Martes 06/06/2017.

El acceso está prohibido desde 1955

Mundo

La misión de los catapolicías, expulsar a los ocupantes de las catacumbas de París

  • Los 'catáfilos' son exploradores urbanos, graffiteros y apasionados de la historia del mundo subterráneo de la Ciudad de la Luz que organizan fiestas y ritos en las catacumbas.
  • La figura de los 'catapolicías' se ha creado para mantener el orden y controlar la microsociedad que se ha creado en las profundidades de la ciudad.
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Están prohibidas al público desde 1955 debido a los riesgos que supone recorrerlas, no obstante, las catacumbas de París, cuyos estrechos túneles y cuevas llenas de ratas figuran en cientos de películas y novelas, son un gran atractivo para exploradores urbanos, graffiteros y apasionados de la historia a los que se ha denominado 'catáfilos' o amantes de las catacumbas, y que reivindican el extraño placer de recorrer y apropiarse de esos estrechos pasajes húmedos y galerías oscuras, que datan del medievo y abarcan unos 280 km, y donde en la actualidad organizan grandes festejos.

Para vigilar que el orden y la ley se cumplen no sólo en la superficie de la Ciudad Luz sino también bajo tierra se ha implantado la figura de los 'catapolicías' cuya misión es controlar a esa microsociedad subterránea que explora y organiza fiestas y ritos en las catacumbas.

En 1999 se creó la Compañía especializada de intervención de la policía de París. La tarea de sus agentes, conocidos como los 'cataflics', del término catacumba y 'flic', policía en argot francés, es no dejar que los 'catáfilos' penetren en sus túneles y celebren allí bulliciosas veladas nocturnas.

Hace pocos días, a unos metros de la cárcel de la Santé, en el sur de París, un equipo de esos agentes, vestidos con ropa vieja, casco, lámpara frontal y botas de lluvia, se internó entre pasadizos inundados, túneles y cuevas, acompañados por un camarógrafo de la AFP.

Como todas las semanas, el equipo de policías se sumerge en un hueco oculto bajo una placa de metal encadenada, donde alguien ha escrito "policías de mierda".

A 20 metros bajo tierra, la oscuridad es total y reina el silencio, perturbado sólo por las lejanas vibraciones del metro. Y el objetivo del equipo es siempre el mismo: detectar y expulsar a los ocupantes ilegales de este mundo subterráneo.

Las catacumbas nacieron de unas minas de piedra y caliza que fueron explotadas desde la época galo-romana hasta 1813. Fueron estas minas las que permitieron la construcción de París. Estaban al aire libre, antes de que la industrialización galopante hizo que sus galerías subterráneas quedaran recubiertas con calles y viviendas.

En el siglo XVIII estas canteras fueron transformadas en el depósito de millones de restos humanos. Durante la ocupación nazi de París, las catacumbas fueron utilizadas por la Resistencia francesa.

Toda esta historia estimula la curiosidad de millares de franceses y visitantes. Pero desde mediados de los años 50, el acceso a las catacumbas está prohibido, excepto al museo donde están depositados los huesos de unos 6 millones de parisinos.

Es entre estos túneles y galerías infestadas de ratas donde se desarrolla 'el juego del ratón y el gato' entre 'catapolicías' y 'catáfilos'. "Ellos aceptan jugarlo, y a veces pierden", dice, sonriendo, una de los agentes, Audrey.

Hay quienes se han perdido durante días

Bruno, un hombre de 33 años que visita las catacumbas desde los 18 años, se reconoce como 'catáfilo'. Describe a esa fauna extraña como "una microsociedad compuesta por varios cientos de personas, en su mayoría estudiantes pero también profesionales e ingenieros".

El hombre, un enamorado de la historia, cuenta que ha pasado muchas noches allí, con sus amigos, conversando y disfrutando, hasta la madrugada. En esta microsociedad hay grafiteros que dejan su obra en las paredes de las galerías y apasionados del patrimonio de Francia. Y también se encuentran algunos 'catalimpios', que se atribuyen como tarea limpiar los desechos, botellas, bolsas de comida, dejados por los que organizan aquí veladas y ritos nocturnos. Algunos son simples curiosos y otros acampan durante varios días o vienen en plan romántico.

Hace seis años, los 'catapolicías' irrumpieron en una fiesta clandestina que congregaba a unas 300 personas.

Esa mañana en que se sumergieron en las catacumbas con la AFP, los agentes hallaron tres visitantes clandestinos. "Cállense, hay alguien", dijo un de ellos, antes de toparse con tres personas. "Sólo estamos explorando", dijo Laurel, una canadiense de 24 años. La pequeña incursión le costó a ella y a sus dos amigos 60 euros de multa.

Explorar las catacumbas supone otros riesgos, incluso perderse en sus laberintos. Hace dos años, tres jóvenes erraron durante 48 horas, antes de que la policía los encontrara y rescatara, uno de ellos en muy mal estado.

El fenómeno de explorar el mundo subterráneo de París ha aumentado con internet. En blogs y redes sociales, los amantes de las catacumbas cuentan, bajo cobertura de anonimato, sus aventuras, sus descubrimientos, alimentando el misterio que provoca este inframundo que existe bajo la Ciudad Luz.

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