fueron liberados y se afianzaron las relaciones entre la Iglesia católica y la cubana, que era algo muy demandado por la población. Pero poco más.

La vida en la isla continuó como siempre, con las mismas penurias económicas, con la corrupción soterrada y aceptada que permite vivir a la población por encima de las posibilidades que ofrecen los pocos dólares a los que equivalen los sueldos oficiales y con la misma persecución a los disidentes. Muchos de ellos fueron detenidos en la primavera de 2003 cuando los ecos de la visita papal ya se habían apagado del todo.  Aquella apertura religiosa, sin embargo, abrió una pequeña grieta por la que pudieron colarse, por ejemplo, las Damas de Blanco, que durante años desfilaron por una avenida habanera a la salida de misa exigiendo la liberación de sus allegados presos. Y gracias a la mediación de la Iglesia cubana han salido de la cárcel la mayoría de ellos. Menos es nada.

La visita de Benedicto XVI a Cuba en marzo del año próximo se produce en un entorno parecido en algunos aspectos y, en otros, muy diferente e incluso esperanzador. Por un lado, las detenciones de quienes este 10 de diciembre pretendieron conmemorar el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos sitúan a las autoridades cubanas en la misma dinámica de siempre y han motivado una de las primeras reclamaciones por parte de la Iglesia de cara al viaje papal. El cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha dicho que la liberación de presos políticos cubanos constituiría un “gran gesto”  antes de esa visita. Las organizaciones de derechos humanos calculan que medio centenar de personas permanecen encarceladas por motivos políticos y, continuando la estela de lo sucedido en el 98, es muy posible que el régimen cubano aproveche para quitarse de encima parte de ese lastre, nefasto por otra parte para su imagen internacional.

Pero los cubanos de a pie quieren algo más y los cambios que se han producido en los últimos meses les animan a albergar ciertas esperanzas. La nueva Ley que permite a la población comprar y vender propiedades inmobiliarias supondrá a corto plazo la movilización de sumas de dinero, tanto del interior como procedentes del exterior, que harán posible la creación y desarrollo de los pequeños negocios “cuentapropistas” legalizados recientemente. A ello se une la mayor permisividad por parte de Estados Unidos que facilita enormemente el trasiego entre ambos países de productos de todo tipo que están dando los primeros empujones a esas empresas. Todo ello constituye una especie de suavización del embargo que pesa sobre Cuba desde 1960 y que algunos cubanos exiliados e incluso la disidencia del interior califican desde hace tiempo de obsoleto y poco eficaz. 

Los cambios tecnológicos, por último, pueden resultar determinantes para un posible cambio. La legalización de la compra de ordenadores y teléfonos móviles en la isla permite un mayor flujo de comunicaciones de los cubanos con el exterior y un acceso a la información que no existía en la Cuba de 1998. Su conocimiento de la realidad ya no depende de la limitada y controlada visión que ofrecen los medios periodísticos oficiales y gracias a ello pueden saber, por ejemplo, que recientemente han sido detenidos altos cargos de una empresa gubernamental acusados de corrupción. O conocer la repercusión internacional que la visita del Papa puede tener incluso antes de producirse y las posibilidades de que se convierta en un nuevo revulsivo que, esta vez sí, suponga cambios de envergadura. El único parecido de esta visita papal con la anterior  es que Benedicto XVI y Raúl Castro son casi igual de ancianos que Juan Pablo II y Fidel eran cuando se vieron por primera vez. El encuentro entre aquellos dos “viejos zorros” abrió unas expectativas que no se cumplieron. Las circunstancias, ahora, son muy diferentes.

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